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Pablo Aretxabala (www.linkedin.com/in/pabloaretxabala)

¿Plan de negocio? No duele, no muerde y hasta te puede salvar el mes.

Arrancar un negocio por cuenta propia —ya sea por ejemplo un centro de uñas en un barrio con movimiento o una actividad como la fontanería en un entorno más disperso— suele ser una mezcla de ilusión, incertidumbre y, seamos sinceros, un poco de vértigo. Muchas veces, el foco está puesto en conseguir clientela, darse de alta como autónomo o encontrar un local asequible. Y todo eso, como contábamos hace poco en otro artículo, es fundamental, sí. Pero hay una herramienta, sencilla y muchas veces infravalorada, que puede marcar la diferencia entre un comienzo desordenado y uno con rumbo claro: el plan de negocio.

No hace falta imaginar un documento de 80 páginas con gráficos sofisticados y lenguaje corporativo. Un plan de negocio útil para una persona autónoma puede caber perfectamente en cinco o seis hojas bien pensadas. Lo importante es que recoja lo esencial: qué servicio se va a ofrecer, a quién, cómo se va a cobrar por ello, cuánto costará ponerlo en marcha, qué gastos fijos habrá y cuántos ingresos se necesitarán para que sea sostenible. Algo tan básico como eso puede evitar sorpresas desagradables más adelante.

Por ejemplo, alguien que quiere abrir un centro de uñas deberá preguntarse: ¿qué otras opciones hay en la zona?, ¿cómo se diferenciará el servicio?, ¿cuál es el precio medio que se cobra?, ¿qué materiales son necesarios y cuánto cuestan?, ¿cuánto se paga por un local?, ¿se podrá asumir esa inversión los primeros meses sin agobios? En el caso de una persona que ofrezca servicios de fontanería, las preguntas cambian un poco: ¿qué herramientas se necesitan?, ¿cómo se va a captar a las primeras personas clientas?, ¿cuánto tiempo se tarda en conseguir una cartera estable?, ¿hay algún nicho sin cubrir (por ejemplo, servicios urgentes en festivos)?

Este tipo de información se puede obtener observando el entorno, preguntando a otras personas emprendedoras, investigando en internet o, mejor aún, con la ayuda de una asesoría que sepa hacer las preguntas adecuadas. Porque el objetivo no es “acertar” con cada cifra desde el principio, sino entender las dimensiones del negocio y poder tomar decisiones con algo más que la intuición.

Además, un plan de negocio puede ser mucho más que un ejercicio de planificación interna. En algunos casos, es un requisito indispensable para trámites como solicitar un permiso de residencia por cuenta propia o acceder a subvenciones públicas para iniciar la actividad. Las instituciones valoran que haya una mínima estructura detrás del proyecto, y este tipo de documento demuestra seriedad y preparación. Pero incluso cuando no es obligatorio, es altamente recomendable. Una persona que ha reflexionado y puesto por escrito cómo funcionará su negocio empieza con ventaja, sin duda.

Contar con apoyo profesional para hacer este plan no es tan caro como a menudo se imagina. En una asesoría como la nuestra, acostumbrada a trabajar con personas autónomas y pequeños negocios, sabemos cómo guiar ese proceso sin convertirlo en una odisea ni en un gasto desmedido. Lo importante es que quien emprende no lo haga a ciegas, sino con una linterna que, aunque no ilumine todo el camino, sí permita ver dónde se pisa al menos los primeros metros.

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Ten en cuenta estos puntos para evitar pagar más de lo que debes en la declaración de la renta.

Estamos en plena campaña de la declaración de la renta y hace unos días os comentábamos algunas deducciones que quizá no conocíais, y que pueden ser relevantes para tener en cuenta.

Veamos algunas cuestiones más, porque aunque el impuesto del IRPF no deja mucho margen, sí que hay algunos aspectos que conviene tener presentes, e incluso planificar de un año para otro.

Si tienes dos hijos o hijas, y uno de ellos tiene una discapacidad, podrás declarar como familia numerosa, con la consiguiente bonificación. También puedes incorporar a tu declaración a un ascendiente con el que convivas y si tiene una discapacidad, tendrás una bonificación adicional.

Si tienes una actividad económica, es decir eres un autónomo o autónoma, suele ser habitual declarar por el sistema simplificado en el que hacienda, además de los gastos que declares, te va a añadir un % de gastos que no tendrás que justificar. Pero si tienes inversiones importantes en activos de cualquier tipo (herramienta, maquinaria, etc) te conviene echar cuentas porque por el sistema de estimación directa Hacienda te permitirá deducirte las amortizaciones de ese activo. Te interesará calcular si esas amortizaciones son superiores al % de gastos que Hacienda te «regala» por el sistema simplificado. Además esto lo tienes que planificar ya que debes comunicar a hacienda entre enero y abril de cada ejercicio de qué manera vas a tributar en el siguiente.

En el caso de las personas autónomas es importante también acordarse de que se hayan incorporado en los gastos los pagos de las cuotas de la seguridad social, y también de que el primer año se dispone de una bonificación adicional que hay que solicitar.

Por último estarían las aportaciones a las EPSV, que permiten conseguir una reducción de la base y en consecuencia del pago final. Son una herramienta interesante pero que conviene planificar bien ya que cuando se produzca el rescate de las aportaciones habrá que tributar por él y según en qué modalidad se haga dicho rescate, el impacto fiscal puede ser muy relevante.

En definitiva, aunque aparentemente basta con aceptar el borrador que Hacienda nos envía a casa, antes de hacerlo conviene consultar para asegurarse de que está todo bien incluido y evitar así pagar más impuestos de los que realmente nos corresponden.

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Creando una pequeña huerta ecológica urbana desde cero.

El año pasado decidí dar un pequeño pero significativo paso hacia un estilo de vida más sostenible y consciente: montar una pequeña huerta ecológica urbana. Mi experiencia previa en jardinería era prácticamente nula, pero las ganas y la motivación sobraban. Todo comenzó con una conversación informal durante una agradable tarde de sobremesa en Itxas Argia. Entre risas y bromas, surgió la idea de crear una huerta casera en el jardín de mis queridos amigos Estela e Iñaki. Sin su generosidad, esta aventura nunca habría podido comenzar, así que aprovecho para expresarles nuevamente mi profunda gratitud.

Enseguida me puse manos a la obra, consciente de que el primer paso era adquirir los conocimientos necesarios para hacer realidad este proyecto. Me hice con dos libros fundamentales que se convirtieron en mis guías esenciales durante esta aventura: «Vente al huerto», de La Huertina de Toni, y «Manual Práctico del Huerto Ecológico», de Mariano Bueno. Estos libros ofrecen consejos prácticos, explicaciones claras y recomendaciones útiles para personas sin experiencia previa, como yo. Además, tuve la suerte de contar con valiosos consejos familiares y la colaboración constante de mi familia y mi cuadrilla.

Una de las primeras tareas fue elegir el lugar idóneo en el jardín. Con Estela identificamos dos zonas óptimas, que posteriormente se transformarían en dos bancales grandes de aproximadamente tres metros por dos metros cada uno. La tarea de comprar los materiales, como maderas y herramientas, resultó más complicada de lo previsto inicialmente, especialmente cuando las tablas no cupieron en mi coche. Gracias a María, que me prestó el suyo, y a Luis, que vino a echarme una mano, pudimos resolver ese primer obstáculo.

El montaje de los bancales fue una aventura en sí misma. Una herramienta básica como el taladro se quemó justo cuando íbamos por la mitad del trabajo, obligándonos a posponer la tarea y buscar alternativas. Esta experiencia me enseñó que en jardinería, como en la vida, la paciencia y la adaptabilidad son fundamentales. Finalmente, con perseverancia, logramos montar ambos bancales y los llenamos con compost y tierra. Aquí nuevamente Luis fue clave, aportando no solo su ayuda física y su entusiasmo contagioso, sino también un centenar de sacos de tierra y compost.

Después de preparar el terreno y aplicar estiércol de caballo, llegó el emocionante momento de plantar. Optamos por una variedad considerable de cultivos: calabacines, tomates, lechugas, fresas, brócolis, cebollas y pimientos. Al principio, admito que cometimos algunos errores, como hacer los bancales demasiado anchos, dificultando el acceso a las plantas del centro. No obstante, estos errores resultaron valiosos aprendizajes que aplicaríamos en futuras temporadas.

Durante los primeros meses, observábamos con fascinación cómo nuestras plantas iban creciendo. El cuidado diario implicaba tareas como regar, podar, abonar y vigilar atentamente cualquier señal de plagas o enfermedades. Un desafío importante llegó con los mirlos, que rápidamente encontraron en nuestro huerto un buffet irresistible. Intentamos disuadirlos inicialmente colgando CDs brillantes, pero finalmente tuvimos que instalar una malla protectora. Otro reto inesperado fue la aparición de la polilla Tuta Absoluta, que atacó nuestros tomates. Tras investigar, colocamos una trampa de feromonas, que afortunadamente resultó efectiva para controlar esta plaga, aunque nos dañó casi el 80% de la cosecha.

Ver crecer nuestra propia comida fue verdaderamente emocionante, y cada cosecha representaba un logro personal y colectivo. La abundancia de la producción nos sorprendió gratamente: recogimos casi 600 pimientos riquísimos, más de 60 tomates, alrededor de 40 calabacines y muchas decenas de lechugas, entre otros productos frescos y deliciosos. Compartir estos alimentos con amigos y familiares no solo generó alegría, sino también fortaleció nuestras relaciones personales.

Tener una huerta urbana me ha traído numerosos beneficios personales más allá de la alimentación saludable. Fue una terapia natural contra el estrés, brindando momentos diarios de calma y reflexión al aire libre. Además, contribuyó a incrementar mi actividad física regular y a mejorar notablemente mi estado de ánimo general. La huerta se convirtió también en un lugar perfecto para aprender sobre sostenibilidad, responsabilidad y la importancia del cuidado ambiental, ganando en conciencia ecológica y respeto por la naturaleza.

Actualmente, estoy preparando todo para esta nueva temporada con más entusiasmo y, sobre todo, con la confianza que da haber adquirido experiencia. Cada error cometido el año anterior ha sido una oportunidad invaluable para aprender y mejorar. Este año tenemos previstas algunas mejoras en el diseño y manejo de los bancales, la selección de variedades de plantas más resistentes a plagas, y la aplicación más regular y precisa de tratamientos preventivos naturales.

Desde mi experiencia personal, quiero animar a todas las personas que lean este artículo a aventurarse en la creación de una huerta urbana propia, por pequeña que sea. No importa si no tienen conocimientos previos; yo tampoco los tenía. Basta con tener curiosidad, paciencia y ganas de aprender. Cultivar una pequeña parcela no solo contribuye a reducir nuestra huella ecológica, sino que además mejora nuestra calidad de vida en muchos aspectos: salud física y mental, satisfacción personal, vínculos familiares y sociales, y una mayor conexión con el entorno natural que nos rodea.

En definitiva, mi pequeña huerta ecológica urbana ha sido una fuente inagotable de aprendizajes y satisfacciones. Os aseguro que una vez que probéis el placer de cultivar vuestros propios alimentos, no querréis dejarlo. ¡Animaos a dar ese primer paso hacia una vida más verde y consciente!

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La venta de CAEs para la realización de obras en comunidades de propietarios.

En el mundo de las comunidades de propietarios, enfrentarse a obras importantes no es precisamente una noticia que se reciba con entusiasmo. Reparaciones de fachadas, rehabilitaciones de cubiertas o mejoras en la eficiencia energética suponen, en la mayoría de los casos, un desembolso considerable que no siempre está previsto en las cuentas anuales. Sin embargo, en los últimos tiempos ha surgido una herramienta que puede ayudar a hacer frente a estas inversiones: los Certificados de Ahorro Energético, o CAEs.

Los CAEs permiten a las comunidades de propietarios obtener una certificación oficial por las mejoras energéticas realizadas en su edificio. En otras palabras, si una comunidad acomete obras que reduzcan el consumo energético —por ejemplo, mejorando el aislamiento de la fachada o sustituyendo la cubierta por una de mayor eficiencia—, puede conseguir un número determinado de CAEs equivalentes al ahorro conseguido. Estos certificados tienen valor económico y pueden ser vendidos a empresas energéticas obligadas a cumplir con objetivos de eficiencia. Así, lo que inicialmente es un gasto puede convertirse también en una fuente adicional de ingresos.

El Gobierno Vasco, tiene una línea de ayudas para obras comunitarias, que ofrece ayudas a fondo perdido para la comunidad, desgravaciones fiscales a los copropietarios y ayudas directas específicas a quienes están en una situación de especial vulnerabilidad económica.

Esto supone que una comunidad que decida actuar puede beneficiarse tanto de una subvención directa como de la generación de CAEs, optimizando de esta forma su esfuerzo inversor.

Imaginemos el caso de una comunidad en Bilbao que necesita rehabilitar una fachada deteriorada. Antes, el único camino era aprobar derramas, buscar financiación y afrontar los gastos como se pudiera. Ahora, con una buena planificación, esa misma comunidad puede solicitar las ayudas públicas, ejecutar las obras mejorando la eficiencia energética y obtener CAEs que posteriormente venderá a una comercializadora energética. Los ingresos obtenidos de la venta pueden destinarse a amortizar préstamos, reducir futuras cuotas o acometer otras mejoras necesarias.

Por supuesto, para maximizar estos beneficios es fundamental contar con asesoramiento técnico y jurídico especializado. Cada proyecto debe estar bien documentado y las mejoras energéticas deben ser verificables y cuantificables. Además, no todas las obras generan CAEs, por lo que conviene analizar previamente el potencial de cada actuación.

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Batuz-TicketBAI y Kit Digital, dos caminos para ponerse al día (y evitar sorpresas)

Las personas que gestionan un pequeño negocio en Bizkaia saben que el día a día está lleno de retos. Clientes, facturas, pedidos, conciliación, trámites… y, desde hace un tiempo, una nueva urgencia se ha colado en la agenda: la digitalización. No solo como una herramienta de mejora, sino como una obligación regulatoria. En este contexto, dos iniciativas se entrecruzan este 2025 con fuerza: la implantación definitiva del sistema Batuz-TicketBAI y la segunda fase del Kit Digital.

Una representa un mandato foral ineludible; la otra, una oportunidad subvencionada para dar el salto tecnológico. Y lo más interesante: con un poco de planificación, pueden alinearse para que lo obligatorio sea también rentable.

¿Qué es Batuz-TicketBAI y por qué no se puede dejar para el último momento?

Batuz-TicketBAI es el sistema de control de facturación y declaración tributaria que será obligatorio en Bizkaia para todas las personas autónomas y entidades a partir del 1 de enero de 2026. Pero ojo porque para muchas actividades, el plazo de obligatoriedad es anterior. Lo mejor es que consultes directamente en esta web para saber cuándo te corresponde obligatoriamente implementar este sistema. Para quienes aún no es obligatorio, hay plazos de adopción voluntaria e incentivos previos durante 2025. Este sistema, desarrollado por la Hacienda Foral, obliga a utilizar un software de facturación certificado que garantice la trazabilidad de las operaciones y evite la economía sumergida.

El sistema incluye tres piezas clave:

  1. Factura con código TBAI y código QR visible para quien recibe el servicio.
  2. Firma electrónica y envío automático de cada factura a Hacienda.
  3. Libro registro de operaciones económicas (LROE) actualizado en tiempo real.

Desde julio de 2022 se han ido incorporando sectores de forma progresiva. Sin embargo, a partir del 2025 se espera una aceleración en las incorporaciones voluntarias con beneficio fiscal: hasta un 30% de deducción en el IRPF o el Impuesto de Sociedades por los gastos asociados a la implantación del sistema.

Pero también hay riesgos. A partir del 1 de enero de 2026, quien no lo tenga operativo se expone a sanciones por cada factura emitida sin cumplir con el sistema, según lo establece el Decreto Foral Normativo 3/2020.

Kit Digital Fase 2: un salvavidas para digitalizar con apoyo económico

El Kit Digital es una iniciativa estatal (gestionada por Red.es y cofinanciada por fondos europeos) que ofrece bonos para cubrir servicios de digitalización. En esta segunda fase, dirigida a empresas de entre 3 y menos de 10 personas empleadas, se pueden obtener hasta 6.000 euros de ayuda.

Los requisitos básicos para acceder al bono son:

  • Estar al corriente con Hacienda y Seguridad Social.
  • Tener el domicilio fiscal en España.
  • Disponer de una antigüedad mínima de seis meses.
  • Realizar el test de autodiagnóstico digital en la plataforma AceleraPyme.

Los gastos subvencionables incluyen desde la creación de páginas web hasta la implantación de software de gestión, ciberseguridad o facturación electrónica. Y aquí es donde aparece la conexión con Batuz: si se elige un software de facturación que cumpla TicketBAI y es implantado por un agente digitalizador autorizado, puede financiarse con el bono del Kit Digital.

Miniguía práctica: cómo alinear Batuz y Kit Digital sin dolores de cabeza

  1. Revisar el calendario del Batuz: aunque la obligación es para 2026, cuanto antes se empiece, mejor se aprovechan las deducciones fiscales.
  2. Realizar el test digital en AceleraPyme: es rápido y permite obtener el diagnóstico para solicitar el Kit Digital.
  3. Buscar un software certificado que cumpla con TicketBAI y esté incluido en el catálogo del Kit Digital. Muchas asesorías vizcaínas ya trabajan con estas soluciones. Si lo prefieres, puedes utilizar el software gratuito de la propia Diputación.
  4. Solicitar el bono digital (si se cumplen los requisitos de la fase 2) a través de www.acelerapyme.es.
  5. Elegir un agente digitalizador que conozca la normativa de Bizkaia y garantice el cumplimiento de ambas iniciativas.
  6. Implantar y guardar justificantes: tanto de las facturas del proveedor como de la correcta puesta en marcha. Esto evitará tener que devolver la ayuda más adelante.
  7. Consultar con una asesoría de confianza que conozca la normativa foral (por ejemplo, desde la Red de Oficinas de Transformación Digital de SPRI o desde la propia Diputación Foral de Bizkaia).

No esperes al último trimestre

El cruce de caminos entre Batuz-TicketBAI y Kit Digital es una oportunidad única. Una obliga, la otra ayuda. Pero juntas permiten cumplir la ley, mejorar procesos y reducir costes si se gestiona con antelación.

Quien emprende o gestiona una pyme en Bizkaia tiene por delante meses clave. Los plazos no se detendrán, y la digitalización no tiene marcha atrás. Anticiparse, consultar a asesorías locales y preparar la documentación puede marcar la diferencia entre una adaptación tranquila… o un sprint caótico de última hora.

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Cómo iniciar una actividad como persona trabajadora autónoma y no morir en el intento,

Darse de alta como persona trabajadora autónoma en Bizkaia es, para muchas, el primer paso hacia una aventura profesional propia, con todas las incertidumbres y también con ese cosquilleo en el estómago que aparece cuando se toma la decisión de emprender. Pero aunque la ilusión es imprescindible, no basta. Hace falta comprender bien los pasos, las ayudas disponibles y cómo moverse entre formularios, administraciones y normativas que, a veces, parecen pensadas para poner a prueba la paciencia de cualquiera.

El primer paso es registrarse como autónomo o autónoma. Para ello hay dos trámites fundamentales: el alta en Hacienda y el alta en la Seguridad Social. En la Hacienda Foral de Bizkaia, hay que presentar el modelo 036 para comunicar el inicio de actividad. Es importante elegir bien el epígrafe del IAE (Impuesto sobre Actividades Económicas) que se ajusta a la actividad que se va a desarrollar. Al mismo tiempo, hay que darse de alta en el Régimen Especial de Trabajadores Autónomos (RETA) en la Seguridad Social. A partir de ese momento, comienza la obligación de cotizar, aunque existe la opción de acogerse a la conocida “tarifa plana”, que puede reducir significativamente la cuota mensual durante los primeros doce meses.

Necesitarás también obtener un certificado digital, siendo el de la FNMT uno de las más recomendables ya que no tiene coste y es válido para todas las administraciones.

Para quienes están en situación de desempleo, existe además una herramienta muy útil para comenzar: la capitalización del paro, también llamada “pago único”. Esta medida permite recibir de forma anticipada y en un solo pago la prestación contributiva pendiente, con el objetivo de invertirla en el arranque de la actividad. También se puede optar por una fórmula alternativa que es usar dicha capitalización para cubrir las cuotas a la Seguridad Social. Esta segunda opción es muy interesante ya que no requiere presentar ningún plan de empresa, ni justificación de inversiones como en el caso anterior. También se puede optar por una fórmula mixta entre ambas. El trámite se gestiona a través del SEPE.

Además, la Diputación Foral de Bizkaia ofrece apoyo económico directo a las personas que inician un proyecto profesional por cuenta propia. Una de las ayudas más relevantes es la subvención al inicio de actividad económica, que puede llegar hasta los 5.000 euros. El importe varía según el perfil de quien lo solicita, dando prioridad, por ejemplo, a personas jóvenes, mayores de 45 años o pertenecientes a colectivos con mayores dificultades de inserción. Para optar a esta ayuda, es necesario inscribirse antes de estar de alta como autónomo o autónoma y posteriormente hacer un sencillo curso online y presentar un plan de inicio del negocio. La ayuda se concede en dos plazos y no requiere justificación posterior.

Emprender nunca ha sido sencillo, pero hacerlo con una hoja de ruta clara y con el respaldo de los recursos adecuados puede marcar la diferencia. En Bizkaia, hay herramientas para dar ese salto con algo más que intuición y entusiasmo. Con información, previsión y un buen acompañamiento profesional, las posibilidades de consolidar un proyecto crecen de forma notable.

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Mi aventura con los cómics climáticos: conciencia, aprendizaje y diversión.

Mi activismo climático comenzó hace ya varios años, cuando tomé conciencia de la urgencia de actuar para frenar la degradación de nuestro planeta. Desde entonces, colaboro activamente en varias organizaciones, en especial con Greenpeace y he participado en manifestaciones, acciones diversas, charlas y reuniones. Sin embargo, hay un interés que seguramente no conocéis: mi afición por coleccionar cómics de temática climática. Y es que los cómics ofrecen un formato único para explicar cuestiones complejas de manera amena, atractiva y, sobre todo, muy cercana.

Uno de los títulos que me abrió los ojos respecto al potencial divulgativo de este medio es “Cambio de Clima: un ensayo gráfico (y autobiográfico) sobre el cambio climático”, de Philippe Squarzoni. En esta obra, el autor narra su proceso personal de investigación sobre el calentamiento global, ofreciendo datos científicos actualizados y un relato íntimo de cómo estos hallazgos transforman su modo de ver el mundo. Lo que más me impactó fue la forma en que Squarzoni combina la rigurosidad del ensayo con un estilo narrativo muy personal, demostrando que la ciencia puede abordarse desde un lugar cercano y humano.

Otro cómic que merece mención es “Ecotopías”, publicado por Greenpeace y creado por varios autores. A través de historias cortas e ilustraciones muy variadas, este libro explora diferentes futuros posibles —positivos y negativos— en función de cómo actuemos hoy en relación con el medioambiente. La palabra “ecotopía” hace referencia a utopías ecológicas, y las viñetas presentan escenarios donde la humanidad ha aprendido a convivir en armonía con el planeta, pero también escenarios donde la inacción conduce a un colapso ecológico. Para mí, esta antología pone en evidencia el poder de la imaginación para inspirar cambios reales y urgentes.

Otro imprescindible en mi colección es “El mundo sin fin”, de Christophe Blain —realizado en colaboración con el reputado científico Jean-Marc Jancovici—. En sus páginas, encontramos un diálogo constante entre un dibujante y un experto en energía y cambio climático, que se traduce en un cómic didáctico, entretenido y lleno de humor. Lo más interesante es cómo el cómic ilustra gráficamente conceptos a veces complejos: desde la huella de carbono hasta la crisis energética. Así, consigue que cualquier lector, sin importar su formación, pueda entender en qué consiste el problema y qué soluciones se barajan a nivel global.

Por último, quisiera mencionar “Lluvia”, de Mary M. Talbot. Esta obra relata la lucha de dos personajes que se involucran en campañas medioambientales, mientras viven los efectos del cambio climático en su región. A través de sus vivencias, el cómic muestra la compleja realidad de las protestas, la presión social y el poder que puede ejercer la ciudadanía cuando decide unirse por una causa común. En lo personal, “Lluvia” me hizo reflexionar sobre cómo las acciones individuales y comunitarias pueden sumar y generar un impacto mucho mayor de lo que solemos imaginar.

Lejos de ser “cosas de niños”, estos cómics demuestran el inmenso potencial de la narrativa gráfica para transmitir mensajes profundos y urgentes. Leerlos es una manera de aprender, de empatizar con personajes e historias que reflejan, en mayor o menor medida, los desafíos que afrontamos como sociedad. Además, resulta un aliciente para seguir luchando por proteger nuestro hogar común. Si estás buscando una forma diferente de sumergirte en la crisis climática y sus posibles soluciones, no dudes en darle una oportunidad a estos títulos. ¡Descubrirás un universo lleno de creatividad, información y, sobre todo, esperanza en el cambio!

De la herencia al alquiler: pasos clave para mantener un inmueble arrendado entre varias personas herederas.

Recibir una herencia puede suponer un cambio relevante no solo a nivel personal, sino también en el plano jurídico y fiscal. En un artículo anterior ofrecimos algunas claves básicas sobre cómo gestionar una herencia, pero en esta ocasión nos centramos en una situación concreta que genera muchas dudas prácticas: cuando lo heredado incluye un inmueble arrendado —ya sea un local o una vivienda— y las personas herederas desean mantener el alquiler activo. Siempre que se haya realizado la adjudicación de la herencia, lo habitual es que se deba constituir una comunidad de bienes para poder gestionar de forma adecuada los ingresos y las obligaciones derivadas del arrendamiento.

La comunidad de bienes no es una figura jurídica especialmente compleja, pero sí requiere seguir ciertos pasos formales. En Bizkaia, como en el resto del Estado, basta con que las personas comuneras formalicen un documento privado en el que se recojan sus datos, la identificación del bien inmueble, los porcentajes de participación y el acuerdo de constituir la comunidad para gestionar conjuntamente ese patrimonio. No es necesario otorgar escritura pública, salvo que se desee elevar a público el acuerdo. Eso sí, será imprescindible obtener un NIF para la comunidad de bienes ante la Agencia Tributaria Foral, lo cual se hace mediante la presentación del modelo 036 y la documentación acreditativa correspondiente.

Desde el punto de vista fiscal, la comunidad de bienes no tributa por el Impuesto sobre Sociedades, ya que no tiene personalidad jurídica propia a efectos fiscales. No obstante, sí debe presentar anualmente el modelo 184, en el que se detallan los ingresos y gastos atribuibles a cada comunero. Este modelo actúa como una declaración informativa, y su contenido será clave para que cada persona comunera pueda imputar correctamente sus rendimientos en su declaración de la renta.

Además, la comunidad puede tener que emitir facturas, llevar un libro registro de ingresos y gastos, presentar las declaraciones trimestrales y el resumen anual del IVA y cumplir con la obligación de presentar el modelo 347 si se superan ciertos límites en las operaciones con terceros. Si el bien arrendado es un local, y la parte arrendataria es una persona jurídica, se deberá incluir en las facturas del arrendamiento la correspondiente retención por el IRPF.

Pero la cuestión clave para muchas personas es cómo se imputa el rendimiento del alquiler en la declaración de la renta. En el caso de Bizkaia, las rentas generadas por el arrendamiento se atribuyen directamente a cada persona comunera en función de su porcentaje de participación. Es decir, no se tributa a través de la comunidad, sino que cada quien declara su parte proporcional del rendimiento neto en el IRPF, aplicando las deducciones o reducciones que correspondan. El cálculo del rendimiento sigue las reglas generales: se parte del ingreso bruto del alquiler, se restan los gastos deducibles (como el IBI, seguros, gastos de conservación, etc.) y el resultado se reparte entre los comuneros según su cuota.

Este tipo de situaciones, aunque frecuentes, plantea retos de coordinación entre las personas herederas. No basta con estar de acuerdo en continuar con el arrendamiento: es necesario organizarse correctamente para cumplir con todas las obligaciones y evitar sanciones. Además, conviene revisar con detalle los contratos de arrendamiento en vigor, valorar si es necesario adaptarlos y asegurarse de que la comunidad de bienes queda correctamente identificada en ellos.

A veces, lo que parecía un simple “papeleo” tras una herencia se convierte en una pequeña estructura de gestión colectiva. En estos casos, contar con un asesoramiento adecuado desde el inicio puede marcar la diferencia entre una administración tranquila del patrimonio y una fuente continua de dudas o conflictos.

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Del «lo alquilo y punto» al «lo votamos en junta»: revolución en la Ley de Propiedad Horizontal.

Hasta hace poco, transformar una vivienda en un piso turístico era casi tan sencillo como colgar el anuncio en una plataforma online, inflar un poco las fotos y esperar la avalancha de reservas. Pero desde el 3 de abril, este juego ha cambiado. La reciente modificación de la Ley de Propiedad Horizontal introduce un giro decisivo: ahora, quienes quieran dedicar su vivienda al alquiler turístico necesitarán el consentimiento expreso de la comunidad de vecinos.

El nuevo artículo 17.12 de la ley incorpora una exigencia que puede marcar un antes y un después en la convivencia vecinal. Ya no basta con cumplir la normativa autonómica o municipal. A partir de ahora, la comunidad tiene voz y voto, y no precisamente simbólico. Será necesaria una mayoría de tres quintas partes del total de propietarios —que a su vez representen las tres quintas partes de las cuotas de participación— para autorizar este tipo de actividad en el edificio. La comunidad gana así una herramienta real para protegerse de los efectos colaterales del turismo descontrolado.

Este cambio llega tras años de quejas por parte de vecindarios que han visto cómo su día a día se desdibujaba entre maletas con ruedas a todas horas, fiestas inesperadas en martes por la noche y un goteo constante de caras desconocidas en el portal. En ciudades como Bilbao, donde el equilibrio entre el dinamismo turístico y la vida de barrio es especialmente delicado, la medida promete devolver algo de control a quienes de verdad habitan y cuidan los espacios comunes.

La ley no prohíbe el alquiler turístico, pero introduce una condición lógica: que se haga con el acuerdo del conjunto. Porque no es lo mismo vivir al lado de una familia con la que te cruzas cada mañana en el ascensor, que al lado de un apartamento con inquilinos distintos cada 48 horas. Esta modificación busca precisamente eso: restaurar un mínimo de estabilidad y convivencia.

Por supuesto, no faltarán voces que hablen de intervención o de trabas al emprendimiento. Pero no se trata de poner barreras, sino de reequilibrar derechos: el de quien quiere alquilar con fines turísticos y el de quienes quieren vivir con tranquilidad.

Así que, si alguien está pensando en lanzarse a la aventura del alquiler turístico, mejor que primero prepare dos cosas: una buena estrategia… y una junta de propietarios.

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Un túnel hacia el pasado.

Quienes se hayan movido por la zona de la ría del Nervión, en Bizkaia, habrán notado que a menudo el tráfico por el puente de Rontegi y los accesos a Bilbao es denso, casi asfixiante. Ante la saturación, la Diputación Foral de Bizkaia ha planteado la construcción de un túnel subfluvial, una infraestructura de más de 400 millones de euros que atravesaría la ría para enlazar ambas márgenes. ¿La finalidad? Teóricamente, aligerar el puente de Rontegi y “mejorar la movilidad”. Sin embargo, el proyecto está cosechando fortísimas críticas que muestran graves riesgos ambientales, sociales y económicos, sin aportar soluciones reales a la congestión. ¿Merece la pena invertir semejante dineral para encaminar Bilbao y su ría, literalmente, hacia más tráfico?

Un proyecto gestado sin transparencia ni participación real

Lo primero que hay que señalar, como hacen las plataformas ciudadanas opuestas, como Subflubiala EZ!, es la falta de participación en todo este proceso. La idea de un túnel carretero bajo la ría no es nueva: se planteó hace años y se descartó por costosa y compleja. Ahora, el gobierno foral la ha desempolvado y la ha presentado como algo cerrado, sin un debate público ni evaluaciones comparativas con posibles alternativas. Se han recibido alegaciones, sí, pero la decisión política ya estaba tomada y la Diputación, lejos de fomentar el diálogo, va sellando los documentos formales de manera implacable.

En un momento en que se promueve la participación ciudadana y la planificación transparente, este procedimiento despierta indignación. ¿Por qué tal prisa en una inversión tan enorme si hoy día existen soluciones más eficientes, menos contaminantes y más económicas para mejorar la movilidad? ¿Por qué no optar por medidas más audaces en materia de transporte público?

Impacto ambiental contradictorio con la lucha contra el cambio climático

El segundo eje de las críticas es el aumento en emisiones de CO₂ y en contaminación atmosférica que traería el túnel. Aunque sus promotores argumentan que podría reducirse el recorrido de muchos coches y, por tanto, bajar las emisiones, la realidad (y la experiencia en otras infraestructuras similares) indica claramente que construir más vías para el coche genera siempre un “efecto llamada”: más conductores se animan a usar el vehículo privado, y al final, la supuesta disminución de atascos acaba esfumándose.

Este incremento en la circulación se traduce en más gases de efecto invernadero y polución. Justo cuando Euskadi y el mundo han declarado la emergencia climática, se comete la incoherencia de levantar una infraestructura que refuerza el uso del coche. Dado que el transporte es el responsable de un tercio de las emisiones de CO₂, apostar por el vehículo privado va en dirección contraria a la sostenibilidad. Para colmo, se modificarían zonas naturales de la ribera y se afectaría un parque urbano, lo que acentúa el rechazo de la ciudadanía.

Un gasto desproporcionado de 400 millones (y subiendo)

Uno de los argumentos más contundentes contra el proyecto es el enorme coste público, que oscila entre los 450 millones y los 600 millones de euros, según se vayan concretando los detalles y ajustando los precios de la construcción. Para poner esto en perspectiva: en 2023, mantener el descuento del 50% en el transporte público en Bizkaia tuvo un coste aproximado de 11 millones de euros. Con esos 450-600 millones que se pretende destinar al túnel, se podrían sostener entre 40 y 60 años de descuentos en el transporte colectivo, beneficiando así a la gran mayoría de la población, especialmente a quienes menos recursos tienen.

Por tanto, resulta inevitable preguntarse: ¿de verdad nos conviene gastar tal cantidad de dinero en una autopista subterránea para coches? ¿No sería más justo y eficiente inyectar esa inversión en un transporte público de excelencia, que reduzca el uso del automóvil y, por tanto, la contaminación y la congestión?

En Bizkaia, además, pende la sombra de la Supersur que comenzó con un presupuesto cercano a 450 millones de euros y terminó costando más de 1.100 millones, más del doble de lo previsto. Todo ello para una infraestructura que, a día de hoy, está cláramente infrautilizada y que no ha solucionado en modo alguno los atascos de la A-8. ¿Por qué creer que esta vez será diferente? El túnel subfluvial esetá encaminado a emular el mismo patrón, con revisiones al alza y un uso final muy inferior a las expectativas.

La lógica de “construir primero y luego ver cómo fluye el tráfico” ya fracasó con la Supersur. Aun así, la Diputación insiste en que no hay otra opción.

Efectos sociales y barreras urbanas

Esta obra afectaría directamente a barrios densamente habitados. El área de Artaza, en Leioa, alberga un instituto cuyas y cuyos estudiantes pueden sufrir ruidos y polución inasumibles durante los años de obras. El parque de Artaza, pulmón verde de la zona, se vería seriamente mermado. En la Margen Izquierda, la salida del túnel implicaría más tráfico y ruido en áreas residenciales de Sestao, ya castigadas históricamente por la polución industrial. En vez de “coser” barrios y fomentar la cercanía, se abriría otra vía rápida que fractura el espacio, resta calidad de vida a la población local y merma espacios de encuentro ciudadano.

Además, este proyecto perpetúa un modelo en el que el coche —esencialmente un privilegio de las personas con mayor poder adquisitivo— sigue siendo la base del transporte. Las personas con menores recursos o quienes no conducen se verán obligadas a respirar el aire sucio sin beneficiarse de la autopista subterránea. Mientras, ¿qué pasa con el transporte público? Se anuncia un hipotético ramal de metro en paralelo, pero sin más detalles y con escasas garantías. Esta supuesta “multimodalidad” es un mero lavado de cara que no cambia la esencia de la obra: una gran infraestructura para coches.

Falacia de la descongestión permanente

Quienes defienden el proyecto insisten en que el puente de Rontegi está saturado y que el túnel ofrecerá un paso alternativo que ahorrará atascos. En primer lugar, gran parte de la congestión que sufre Rontegi se produce en horas punta, cuando las y los trabajadores de ambas márgenes acuden a Bilbao. El túnel solo significará la posibilidad de elegir entre el atasco de una margen o el de la otra, pero no implica ninguna ruta adicional. Además, la experiencia indica que a medio y largo plazo no hará sino invitar a más coches a la carretera, generando de nuevo colapso en las nuevas infraestructuras. La paradoja de construir más carriles para paliar un problema que precisamente se alimenta del uso excesivo del automóvil se ha documentado en infinidad de estudios.

Por otro lado, conviene preguntarse si otros remedios —en especial un transporte público barato y frecuente— no resultarían más efectivos y muchísimo más económicos. Desdoblar infraestructuras es una jugada típica del siglo pasado, cuando se creía que el crecimiento económico y la prosperidad se medían en kilómetros de autopista.

Sostenibilidad y competitividad del territorio: un espejismo

Otra defensa pro-túnel apunta al supuesto impulso económico que recibiría la zona. Sin embargo, cada vez más ciudades europeas están optado por retirar vías urbanas y dedicar mayores esfuerzos a revitalizar espacios públicos, fomentar la bicicleta y el transporte público, y crear zonas de bajas emisiones. ¿El resultado? Centros urbanos más atractivos, vida comercial más vibrante y ciudadanos con mejor calidad de vida.

Bilbao corre el riesgo de retroceder si entierra decenas de millones en un paso subfluvial que perpetúe la tiranía del coche. La creación de empleo en la obra podría lograrse igualmente invirtiendo esos fondos en renovables, rehabilitación energética de edificios o ampliación de infraestructuras de transporte colectivo. ¿No sería más sensato apostar por un futuro alineado con la crisis climática y la demanda social de nuevas formas de movilidad?

Respuesta social: “No al subfluvial”

Las plataformas y colectivos contrarios —vecinales, ecologistas y estudiantiles— recalcan que no es un simple “no a todo”. Proponen una visión de futuro con menos coches, menos contaminación y más calidad de vida: transporte público mejor financiado, carriles bici bien conectados, medidas de pacificación del tráfico y planes de movilidad integral que reduzcan la dependencia del vehículo privado.

Insisten en la urgencia de repensar la planificación metropolitana para no colocar una autopista subterránea que condena a la ciudadanía a más emisiones, más gasto público y más ruinas urbanas en el futuro. Frente a argumentos forales sobre la necesidad de dar una salida “resiliente” al puente de Rontegi, voces expertas señalan que la verdadera resiliencia vendría de un cambio de modelo de movilidad, no de duplicar la red vial existente.

Invertir en soluciones verdaderamente sostenibles

El túnel subfluvial bajo la ría de Bilbao, con un coste astronómico y un horizonte de varios años de obras, ejemplifica el conflicto entre un modelo obsoleto y otro más coherente con las urgencias climáticas y sociales de nuestro tiempo. Mientras sus defensores predican beneficios en términos de descongestión y supuesta modernidad, el análisis de la experiencia global y las voces técnicas independientes advierten de que nos encontraremos ante otro caso de promesas incumplidas, gastos inflados y más coches en nuestras calles.

¿Realmente es el túnel el futuro que deseamos para Bilbao? Muchas personas sentimos que la respuesta es no. En pleno siglo XXI, cuando el planeta está al borde del colapso climático y la sociedad civil pide participación, sostenibilidad y cohesión, seguir apostando por infraestructuras faraónicas para el automóvil es totalmente anacrónico. La única vía que de verdad merece la pena excavar es aquella que nos lleve a una movilidad más sensata, inclusiva y respetuosa con el medio ambiente, no la que entierre la esperanza de tener ciudades menos contaminadas y más habitables.