14 ideas para ser mejor «jefe»

Una compañera me pide consejo para una nueva etapa profesional como «mando intermedio», así que me ha parecido interesante compartir con ella, y con quien le pueda venir bien, algunas ideas que desde mi experiencia veo que son fundamentales:

1.- Antes que buen jefe: procura ser mejor persona
No hay liderazgo sano sin calidad humana. Trabaja tu carácter como parte del trabajo: empatía, amabilidad, asertividad, coherencia, justicia… Tu ejemplo “educa” a la organización: lo que toleras y lo que premias se contagia.

2.- Piensa bien y acertarás
Confía en las demás personas, en que nada de lo que hacen y dicen es para dañarte, y de ese modo nunca saldrás herido. Ante la duda, no juzgues de inmediato, seguro que te estás perdiendo algo así que indaga y pregunta desde la sinceridad y el cariño.

3.- El cargo te dará poder, pero la autoridad solo te la concede el equipo
El cargo te da atribuciones; la autoridad real te la da la gente cuando ve que contigo hay claridad, cuidado y resultados. Mide tu liderazgo por efectos: clima, coordinación, aprendizaje y servicio mejorado.

4.- Escucha el doble de lo que hablas
Escuchar no es asentir: es entender (y hacer que la otra persona se sienta entendida y atendida, lo que no significa que tengas que compartir lo que dice). Practica preguntas abiertas, reformulación, silencios útiles y verificación (“si te he entendido…”). Y decide mejor: la escucha reduce errores y conflictos “fabricados”.

5.- Transparencia radical: dentro y fuera
La información es poder, y un buen jefe comparte el poder, así que comparte la información todo lo posible, y si no puedes por algún motivo, explícalo. Evita la opacidad (que genera rumor y defensas). Explica el “por qué” de las decisiones, los criterios, y lo que sí/no está en tu mano.

6.- Participación real, no decorativa
Si pides ideas y participación pero las decisiones ya están tomadas, solo generas cinismo. Diseña participación donde sea posible (y cuando no sea posible, explícalo): información compartida, espacios deliberativos, y reglas claras de decisión (quién decide qué, con qué criterios, y cuándo).

7.- Haz que hablen también quienes no suelen hablar
La “inteligencia colectiva” no aparece sola: se facilita. Cuida turnos, ritmos, síntesis y acuerdos. Protege a las voces minoritarias y evita que el volumen o el rango sustituyan a la calidad del argumento.

8.- Reuniones que produzcan valor
Reunión sin propósito = desgaste. Las reuniones son una fantástica herramienta, pero hay que usarla bien: objetivo explícito, agenda mínima, tiempos, decisiones/acuerdos con responsables y fechas, y seguimiento. Haz menos reuniones, pero mejores reuniones.

9.- Confianza por defecto y control solo el imprescindible
Delegar no es desentenderse: es dar contexto, objetivos y margen, y pedir rendición de cuentas razonable. El microcontrol mata la iniciativa pero la ausencia de marco genera caos e incertidumbre. Busca el punto de equilibrio.

10.- Mide y haz seguimiento para mejorar, no para vigilar
Elabora con tu equipo indicadores simples, visibles y revisados con el propio equipo: sirven para aprender, priorizar y corregir. Si se convierten en “arma”, la gente lógicamente optimiza el indicador, no el servicio.

11.- Decidir con pruebas éticas (y explicitar el criterio)
Antes de decidir, somete la opción a preguntas de reversibilidad (“¿me parecería justo si yo estuviera al otro lado?”), transparencia (“¿podría explicarlo sin rubor?”), impacto (“¿a quién beneficia/perjudica?”) y consistencia (“¿qué precedente crea?”). Y luego explica el criterio: eso baja la conflictividad.

12.- Mejora continua: cuestiona el “siempre se ha hecho así”… con inteligencia
Sí: revisa procesos, simplifica, innova y elimina inercias. Pero antes de cambiar, entiende por qué algo es como es. Recuerda la Valla de Chesterton: si no sabes para qué sirve la valla, quitarla puede provocar un problema mayor que el que querías resolver. Investiga primero (historia, riesgos, restricciones legales/técnicas, lecciones aprendidas), cambia después.

13.- Reparte bien lo que importa: reconocimiento, oportunidades y equidad
Seguramente no te competa repartir beneficios, pero seguramente sí otras cuestiones muy relevantes: crédito, visibilidad, proyectos interesantes, aprendizaje, flexibilidad y trato justo. Si el reparto es arbitrario o siempre para los mismos, el equipo se rompe en silencio.

14.- Coherencia y calma: presencia, límites y responsabilidad
La amabilidad sin límites se vuelve debilidad; la firmeza sin cuidado se vuelve dureza. La asertividad bien entendida es esto: claridad, respeto y consecuencias consistentes. Y, cuando te equivoques, corrige rápido: pedir perdón y ajustar es una forma alta de autoridad.

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