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Descanso estival

Playa de Azkorri

Desde que retomé el blog he posteado lunes y jueves como me comprometí conmigo mismo, y me ha resultado muy gratificante y me ha ayudado mucho en mi autoconocimiento y en la profundización en el estoicismo.

Durante el verano cambian las rutinas, los horarios, hay semanas de vacaciones y todo ello hace difícil mantener el compromiso adquirido así que voy a poner el blog en modo descanso hasta septiembre.

Entre tanto aprovecharé estos meses para ir generando nueva reflexión y más contenido para el próximo curso.

Nos leemos en septiembre!

Sabiduría, coraje, justicia y templanza!

Hoy tampoco salvarás a la humanidad

Estoy volviendo a ver la serie “The Expanse” en la que la tripulación de la nave espacial Rocinante recorren el vasto espacio haciendo honor a su nombre, digamos que de quijotada en quijotada. Más o menos una vez a la semana hacen un acto heroico que salva a la humanidad de perecer miserablemente.

Si eso no es tener un estupendo propósito en la vida, que venga el mismísimo Sancho Panza y lo vea.

Pero la vida no suele ser así. La vida suele ser mucho más “aburrida” y aparentemente sin un sentido muy claro. Descubrir el propósito vital personal no es fácil en absoluto.

Yo aún estoy tratando de vislumbrarlo. He creído tener muchos propósitos a lo largo de mi vida, casi todos relacionados con “hacer del mundo un lugar mejor” por diferentes medios. Buscando un poco como la tripulación de “la Roci”, salvar al mundo mediante mi heroísmo.

Hace un tiempo que intuyo que mi ese no es un buen propósito. Que tengo que mirar más hacia dentro de mí mismo en lugar de hacia afuera para encontrar dicho propósito. Estoy en ello, ahora ya no tengo prisa, se qué tengo que trabajarme, profundizar, descubrir lugares de mi interior que ni sabía que existían… y después, quizá, sea capaz realmente de dar un sentido, un propósito real y profundo a todo lo que hago.


PD: Gracias Iñaki por el video!

No doy abasto, me ahogo

Personalmente, una de las cosas que más ansiedad y estrés me genera es cuando empiezo a pensar que se me acumulan las tareas y que no doy abasto para “sacar todo lo que entra”.

Es como si estuviera dentro de un pozo al que va entrando agua y yo la tengo que ir sacando con un cubo, pero si no saco al menos tanto como lo que entra, el nivel va subiendo y me puedo ahogar.

Cuando estoy así, la sensación que tengo es literalmente de ahogo.

Esta sensación tengo que admitir que es una de las que más me cuesta manejar y mucho más a menudo de lo que me gustaría, es ella la que acaba dominándome a mí.

Algunas de las cosas que a veces me ayudan a controlar esta ansiedad son las siguientes:

  • Acordarme de todas las veces anteriores que me he sentido del mismo modo y finalmente no he llegado a “ahogarme”, es decir, ser consciente de que ya he pasado antes por situaciones parecidas y al final nunca ha pasado nada.
  • Centrarme en la tarea y dejar de pensar en todo lo que está por hacer.
  • Ser transparente si algo no voy a poder hacer y comunicarlo. La gente en general es muy comprensiva (porque a todo el mundo le ha pasado lo mismo alguna vez)
  • Utilizar la técnica del “pomodoro“, trabajar muy concentrado en tandas de 25 minutos (sin movil, sin internet, sin notificaciones, solo a la tarea) y descansos de 5 o 10 minutos. Esta manera mejora mucho la productividad y permite sacar mucha más tarea de lo habitual, lo que hace que también mejore la percepción de lo que queda por hacer.
  • Personalmente me va bien en vez de quedarme una hora más a la noche, levantarme una hora antes al día siguiente. Después de muchas horas de trabajo mi rendimiento ya baja mucho y no compensa el esfuerzo con el resultado, y además la sensación de ansiedad crece mucho por la noche.
  • Tomar un descanso y escribir en el blog (como estoy haciendo ahora) Y si no tienes blog, que será lo más normal, parar y reflexionar un poco sobre como te estás sintiendo.
  • Tomar distancia, recordar que la vida es como un videojuego, tomar perspectiva.
  • Utilizar alguna de las técnicas habituales contra el estrés.

Como decía al principio, no siempre me funcionan, aquí tengo un amplio rango de mejora posible, pero estoy en ello.

¿Alguna que a ti te funcione y que quieras compartir?

Hoy no me puedo levantar…

¿No te pasa que a veces hay días en los que realmente te cuesta hacer las cosas que “debes” hacer?. Es como si te faltara la energía, como si tuvieras ganas de dejarlo todo para mañana porque hoy todo se te hace muy cuesta arriba.

En estas ocasiones yo suelo intentar hacer dos cosas: por un lado intento, si puedo, dejar alguna de las obligaciones que tenga y planificarla para otro momento. Eso me da margen para poder tomar un poco de aire, incluso dar un paseo (como el del video) o hacer algo que realmente me apetezca y así cambiar mi estado de ánimo y continuar con aquellas otras cosas que sí o sí tengo que hacer.

Por otro lado, intento parar un momento y pensar que eso que tengo que hacer pero que no me apetece, en realidad es una oportunidad para practicar la máxima estoica de

No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas. – Epicteto

Es decir, intento pensar que lo que tengo que hacer y no me apetece es como afrontar un día de lluvia. Preferiría un día soleado, los días de lluvia me entristecen y no me permiten hacer muchas de las cosas que me gustan. Pero racionalmente es absurdo que mi estado de ánimo dependa del día que haga, porque es algo que está fuera de mi control. Lo que sí está bajo mi control es cómo me siento yo ante el día que ha salido.

Pues intento pensar lo mismo con esas tareas o trabajos que tengo que hacer por obligación pero que o no me gustan tanto o en ese momento me resultan muy pesados. Intento pensar que son como un día de lluvia, en este momento no hay nada que pueda hacer para que el día cambie así que mejor me adapto y aprovecho para disfrutar del día de lluvia que voy a tener.

Intento visualizar un día de lluvia en el que hice algo que me gustó, o tengo un buen recuerdo, o estaba en buena compañía. Es decir, trato de visualizar un buen día de lluvia y luego pienso “bueno, se avecina un día lluvioso como aquel, así que vamos a disfrutar todo lo posible”.

Y con esto no hablo de llevar una vida de resignación haciendo cosas que no quiero hacer. Cuando esto me pasa a menudo con alguna de mis “obligaciones”, entonces trato de replantearme si realmente es algo que debo hacer y cómo puedo cambiarlo a medio plazo o qué tengo que hacer para que no se me siga haciendo tan pesado. Pero muchas veces se trata simplemente de algo puntual y que no requiere un replanteamiento profundo de la vida, ni pensar cosas como “¿si este fuera el último día de mi vida querría hacer esto que tengo que hacer?” Pues claro que no querría, pero es imposible y poco racional hacer solamente y cada día las cosas que haría si supiese que es el último día de mi vida.

El próximo día que se te haga cuesta arriba hacer las cosas que tienes que hacer, prueba a traer a tu memoria un recuerdo bonito de un día de lluvia y piensa que hoy ha salido lluvioso, pero que no por ello tiene que ser necesariamente un mal día. Y si esto te pasa muy a menudo con algún trabajo u obligación que tengas, replantéatela, busca una solución porque ya no es algo puntual y esporádico.


PD: Otra de mis conversaciones conmigo mismo. La escribo para acordarme de ella el próximo día que la necesite.

PD2: Si te apetece, comparte en los comentarios lo que tú haces cuando te ves sin fuerzas para afrontar el día. Seguro que será inspirador.

Secuelas voluntarias tras la pandemia de la covid

“Vacunometro” en el BEC

Cada vez falta menos para que se terminen los efectos más dolorosos de la pandemia de la covid que estamos viviendo, y va siendo hora poco a poco de ir hacia la “normalidad”.

Como colectivo, como sociedad, veremos a qué normalidad se vuelve o se va, pero también hay una parte individual, personal de cada cual, que merece la pena reflexionar, no sea que simplemente la corriente nos lleve por donde sea y no por donde queramos.

Personalmente hay algunas cuestiones que la pandemia me ha ayudado a resituar y sobre las que no quisiera “volver” atrás, sino incorporarlas a mi normalidad futura:

En lo profesional, voy a intentar no volver a lo que ahora me parece una “locura” de dedicación y de viajes. Además de 25.000 km al año de coche, casi todas las semanas un par de viajes en avión y media de dos o tres días a la semana fuera de casa, jornadas habituales de 10-12 horas de trabajo… Lo hacía gustosamente, nadie me obligó en absoluto, pero ahora me parece como irreal volver a algo así. Incluso tener que desplazarme sí o sí a trabajar a un sitio concreto se me hace ahora un tanto absurdo teniendo en cuenta todo lo que puedo hacer de manera mucho más eficiente desde mi propia casa. Una reducción drástica de los viajes, una moderación de la presencialidad diaria y una racionalización del tiempo dedicado al trabajo creo que es algo que me gustaría sostener en el tiempo.

En lo personal en este tiempo he ganado mucho en cuanto a conocimiento de mi mismo, a base de dedicarme más tiempo, de reflexionar, de volver a escribir, de mantener unas rutinas diarias saludables para mi cuerpo y para mi mente. Todo ello me está resultando muy beneficioso y no quiero perderlo.

También durante este tiempo mi estilo de vida ha sido especialmente frugal (no es que antes fuera nada del otro mundo, pero desde luego no tanto como ahora) en el consumo de ocio, vacaciones, bares, restaurantes, ropa, etc, etc. Creo que mi “necesidad” de muchas de estas cosas ha cambiado y me gustaría mantener en parte esta moderación voluntaria del consumo de muchas de ellas.

Por contra, lo que más echo de menos, lo que estoy deseando de volver a hacer de manera habitual es retomar el contacto social con las personas a las que quiero (familia y amigos especialmente) y que en este tiempo he mantenido bajo mínimos para preservar las medidas de seguridad.

Aún queda tiempo para que esto acabe, pero por aquí está yendo mi reflexión.

¿Y la tuya? ¿Te animas a compartirla en los comentarios? Seguro que puede ser muy inspiradora para otras personas también.

No confundas lo que pasa con lo que eres. La vida es en realidad un videojuego.

Pinar de La Galea

Tranquilidad que no voy a escribir de las teorías que hablan de que es plausible pensar que nuestra vida sea en realidad una simulación. Son teorías sugerentes pero me resultan poco útiles en la práctica.

Lo que sí es práctico y útil para nuestra vida es poder tomar distancia de lo que sucede a nuestro alrededor y poder diferenciarlo de lo que somos. Y ahí es donde actuar como si la vida fuera una simulación, un videojuego, nos puede ayudar de manera práctica.

Ojo, no pretendo que lo que voy a exponer sea real, simplemente creo que es una herramienta interesante que me puede ayudar a afrontar la vida con sabiduría, justicia, coraje y templanza (es decir, al estilo estoico)

Imagino la vida como un videojuego de estos tipo “sandbox“, un gigantesco Minecraft (a veces se parece más a un enorme GTA, jejej)

Yo soy el jugador. Y cuando digo yo me refiero a “mi ser”, que con respecto al juego es inmaterial y atemporal. Yo juego la partida, pero lo que sucede en el juego no afecta a mi ser: si corro mi ser no se cansa, si me hieren mi ser no sufre, si muero mi ser no perece… porque yo (mi ser) estoy fuera de las limitaciones del juego.

Mi mente por el contrario es mi “avatar” en el juego, es el personaje con el que juego. Y mi mente cree que el juego es real, que lo que le sucede es real. Mi mente juega la partida constantemente y, si mi ser no toma las riendas, juega en modo automático, por su cuenta.

En consecuencia, todo lo que pasa en el juego, le pasa a “mi mente” no a “mi ser”, y por lo tanto no me pasa a mí, sino al personaje con el que juego la partida.

Y aquí viene para mí lo interesante, porque los filósofos estoicos no sabían nada de videojuegos, pero en el fondo nos enseñan a vivir de este modo, considerando que lo que sucede a nuestro alrededor es parte de un videojuego y que no debemos dejar que nos afecte a nosotros, porque no es real, y por lo tanto podemos tomárnoslo como queramos. Ellos hablaban de la idea de “distanciarse” de la realidad o de “mirar desde arriba” para poder obtener una perspectiva más adecuada.

Si sufrimos, nos enfadamos, tenemos miedo, nos alegramos, estamos eufóricos, no es por lo que pasa en el juego, ya que lo que pasa en el juego no puede afectarnos directamente. Es porque nosotros decidimos que nos afecte, pero podríamos decidir otra cosa: si estoy echando una partida y no me sale lo que quería hacer u otro jugador me gana, esto no sucede realmente, pero yo puedo si quiero frustrarme, enfadarme, tirar el mando contra el suelo, gritar y chillar… pero en realidad podría también simplemente seguir jugando, o echarme a reir, o lo que quisiera, porque todo lo que está fuera de mí es parte del videojuego, y nada de lo que que pasa en el videojuego me puede afectar realmente, si yo no quiero.

A veces cuando estoy especialmente estresado o enfadado o frustrado, me ayuda mucho utilizar esta imagen: me veo jugando un hiperrealista GTA en el que a mi personaje le ha sucedido lo que me está estresando, enfadando o frustrando, y yo lo estoy viendo con el mando en la mano y tomando conciencia de que lo que “me” pasa, está en el juego, no en mí, y entonces puedo simplemente tomar los mandos y hacer lo que quiera…

Pasatiempos

Millones anhelan la inmortalidad y no saben qué hacer con sus vidas una lluviosa tarde de domingo. – SUSAN ERTZ

Últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema del “uso” del tiempo y como centrarme adecuadamente entre mis dos pulsiones extremas que son por un lado intentar hacer productivo cada minuto y por otro lado querer pasar el tiempo sin hacer nada… hace poco un buen amigo me decía que era el vago más currela del mundo, y me sentí muy identificado con esa idea.

Mi debate interno va por estos lares:

  • Me gusta trabajar, me gusta mi trabajo actual. Mi trabajo me hace crecer y desarrollarme como profesional, pero también como persona. Además mi trabajo es de ese tipo del que podrías dedicarle 24/7 y aún así no se acabaría nunca, siempre habría algo más que poder hacer. Esa combinación de trabajo infinito con placer por trabajar me ha llevado a que ha habido épocas en las que era un auténtico workaholic y es un lugar al que no merece la pena llegar.
  • Por otro lado me gusta no hacer nada, no solo no hacer nada “productivo” sino nada de nada, simplemente pasar el rato. Pero luego me siento fatal porque pienso que el tiempo es lo más valioso que tengo y que lo estoy malgastando miserablemente.
  • Y por otro lado tengo sueños, ideas, proyectos a los que podría dedicar también mucho tiempo y no sería exactamente “trabajo”… pero un poco también… y entonces quizá volver a caer en la adicción.

En este post anterior citaba unas cuantas inspiradoras reflexiones que básicamente nos invitan a no desperdiciar el tiempo, a no postergar, a no malgastarlo en cosas que no merezcan la pena.

Por otro lado, también hay algunas ideas interesantes sobre la idea del descanso:

Debemos relajar la mente de vez en cuando. Volverá fortalecida a su trabajo tras el descanso. – SÉNECA

No debemos mantener la mente en constante tensión, sino darle espacios de distensión. El placer en moderación relaja la mente y le da equilibrio. – SÉNECA

Te digo: haz lo que la naturaleza demanda de ti. Y respondes: el descanso también es necesario. Y es cierto, la naturaleza demanda cierto descanso, así como cierta comida y bebida. Sin embargo tiendes a ir con todo esto más allá de lo necesario, y a quedarte corto a la hora de hacer lo que debes. – MARCO AURELIO

La verdad que aún no soy capaz de encontrar un equilibrio adecuado (escribo a ver si eso me ayuda a lograrlo) pero sí voy teniendo algunas pistas que pienso ir explorando:

  • Hay actividades para “pasar el tiempo” que ya no es que no sean productivas, es que no me aportan nada en ningún sentido y además cuando las hago me siento mal conmigo mismo: vagar por las redes sociales, jugar a juegos en el móvil, estar delante de la tele pero sin ver nada en concreto, y cosas así. Este tipo de cosas sí son claramente malgastar el tiempo y estoy tendiendo a abandonarlas completamente.
  • El trabajo no puede ser mi única afición, por mucho que me guste.
  • Aprovechar el tiempo no tiene que ver solo con hacer cosas. Pasar tiempo a solas conmigo mismo es importante también. No sea que acabe siendo un desconocido para mí mismo.
  • Los días buenos, esos en los que siento que he aprovechado el tiempo pero no que estoy agotado, son días en los que efectivamente he podido hacer muchas cosas distintas como trabajar, pasear, cocinar, charlar, hacer tareas de casa, pensar, leer, escribir, pero ninguna de ellas de manera “compulsiva”. Parece que una clave de nuevo es la moderación, especialmente en aquellas cosas que me gustan y que son aparentemente positivas.

Los años que nos quedan por vivir

A mis 51 años es muy muy improbable que vaya a vivir otro tanto como lo que ya he vivido.

Incluso con los hábitos más saludables (no fumar, beber poco, controlar el peso, dormir bien, mantener el estrés a raya, hacer ejercicio moderado, ser sociable, mantenerme mentalmente activo) y si la genética y la suerte me acompañan, puede que viva otros 25, 30 o a lo sumo 40 años. También me puedo morir mañana, pero no es muy probable y además me viene fatal 😉

Cada año es una año menos que me queda por vivir. Parece una obviedad, pero cuando era más joven no lo veía así, más bien al contrario: cada año era un año mayor y podía hacer más cosas que el anterior.

Aún así, 25 o 30 años son muchos años aún. Son más o menos los mismos que he llevado una vida “independiente”, los mismos que desde que empecé a hacer “mi vida” y me han dado mucho de si, ya lo creo.

Pero, ¿cómo aprovecharlos adecuadamente? ¿Cómo estar seguro de llegar al final, echar la vista atrás y pensar “he tenido una buena vida, he aprovechado el tiempo que se me ha dado”?

Mis filósofos estoicos de cabecera le dieron muchas, pero muchas vueltas a esto y de entre las páginas y páginas que escribieron sobre el tema, hay algunas enseñanzas que me resultan especialmente inspiradoras.

Lo primero es tomar conciencia de que el tiempo es nuestra más preciada posesión y debiéramos cuidarla y utilizarla en consecuencia:

Lo único que nos pertenece es nuestro tiempo.- SÉNECA

Las personas son cuidadosas con su propiedad personal, y sin embargo derrochan su tiempo con facilidad, precisamente con lo que deberían ser más avariciosos. – SÉNECA

Nadie valora el tiempo, y lo gastamos de manera extravagante. Pero piensa en la reacción de esas mismas personas cuando el médico les dice que su muerte está cerca. Estarían dispuestos a dar todo lo que tienen por vivir un poco más. – SÉNECA

Despilfarrar el tiempo, derrocharlo en cosas inútiles o que no merecen la pena es algo de lo que tenemos que estar siempre pendientes, aprendiendo a no dedicar tiempo a lo que no nos aporta nada bueno (y ojo, eso no significa para nada no tener tiempo para el ocio, para el descanso o el disfrute)

No es que tengamos poco tiempo, sino que desperdiciamos mucho. La vida, si sabes usarla, es larga. – SÉNECA

Pensamos que solo compramos cosas que pagamos con dinero, mientras que consideramos gratis las cosas que pagamos con nuestro tiempo. – SÉNECA

No pases el tiempo que te queda pensando en las opiniones de otros, ya que te aleja de tu propio trabajo. – MARCO AURELIO

Es mucho mejor curarse que buscar venganza por el daño. La venganza desperdicia mucho tiempo y te expone a nuevas heridas. – MARCO AURELIO

Cuánto tiempo ahorra el que no se da la vuelta constantemente para ver lo que su vecino dice, hace o piensa. – MARCO AURELIO

La mayoría de lo que hacemos y decimos no es esencial. Si lo puedes eliminar ganarás tiempo y tranquilidad. Pregúntate en todo momento, ¿es esto necesario? – MARCO AURELIO

No des a las cosas pequeñas más tiempo del que merecen. – MARCO AURELIO

Cuántos han robado parte de tu vida cuando no eras consciente de lo que perdías. Cuánto has desperdiciado en preocupaciones infundadas, deseos avariciosos y diversiones sociales. Y qué poco de tu tiempo te quedó para ti.- SÉNECA

Ojo a lo que le prestas atención y en lo que te enfocas, no pierdas tiempo pensando en lo que dirán los demás, pensando en la venganza o preocupado por lo que hacen o dicen otros. No dejes que otras personas, preocupaciones o deseos vanos te roben el tiempo.

Y sobre todas las cosas, deja ya de postergar lo que quieres hacer! No lo dejes para mañana!

El mayor lastre de la vida es la espera del mañana y la pérdida del hoy. – SÉNECA

La postergación es el mayor derroche de vida: se lleva los días según llegan, y nos niega el presente al prometernos el futuro. El principal obstáculo para la vida es la expectativa, que nos atrae con el mañana y nos hace perder el hoy. – MARCO AURELIO

Recuerda cuanto tiempo llevas postergando esto. Tu tiempo es limitado. Si no lo usas para liberarte se habrá ido, y nunca regresará. – EPICTETO

Piensa en todas las veces que te has dicho «Lo haré mañana». Tu tiempo es limitado, usa cada momento sabiamente. – MARCO AURELIO

Herramientas contra el estrés y la ansiedad

Uno de los males de nuestro tiempo es el estrés y la ansiedad. La sociedad del cansancio de la que habla Byung-Chul Han que nos lleva a la autoexplotación y al agotamiento mental.

Hay una diferencia enorme entre el cansancio físico y el mental. No tiene nada que ver ese cansancio reparador y satisfactorio del esfuerzo físico realizado tras una intensa jornada de trabajo, frente al cansancio mental que te va minando poco a poco pero inexorablemente.

A lo largo de mi vida profesional he tenido, y sigo teniendo que lidiar muy frecuentemente con este tipo de cansancio mental lo que me ha obligado a experimentar maneras de combatirlo. Con el tiempo he ido descubriendo algunas de las que mejor me funcionan:

  • Hacer algún trabajo físico o manual: dedicar un rato a realizar alguna pequeña reparación en casa, ordenar cosas, fregar, cocinar. Todo lo que implique actividad más manual que mental, especialmente si además se puede empezar y acabar y ver el resultado.
  • Apuntar en una lista las cosas a las que estoy dando vueltas en la cabeza: especialmente por la noche, la mente empieza a repasar problemas o tareas que hay que hacer y parece que no puedes parar de pensar. Levantarse y anotarlo ayuda enormemente porque nos liberamos de la sensación de que si dejamos de pensar en ello lo olvidaremos.
  • Hacer algo al aire libre, y mejor si es en un campo, playa, parque o lo que sea. Cualquier actividad, aunque sea un pequeño paseo, ayuda a despejar la mente.
  • Hacer algo que tenías pendiente de hace tiempo, una compra, una llamada, una visita. Muchas veces el estrés viene por la sensación de que nuestro trabajo es como achicar agua del Titanic con una cucharita de café, y hacer algo que signifique resolver un tema por pequeño que sea, ayuda enormemente.

Por supuesto hay mil maneras más y a cada cual le funcionan unas y no otras, lo importante es tomar conciencia de las que sí me funcionan y echar mano de ellas cuando es necesario.

¿Has tenido un día de mierda?

Crees que tienes que habértelas con muchas dificultades, pero la verdad es que la mayor dificultad está en ti y tú eres el mayor estorbo para ti mismo. – SÉNECA

Hay días que todo son problemas, que nada sale como debiera, que te topas con las personas que menos te apetecen o que simplemente estás cansado o irritable… y piensas que menuda mierda de día te ha tocado.

Luego llega la noche y al repasar lo acontecido te das cuenta de que, en realidad, todo lo que ha sucedido que te ha parecido tan desilusionante estaba fuera de ti. Y que lo que realmente ha convertido el día en una mierda de día ha sido tu comportamiento, tus reacciones antes las situaciones que se te han presentado.

Estabas irritable ¿por qué?, estabas cansado ¿por qué?, estabas desanimado ¿por qué?… porque de algún modo te compensaba, te situaba como víctima de los acontecimientos, te permitía “dimitir” de tus responsabilidades.

Pero lo que de verdad de irrita, te cansa y te desanima es, una vez más no comportarte como sabes que puedes y debes. No ser capaz de hacer tu parte y aceptar el resultado que venga, sin juicios, sin frustraciones, sin aspavientos.

¿Crees que el sabio es molestado por sus problemas? No, los usa. Fidias hacía sus estatuas de marfil, pero también de bronce. Le dieras el material que le dieras, hubiera hecho la mejor estatua posible. Y así debe obrar el sabio, haciendo lo mejor posible con el material que le ofrece el destino. – SÉNECA

Pero no importa, seguro que mañana o pasado volverás a ser puesto a prueba, la vida te volverá a examinar de tu templanza, de tu coraje y de tu sabiduría… y tendrás, esta vez sí, la ocasión de ponerlas en práctica.

Y así un poco mejor en cada ocasión, “fallando” cada vez menos frecuentemente, revisándote y mejorando… poco a poco, sin prisa, sin pausa, despacio, lejos.


PD: fragmento de una conversación reciente conmigo mismo