Sobre las excusas y la autoindulgencia

Estas muy cansado, has tenido un día horroroso, el tiempo no acompaña, te mereces un descanso, por un día no pasa nada… y mil excusas más de este estilo para no hacer lo que sabes que debes hacer y que te va bien, aunque te cueste un esfuerzo.

Te compadeces de ti mismo, te das pena para ablandarte y justificar tu pereza y tu falta de disciplina y de motivación.

Darte pena funciona igual que dar pena a los demás: recibes atención, consuelo, compensaciones diversas, se te permite hacer o no hacer cosas que en circunstancias normales deberías cumplir…

La autoindulgencia te genera un circulo vicioso del que a veces no es fácil salir.

Un ejemplo típico y sencillo que te pasa a menudo: has tenido un día duro en el trabajo y estás cansado física y emocionalmente. Te comprometiste contigo mismo a salir todos los días a dar un paseo. A pesar de que sabes que te hará bien, te compadeces de ti mismo por lo cansado que estás y te tumbas un rato en lugar de dar el paseo. Te dices a ti mismo que te mereces el descanso, que un día sin salir no pasa nada, y vas a la cocina a premiarte con un poco de chocolate. Como no hiciste lo que sabías que debías hacer, te empiezas a sentir algo culpable y eso te desmolariza un poco más, lo que hace que te des un poco más de pena. Además, como no diste el paseo, tu cabeza no se limpió adecuadamente de sus pensamientos tóxicos y sigues viéndolo todo con pesimismo, lo que confirma claramente que tenías razones para darte pena y vuelves a por un poco más de chocolate.

¿Cómo salgo de esta espiral de autocompasión?

No caigas en el derrotismo del “no soy capaz de hacer lo que debo”. Sí que eres capaz. Ayer no lo fuiste, pero hoy sí puedes serlo. Cada ocasión es una nueva oportunidad de hacer lo correcto.

Se un poco más firme contigo mismo. Cuando empiece el dialogo de las excusas en tu interior, mantente firme y dite a ti mismo: “eso son solo excusas, estás tratando de ablandarte emocionalmente pero sabes muy bien lo que te conviene así que hazlo y déjate de ir por ahí dándote pena”

Busca una tercera persona que te ayude. Cuéntale tus compromisos contigo mismo y pídele que te los recuerde cuando flaquees.

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