Descanso estival

Playa de Azkorri

Desde que retomé el blog he posteado lunes y jueves como me comprometí conmigo mismo, y me ha resultado muy gratificante y me ha ayudado mucho en mi autoconocimiento y en la profundización en el estoicismo.

Durante el verano cambian las rutinas, los horarios, hay semanas de vacaciones y todo ello hace difícil mantener el compromiso adquirido así que voy a poner el blog en modo descanso hasta septiembre.

Entre tanto aprovecharé estos meses para ir generando nueva reflexión y más contenido para el próximo curso.

Nos leemos en septiembre!

Sabiduría, coraje, justicia y templanza!

Dime en lo que te fijas… y te diré quién eres

“La Salvaje”

“Te conviertes en lo que le das tu atención” – EPICTETO

Esta potente idea tiene muchas vertientes interesantes.

  • ¿Quiénes son tus modelos en la vida? ¿En que personas te fijas, a quienes prestas atención? Según en quienes pongas tu atención acabarás siendo y comportándote de una manera o de otra completamente diferentes.
  • ¿Cómo empleas tu tiempo? Ya hemos hablado de esto en otra ocasión, y al final resulta que a lo que te dedicas acaba por moldearte a tí también.
  • ¿En qué te fijas de todo lo que sucede a tu alrededor? Nuestra capacidad de ver lo que sucede es muy limitada por lo que nuestro cerebro se acostumbra a mostrarnos aquello que nos interesa y desecha lo que no nos gusta. Así que lo que veo no es lo que hay, sino la parte de lo que hay que quiero ver.

Para verlo de otro modo, esta preciosa historia que me ha traído Eddie y que viene al pelo de esta reflexión:

Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla
que ocurre en el interior de las personas.

Él dijo, “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos dentro de todos nosotros”.

“Uno es Malvado – Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.”

“El otro es Bueno – Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La misma batalla ocurre dentro de ti, y dentro de cada persona también.”

El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo:

“¿Qué lobo gana?”

A lo que el viejo Cherokee respondió: “Aquél al que tú alimentes.”

Hoy tampoco salvarás a la humanidad

Estoy volviendo a ver la serie “The Expanse” en la que la tripulación de la nave espacial Rocinante recorren el vasto espacio haciendo honor a su nombre, digamos que de quijotada en quijotada. Más o menos una vez a la semana hacen un acto heroico que salva a la humanidad de perecer miserablemente.

Si eso no es tener un estupendo propósito en la vida, que venga el mismísimo Sancho Panza y lo vea.

Pero la vida no suele ser así. La vida suele ser mucho más “aburrida” y aparentemente sin un sentido muy claro. Descubrir el propósito vital personal no es fácil en absoluto.

Yo aún estoy tratando de vislumbrarlo. He creído tener muchos propósitos a lo largo de mi vida, casi todos relacionados con “hacer del mundo un lugar mejor” por diferentes medios. Buscando un poco como la tripulación de “la Roci”, salvar al mundo mediante mi heroísmo.

Hace un tiempo que intuyo que mi ese no es un buen propósito. Que tengo que mirar más hacia dentro de mí mismo en lugar de hacia afuera para encontrar dicho propósito. Estoy en ello, ahora ya no tengo prisa, se qué tengo que trabajarme, profundizar, descubrir lugares de mi interior que ni sabía que existían… y después, quizá, sea capaz realmente de dar un sentido, un propósito real y profundo a todo lo que hago.


PD: Gracias Iñaki por el video!

No doy abasto, me ahogo

Personalmente, una de las cosas que más ansiedad y estrés me genera es cuando empiezo a pensar que se me acumulan las tareas y que no doy abasto para “sacar todo lo que entra”.

Es como si estuviera dentro de un pozo al que va entrando agua y yo la tengo que ir sacando con un cubo, pero si no saco al menos tanto como lo que entra, el nivel va subiendo y me puedo ahogar.

Cuando estoy así, la sensación que tengo es literalmente de ahogo.

Esta sensación tengo que admitir que es una de las que más me cuesta manejar y mucho más a menudo de lo que me gustaría, es ella la que acaba dominándome a mí.

Algunas de las cosas que a veces me ayudan a controlar esta ansiedad son las siguientes:

  • Acordarme de todas las veces anteriores que me he sentido del mismo modo y finalmente no he llegado a “ahogarme”, es decir, ser consciente de que ya he pasado antes por situaciones parecidas y al final nunca ha pasado nada.
  • Centrarme en la tarea y dejar de pensar en todo lo que está por hacer.
  • Ser transparente si algo no voy a poder hacer y comunicarlo. La gente en general es muy comprensiva (porque a todo el mundo le ha pasado lo mismo alguna vez)
  • Utilizar la técnica del “pomodoro“, trabajar muy concentrado en tandas de 25 minutos (sin movil, sin internet, sin notificaciones, solo a la tarea) y descansos de 5 o 10 minutos. Esta manera mejora mucho la productividad y permite sacar mucha más tarea de lo habitual, lo que hace que también mejore la percepción de lo que queda por hacer.
  • Personalmente me va bien en vez de quedarme una hora más a la noche, levantarme una hora antes al día siguiente. Después de muchas horas de trabajo mi rendimiento ya baja mucho y no compensa el esfuerzo con el resultado, y además la sensación de ansiedad crece mucho por la noche.
  • Tomar un descanso y escribir en el blog (como estoy haciendo ahora) Y si no tienes blog, que será lo más normal, parar y reflexionar un poco sobre como te estás sintiendo.
  • Tomar distancia, recordar que la vida es como un videojuego, tomar perspectiva.
  • Utilizar alguna de las técnicas habituales contra el estrés.

Como decía al principio, no siempre me funcionan, aquí tengo un amplio rango de mejora posible, pero estoy en ello.

¿Alguna que a ti te funcione y que quieras compartir?

Hoy no me puedo levantar…

¿No te pasa que a veces hay días en los que realmente te cuesta hacer las cosas que “debes” hacer?. Es como si te faltara la energía, como si tuvieras ganas de dejarlo todo para mañana porque hoy todo se te hace muy cuesta arriba.

En estas ocasiones yo suelo intentar hacer dos cosas: por un lado intento, si puedo, dejar alguna de las obligaciones que tenga y planificarla para otro momento. Eso me da margen para poder tomar un poco de aire, incluso dar un paseo (como el del video) o hacer algo que realmente me apetezca y así cambiar mi estado de ánimo y continuar con aquellas otras cosas que sí o sí tengo que hacer.

Por otro lado, intento parar un momento y pensar que eso que tengo que hacer pero que no me apetece, en realidad es una oportunidad para practicar la máxima estoica de

No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas. – Epicteto

Es decir, intento pensar que lo que tengo que hacer y no me apetece es como afrontar un día de lluvia. Preferiría un día soleado, los días de lluvia me entristecen y no me permiten hacer muchas de las cosas que me gustan. Pero racionalmente es absurdo que mi estado de ánimo dependa del día que haga, porque es algo que está fuera de mi control. Lo que sí está bajo mi control es cómo me siento yo ante el día que ha salido.

Pues intento pensar lo mismo con esas tareas o trabajos que tengo que hacer por obligación pero que o no me gustan tanto o en ese momento me resultan muy pesados. Intento pensar que son como un día de lluvia, en este momento no hay nada que pueda hacer para que el día cambie así que mejor me adapto y aprovecho para disfrutar del día de lluvia que voy a tener.

Intento visualizar un día de lluvia en el que hice algo que me gustó, o tengo un buen recuerdo, o estaba en buena compañía. Es decir, trato de visualizar un buen día de lluvia y luego pienso “bueno, se avecina un día lluvioso como aquel, así que vamos a disfrutar todo lo posible”.

Y con esto no hablo de llevar una vida de resignación haciendo cosas que no quiero hacer. Cuando esto me pasa a menudo con alguna de mis “obligaciones”, entonces trato de replantearme si realmente es algo que debo hacer y cómo puedo cambiarlo a medio plazo o qué tengo que hacer para que no se me siga haciendo tan pesado. Pero muchas veces se trata simplemente de algo puntual y que no requiere un replanteamiento profundo de la vida, ni pensar cosas como “¿si este fuera el último día de mi vida querría hacer esto que tengo que hacer?” Pues claro que no querría, pero es imposible y poco racional hacer solamente y cada día las cosas que haría si supiese que es el último día de mi vida.

El próximo día que se te haga cuesta arriba hacer las cosas que tienes que hacer, prueba a traer a tu memoria un recuerdo bonito de un día de lluvia y piensa que hoy ha salido lluvioso, pero que no por ello tiene que ser necesariamente un mal día. Y si esto te pasa muy a menudo con algún trabajo u obligación que tengas, replantéatela, busca una solución porque ya no es algo puntual y esporádico.


PD: Otra de mis conversaciones conmigo mismo. La escribo para acordarme de ella el próximo día que la necesite.

PD2: Si te apetece, comparte en los comentarios lo que tú haces cuando te ves sin fuerzas para afrontar el día. Seguro que será inspirador.

Secuelas voluntarias tras la pandemia de la covid

“Vacunometro” en el BEC

Cada vez falta menos para que se terminen los efectos más dolorosos de la pandemia de la covid que estamos viviendo, y va siendo hora poco a poco de ir hacia la “normalidad”.

Como colectivo, como sociedad, veremos a qué normalidad se vuelve o se va, pero también hay una parte individual, personal de cada cual, que merece la pena reflexionar, no sea que simplemente la corriente nos lleve por donde sea y no por donde queramos.

Personalmente hay algunas cuestiones que la pandemia me ha ayudado a resituar y sobre las que no quisiera “volver” atrás, sino incorporarlas a mi normalidad futura:

En lo profesional, voy a intentar no volver a lo que ahora me parece una “locura” de dedicación y de viajes. Además de 25.000 km al año de coche, casi todas las semanas un par de viajes en avión y media de dos o tres días a la semana fuera de casa, jornadas habituales de 10-12 horas de trabajo… Lo hacía gustosamente, nadie me obligó en absoluto, pero ahora me parece como irreal volver a algo así. Incluso tener que desplazarme sí o sí a trabajar a un sitio concreto se me hace ahora un tanto absurdo teniendo en cuenta todo lo que puedo hacer de manera mucho más eficiente desde mi propia casa. Una reducción drástica de los viajes, una moderación de la presencialidad diaria y una racionalización del tiempo dedicado al trabajo creo que es algo que me gustaría sostener en el tiempo.

En lo personal en este tiempo he ganado mucho en cuanto a conocimiento de mi mismo, a base de dedicarme más tiempo, de reflexionar, de volver a escribir, de mantener unas rutinas diarias saludables para mi cuerpo y para mi mente. Todo ello me está resultando muy beneficioso y no quiero perderlo.

También durante este tiempo mi estilo de vida ha sido especialmente frugal (no es que antes fuera nada del otro mundo, pero desde luego no tanto como ahora) en el consumo de ocio, vacaciones, bares, restaurantes, ropa, etc, etc. Creo que mi “necesidad” de muchas de estas cosas ha cambiado y me gustaría mantener en parte esta moderación voluntaria del consumo de muchas de ellas.

Por contra, lo que más echo de menos, lo que estoy deseando de volver a hacer de manera habitual es retomar el contacto social con las personas a las que quiero (familia y amigos especialmente) y que en este tiempo he mantenido bajo mínimos para preservar las medidas de seguridad.

Aún queda tiempo para que esto acabe, pero por aquí está yendo mi reflexión.

¿Y la tuya? ¿Te animas a compartirla en los comentarios? Seguro que puede ser muy inspiradora para otras personas también.

No confundas lo que pasa con lo que eres. La vida es en realidad un videojuego.

Pinar de La Galea

Tranquilidad que no voy a escribir de las teorías que hablan de que es plausible pensar que nuestra vida sea en realidad una simulación. Son teorías sugerentes pero me resultan poco útiles en la práctica.

Lo que sí es práctico y útil para nuestra vida es poder tomar distancia de lo que sucede a nuestro alrededor y poder diferenciarlo de lo que somos. Y ahí es donde actuar como si la vida fuera una simulación, un videojuego, nos puede ayudar de manera práctica.

Ojo, no pretendo que lo que voy a exponer sea real, simplemente creo que es una herramienta interesante que me puede ayudar a afrontar la vida con sabiduría, justicia, coraje y templanza (es decir, al estilo estoico)

Imagino la vida como un videojuego de estos tipo “sandbox“, un gigantesco Minecraft (a veces se parece más a un enorme GTA, jejej)

Yo soy el jugador. Y cuando digo yo me refiero a “mi ser”, que con respecto al juego es inmaterial y atemporal. Yo juego la partida, pero lo que sucede en el juego no afecta a mi ser: si corro mi ser no se cansa, si me hieren mi ser no sufre, si muero mi ser no perece… porque yo (mi ser) estoy fuera de las limitaciones del juego.

Mi mente por el contrario es mi “avatar” en el juego, es el personaje con el que juego. Y mi mente cree que el juego es real, que lo que le sucede es real. Mi mente juega la partida constantemente y, si mi ser no toma las riendas, juega en modo automático, por su cuenta.

En consecuencia, todo lo que pasa en el juego, le pasa a “mi mente” no a “mi ser”, y por lo tanto no me pasa a mí, sino al personaje con el que juego la partida.

Y aquí viene para mí lo interesante, porque los filósofos estoicos no sabían nada de videojuegos, pero en el fondo nos enseñan a vivir de este modo, considerando que lo que sucede a nuestro alrededor es parte de un videojuego y que no debemos dejar que nos afecte a nosotros, porque no es real, y por lo tanto podemos tomárnoslo como queramos. Ellos hablaban de la idea de “distanciarse” de la realidad o de “mirar desde arriba” para poder obtener una perspectiva más adecuada.

Si sufrimos, nos enfadamos, tenemos miedo, nos alegramos, estamos eufóricos, no es por lo que pasa en el juego, ya que lo que pasa en el juego no puede afectarnos directamente. Es porque nosotros decidimos que nos afecte, pero podríamos decidir otra cosa: si estoy echando una partida y no me sale lo que quería hacer u otro jugador me gana, esto no sucede realmente, pero yo puedo si quiero frustrarme, enfadarme, tirar el mando contra el suelo, gritar y chillar… pero en realidad podría también simplemente seguir jugando, o echarme a reir, o lo que quisiera, porque todo lo que está fuera de mí es parte del videojuego, y nada de lo que que pasa en el videojuego me puede afectar realmente, si yo no quiero.

A veces cuando estoy especialmente estresado o enfadado o frustrado, me ayuda mucho utilizar esta imagen: me veo jugando un hiperrealista GTA en el que a mi personaje le ha sucedido lo que me está estresando, enfadando o frustrando, y yo lo estoy viendo con el mando en la mano y tomando conciencia de que lo que “me” pasa, está en el juego, no en mí, y entonces puedo simplemente tomar los mandos y hacer lo que quiera…

Un tiempo muerto

Cala de Kantarepe

El otro día trabajando con un equipo veíamos la necesidad de que tuvieran una herramienta que les permitiese parar determinadas conversaciones que, por falta de confianza y de empatía, les llevaban a situaciones muy conflictivas.

Trabajamos la idea de pedir y ofrecer un “tiempo muerto” cuando fuese necesario, con unas reglas muy concretas y determinadas.

Lo traigo aquí a colación porque creo que es una propuesta que nos puede servir en nuestro día a día, no solo en lo profesional sino en lo personal, y que adaptándolo a otras situaciones tiene una base y un fondo que nos puede resultar muy útil.

La idea es muy sencilla y tiene dos partes:

  1. Cuando soy la parte que escucha en la conversación:
  • No te tomes nada de lo que se diga como un ataque personal.
  • Si aún así sientes que alguien te ataca, pide un “tiempo muerto”, exponlo serena y abiertamente: en un entorno de equipo por ejemplo, esto puede estar incluso pactado previamente con un gesto o con una palabra. En otras conversaciones podemos hacerlo expresamente, pidiendo parar o posponer la conversación y explicando el motivo
  • Reconoce que cómo te sientes es tu responsabilidad y pide apoyo para poder cambiar la emoción: al pedir parar la conversación es absolutamente clave hacerlo porque me estoy sintiendo mal, atacado, incomodo o lo que sea. No porque me hacen mal, me atacan o me incomodan. Ya hemos aprendido que la reacción a cualquier situación es nuestra responsabilidad y es importante que explicitarselo a nuestro interlocutor.
  • Busca patrones en tus reacciones y trata de conocerte mejor y crecer: además de la situación concreta, conviene buscar el aprendizaje a largo plazo.
  1. Cuando soy la parte que habla en la conversación:
  • Pon cuidado en decir lo que quieres decir para no herir a nadie: aunque la responsabilidad de reaccionar a nuestras palabras está en nuestro interlocutor, eso no significa que podamos decir lo que queramos “caiga quien caiga”, sino que debemos intentar ser asertivos y decir lo que queremos sin dañar
  • Si aún así alguien se siente herido y pide un “tiempo muerto”, no discutas, pide disculpas e intenta sanar la herida: cómo se siente la otra persona es siempre verdad, no podemos discutirle. Si nos dice que se siente incomodo, con eso basta, debemos tratar de cambiar lo que nos pida para mejorar la comunicación
  • Aunque no era tu intención herir, lo has hecho, y has aprendido una manera en la que no debes decirle las cosas a esa persona: de nuevo intentamos aprender no solo para la situación concreta sino que buscamos aprendizajes a largo plazo

Un ejemplo de conversación podría ser algo así:

Otra persona: Dice algo que me está sentando mal

Yo: “Perdóname, quiero pedirte que paremos un momento la conversación porque me estoy sintiendo incomodo/mal/dolido. Se que no es tu intención, es cosa mía, y necesito un momento para recomponerme.”

Otra persona: “Por supuesto, no era mi intención hacerte sentir así. Dime lo que necesitas para continuar la conversación cuando estés bien”

Yo: “Te lo agradezco. Paramos unos minutos y en seguida lo retomamos”

Se que puede sonar un poco “forzado”, pero en realidad no lo es, es muy sencillo y funciona a las mil maravillas.

¡Libertad!

Debido a la pandemia del covid-19 los gobiernos de todo el mundo han tomado duras medidas de restricción de movimientos de la ciudadanía así como otras muchas relacionadas con horarios, actividades sociales, etc.

Esto ha chocado frontalmente con la idea de libertad que el occidente capitalista ha construido y tratado de exportar a todo el mundo desde hace décadas: la libertad de que cada cual haga lo que quiera, cuando quiera y como quiera con las mínimas limitaciones impuestas por el estado o por las convenciones sociales.

Una idea de libertad que se construye sobre la capacidad de acción del individuo. Una libertad que es algo que se despliega externamente y que solo desde fuera se puede limitar porque el individuo es por naturaleza libre y en consecuencia solo pierde su libertad por las limitaciones externas de otros individuos.

En ese contexto, efectivamente la libertad es poder ir a tomarme unas cañas a donde quiera y cuando quiera, y quien me lo impida está limitando gravemente mi libertad.

Es curioso porque nuestros filósofos estoicos de cabecera tienen una idea muy distinta de lo que es la libertad. Y digo curioso porque, por ejemplo, el propio Epicteto fue durante buena parte de su vida un esclavo, y sin embargo esto es lo que nos dice sobre quien es una persona libre.

Ninguna persona es libre si no es dueña de sí misma. – EPICTETO

Resulta que para el ex esclavo Epicteto, la libertad no es hacer lo que quiera, sino que reside en su interior, en el dominio de si mismo. Sorprendente.

Pero no solo eso, es que nos dice una frase tremenda para reflexionar. ¿Será verdad que quien no es dueño de sí mismo no es libre? Si así fuera tendríamos que reformular toda nuestra idea de libertad porque resultaría que personas a las que nada externo les impide ni les limita su libre albedrío no serían libres debido a que no son dueñas de si mismas.

Vale, ¿y en qué se concretaría según el estoicismo esta idea de libertad, qué es lo que realmente nos limita la libertad? Veamos:

¿Preguntas qué es libertad? No temer a los hombres ni a los dioses, no desear algo deshonesto ni excesivo y tener el completo dominio de uno mismo. – SÉNECA

Vigila constantemente tus percepciones, ya que estás protegiendo algo nada despreciable: tu respeto, tu valía, tu templanza, tu serenidad. En una palabra, tu libertad. – EPICTETO

La libertad no se logra satisfaciendo deseos, sino eliminándolos. – EPICTETO

Así que lo que realmente nos aleja de nuestra libertad son nuestros temores, nuestros deseos, nuestras percepciones y nuestras falta de auto dominio.

¿Cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos a alcanzar nuestra auténtica y verdadera libertad?

Pasatiempos

Millones anhelan la inmortalidad y no saben qué hacer con sus vidas una lluviosa tarde de domingo. – SUSAN ERTZ

Últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema del “uso” del tiempo y como centrarme adecuadamente entre mis dos pulsiones extremas que son por un lado intentar hacer productivo cada minuto y por otro lado querer pasar el tiempo sin hacer nada… hace poco un buen amigo me decía que era el vago más currela del mundo, y me sentí muy identificado con esa idea.

Mi debate interno va por estos lares:

  • Me gusta trabajar, me gusta mi trabajo actual. Mi trabajo me hace crecer y desarrollarme como profesional, pero también como persona. Además mi trabajo es de ese tipo del que podrías dedicarle 24/7 y aún así no se acabaría nunca, siempre habría algo más que poder hacer. Esa combinación de trabajo infinito con placer por trabajar me ha llevado a que ha habido épocas en las que era un auténtico workaholic y es un lugar al que no merece la pena llegar.
  • Por otro lado me gusta no hacer nada, no solo no hacer nada “productivo” sino nada de nada, simplemente pasar el rato. Pero luego me siento fatal porque pienso que el tiempo es lo más valioso que tengo y que lo estoy malgastando miserablemente.
  • Y por otro lado tengo sueños, ideas, proyectos a los que podría dedicar también mucho tiempo y no sería exactamente “trabajo”… pero un poco también… y entonces quizá volver a caer en la adicción.

En este post anterior citaba unas cuantas inspiradoras reflexiones que básicamente nos invitan a no desperdiciar el tiempo, a no postergar, a no malgastarlo en cosas que no merezcan la pena.

Por otro lado, también hay algunas ideas interesantes sobre la idea del descanso:

Debemos relajar la mente de vez en cuando. Volverá fortalecida a su trabajo tras el descanso. – SÉNECA

No debemos mantener la mente en constante tensión, sino darle espacios de distensión. El placer en moderación relaja la mente y le da equilibrio. – SÉNECA

Te digo: haz lo que la naturaleza demanda de ti. Y respondes: el descanso también es necesario. Y es cierto, la naturaleza demanda cierto descanso, así como cierta comida y bebida. Sin embargo tiendes a ir con todo esto más allá de lo necesario, y a quedarte corto a la hora de hacer lo que debes. – MARCO AURELIO

La verdad que aún no soy capaz de encontrar un equilibrio adecuado (escribo a ver si eso me ayuda a lograrlo) pero sí voy teniendo algunas pistas que pienso ir explorando:

  • Hay actividades para “pasar el tiempo” que ya no es que no sean productivas, es que no me aportan nada en ningún sentido y además cuando las hago me siento mal conmigo mismo: vagar por las redes sociales, jugar a juegos en el móvil, estar delante de la tele pero sin ver nada en concreto, y cosas así. Este tipo de cosas sí son claramente malgastar el tiempo y estoy tendiendo a abandonarlas completamente.
  • El trabajo no puede ser mi única afición, por mucho que me guste.
  • Aprovechar el tiempo no tiene que ver solo con hacer cosas. Pasar tiempo a solas conmigo mismo es importante también. No sea que acabe siendo un desconocido para mí mismo.
  • Los días buenos, esos en los que siento que he aprovechado el tiempo pero no que estoy agotado, son días en los que efectivamente he podido hacer muchas cosas distintas como trabajar, pasear, cocinar, charlar, hacer tareas de casa, pensar, leer, escribir, pero ninguna de ellas de manera “compulsiva”. Parece que una clave de nuevo es la moderación, especialmente en aquellas cosas que me gustan y que son aparentemente positivas.