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Hoy tampoco salvarás a la humanidad

Estoy volviendo a ver la serie “The Expanse” en la que la tripulación de la nave espacial Rocinante recorren el vasto espacio haciendo honor a su nombre, digamos que de quijotada en quijotada. Más o menos una vez a la semana hacen un acto heroico que salva a la humanidad de perecer miserablemente.

Si eso no es tener un estupendo propósito en la vida, que venga el mismísimo Sancho Panza y lo vea.

Pero la vida no suele ser así. La vida suele ser mucho más “aburrida” y aparentemente sin un sentido muy claro. Descubrir el propósito vital personal no es fácil en absoluto.

Yo aún estoy tratando de vislumbrarlo. He creído tener muchos propósitos a lo largo de mi vida, casi todos relacionados con “hacer del mundo un lugar mejor” por diferentes medios. Buscando un poco como la tripulación de “la Roci”, salvar al mundo mediante mi heroísmo.

Hace un tiempo que intuyo que mi ese no es un buen propósito. Que tengo que mirar más hacia dentro de mí mismo en lugar de hacia afuera para encontrar dicho propósito. Estoy en ello, ahora ya no tengo prisa, se qué tengo que trabajarme, profundizar, descubrir lugares de mi interior que ni sabía que existían… y después, quizá, sea capaz realmente de dar un sentido, un propósito real y profundo a todo lo que hago.


PD: Gracias Iñaki por el video!

Hoy no me puedo levantar…

¿No te pasa que a veces hay días en los que realmente te cuesta hacer las cosas que “debes” hacer?. Es como si te faltara la energía, como si tuvieras ganas de dejarlo todo para mañana porque hoy todo se te hace muy cuesta arriba.

En estas ocasiones yo suelo intentar hacer dos cosas: por un lado intento, si puedo, dejar alguna de las obligaciones que tenga y planificarla para otro momento. Eso me da margen para poder tomar un poco de aire, incluso dar un paseo (como el del video) o hacer algo que realmente me apetezca y así cambiar mi estado de ánimo y continuar con aquellas otras cosas que sí o sí tengo que hacer.

Por otro lado, intento parar un momento y pensar que eso que tengo que hacer pero que no me apetece, en realidad es una oportunidad para practicar la máxima estoica de

No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas. – Epicteto

Es decir, intento pensar que lo que tengo que hacer y no me apetece es como afrontar un día de lluvia. Preferiría un día soleado, los días de lluvia me entristecen y no me permiten hacer muchas de las cosas que me gustan. Pero racionalmente es absurdo que mi estado de ánimo dependa del día que haga, porque es algo que está fuera de mi control. Lo que sí está bajo mi control es cómo me siento yo ante el día que ha salido.

Pues intento pensar lo mismo con esas tareas o trabajos que tengo que hacer por obligación pero que o no me gustan tanto o en ese momento me resultan muy pesados. Intento pensar que son como un día de lluvia, en este momento no hay nada que pueda hacer para que el día cambie así que mejor me adapto y aprovecho para disfrutar del día de lluvia que voy a tener.

Intento visualizar un día de lluvia en el que hice algo que me gustó, o tengo un buen recuerdo, o estaba en buena compañía. Es decir, trato de visualizar un buen día de lluvia y luego pienso “bueno, se avecina un día lluvioso como aquel, así que vamos a disfrutar todo lo posible”.

Y con esto no hablo de llevar una vida de resignación haciendo cosas que no quiero hacer. Cuando esto me pasa a menudo con alguna de mis “obligaciones”, entonces trato de replantearme si realmente es algo que debo hacer y cómo puedo cambiarlo a medio plazo o qué tengo que hacer para que no se me siga haciendo tan pesado. Pero muchas veces se trata simplemente de algo puntual y que no requiere un replanteamiento profundo de la vida, ni pensar cosas como “¿si este fuera el último día de mi vida querría hacer esto que tengo que hacer?” Pues claro que no querría, pero es imposible y poco racional hacer solamente y cada día las cosas que haría si supiese que es el último día de mi vida.

El próximo día que se te haga cuesta arriba hacer las cosas que tienes que hacer, prueba a traer a tu memoria un recuerdo bonito de un día de lluvia y piensa que hoy ha salido lluvioso, pero que no por ello tiene que ser necesariamente un mal día. Y si esto te pasa muy a menudo con algún trabajo u obligación que tengas, replantéatela, busca una solución porque ya no es algo puntual y esporádico.


PD: Otra de mis conversaciones conmigo mismo. La escribo para acordarme de ella el próximo día que la necesite.

PD2: Si te apetece, comparte en los comentarios lo que tú haces cuando te ves sin fuerzas para afrontar el día. Seguro que será inspirador.

¡Libertad!

Debido a la pandemia del covid-19 los gobiernos de todo el mundo han tomado duras medidas de restricción de movimientos de la ciudadanía así como otras muchas relacionadas con horarios, actividades sociales, etc.

Esto ha chocado frontalmente con la idea de libertad que el occidente capitalista ha construido y tratado de exportar a todo el mundo desde hace décadas: la libertad de que cada cual haga lo que quiera, cuando quiera y como quiera con las mínimas limitaciones impuestas por el estado o por las convenciones sociales.

Una idea de libertad que se construye sobre la capacidad de acción del individuo. Una libertad que es algo que se despliega externamente y que solo desde fuera se puede limitar porque el individuo es por naturaleza libre y en consecuencia solo pierde su libertad por las limitaciones externas de otros individuos.

En ese contexto, efectivamente la libertad es poder ir a tomarme unas cañas a donde quiera y cuando quiera, y quien me lo impida está limitando gravemente mi libertad.

Es curioso porque nuestros filósofos estoicos de cabecera tienen una idea muy distinta de lo que es la libertad. Y digo curioso porque, por ejemplo, el propio Epicteto fue durante buena parte de su vida un esclavo, y sin embargo esto es lo que nos dice sobre quien es una persona libre.

Ninguna persona es libre si no es dueña de sí misma. – EPICTETO

Resulta que para el ex esclavo Epicteto, la libertad no es hacer lo que quiera, sino que reside en su interior, en el dominio de si mismo. Sorprendente.

Pero no solo eso, es que nos dice una frase tremenda para reflexionar. ¿Será verdad que quien no es dueño de sí mismo no es libre? Si así fuera tendríamos que reformular toda nuestra idea de libertad porque resultaría que personas a las que nada externo les impide ni les limita su libre albedrío no serían libres debido a que no son dueñas de si mismas.

Vale, ¿y en qué se concretaría según el estoicismo esta idea de libertad, qué es lo que realmente nos limita la libertad? Veamos:

¿Preguntas qué es libertad? No temer a los hombres ni a los dioses, no desear algo deshonesto ni excesivo y tener el completo dominio de uno mismo. – SÉNECA

Vigila constantemente tus percepciones, ya que estás protegiendo algo nada despreciable: tu respeto, tu valía, tu templanza, tu serenidad. En una palabra, tu libertad. – EPICTETO

La libertad no se logra satisfaciendo deseos, sino eliminándolos. – EPICTETO

Así que lo que realmente nos aleja de nuestra libertad son nuestros temores, nuestros deseos, nuestras percepciones y nuestras falta de auto dominio.

¿Cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos a alcanzar nuestra auténtica y verdadera libertad?

Pasatiempos

Millones anhelan la inmortalidad y no saben qué hacer con sus vidas una lluviosa tarde de domingo. – SUSAN ERTZ

Últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema del “uso” del tiempo y como centrarme adecuadamente entre mis dos pulsiones extremas que son por un lado intentar hacer productivo cada minuto y por otro lado querer pasar el tiempo sin hacer nada… hace poco un buen amigo me decía que era el vago más currela del mundo, y me sentí muy identificado con esa idea.

Mi debate interno va por estos lares:

  • Me gusta trabajar, me gusta mi trabajo actual. Mi trabajo me hace crecer y desarrollarme como profesional, pero también como persona. Además mi trabajo es de ese tipo del que podrías dedicarle 24/7 y aún así no se acabaría nunca, siempre habría algo más que poder hacer. Esa combinación de trabajo infinito con placer por trabajar me ha llevado a que ha habido épocas en las que era un auténtico workaholic y es un lugar al que no merece la pena llegar.
  • Por otro lado me gusta no hacer nada, no solo no hacer nada “productivo” sino nada de nada, simplemente pasar el rato. Pero luego me siento fatal porque pienso que el tiempo es lo más valioso que tengo y que lo estoy malgastando miserablemente.
  • Y por otro lado tengo sueños, ideas, proyectos a los que podría dedicar también mucho tiempo y no sería exactamente “trabajo”… pero un poco también… y entonces quizá volver a caer en la adicción.

En este post anterior citaba unas cuantas inspiradoras reflexiones que básicamente nos invitan a no desperdiciar el tiempo, a no postergar, a no malgastarlo en cosas que no merezcan la pena.

Por otro lado, también hay algunas ideas interesantes sobre la idea del descanso:

Debemos relajar la mente de vez en cuando. Volverá fortalecida a su trabajo tras el descanso. – SÉNECA

No debemos mantener la mente en constante tensión, sino darle espacios de distensión. El placer en moderación relaja la mente y le da equilibrio. – SÉNECA

Te digo: haz lo que la naturaleza demanda de ti. Y respondes: el descanso también es necesario. Y es cierto, la naturaleza demanda cierto descanso, así como cierta comida y bebida. Sin embargo tiendes a ir con todo esto más allá de lo necesario, y a quedarte corto a la hora de hacer lo que debes. – MARCO AURELIO

La verdad que aún no soy capaz de encontrar un equilibrio adecuado (escribo a ver si eso me ayuda a lograrlo) pero sí voy teniendo algunas pistas que pienso ir explorando:

  • Hay actividades para “pasar el tiempo” que ya no es que no sean productivas, es que no me aportan nada en ningún sentido y además cuando las hago me siento mal conmigo mismo: vagar por las redes sociales, jugar a juegos en el móvil, estar delante de la tele pero sin ver nada en concreto, y cosas así. Este tipo de cosas sí son claramente malgastar el tiempo y estoy tendiendo a abandonarlas completamente.
  • El trabajo no puede ser mi única afición, por mucho que me guste.
  • Aprovechar el tiempo no tiene que ver solo con hacer cosas. Pasar tiempo a solas conmigo mismo es importante también. No sea que acabe siendo un desconocido para mí mismo.
  • Los días buenos, esos en los que siento que he aprovechado el tiempo pero no que estoy agotado, son días en los que efectivamente he podido hacer muchas cosas distintas como trabajar, pasear, cocinar, charlar, hacer tareas de casa, pensar, leer, escribir, pero ninguna de ellas de manera “compulsiva”. Parece que una clave de nuevo es la moderación, especialmente en aquellas cosas que me gustan y que son aparentemente positivas.

Los años que nos quedan por vivir

A mis 51 años es muy muy improbable que vaya a vivir otro tanto como lo que ya he vivido.

Incluso con los hábitos más saludables (no fumar, beber poco, controlar el peso, dormir bien, mantener el estrés a raya, hacer ejercicio moderado, ser sociable, mantenerme mentalmente activo) y si la genética y la suerte me acompañan, puede que viva otros 25, 30 o a lo sumo 40 años. También me puedo morir mañana, pero no es muy probable y además me viene fatal 😉

Cada año es una año menos que me queda por vivir. Parece una obviedad, pero cuando era más joven no lo veía así, más bien al contrario: cada año era un año mayor y podía hacer más cosas que el anterior.

Aún así, 25 o 30 años son muchos años aún. Son más o menos los mismos que he llevado una vida “independiente”, los mismos que desde que empecé a hacer “mi vida” y me han dado mucho de si, ya lo creo.

Pero, ¿cómo aprovecharlos adecuadamente? ¿Cómo estar seguro de llegar al final, echar la vista atrás y pensar “he tenido una buena vida, he aprovechado el tiempo que se me ha dado”?

Mis filósofos estoicos de cabecera le dieron muchas, pero muchas vueltas a esto y de entre las páginas y páginas que escribieron sobre el tema, hay algunas enseñanzas que me resultan especialmente inspiradoras.

Lo primero es tomar conciencia de que el tiempo es nuestra más preciada posesión y debiéramos cuidarla y utilizarla en consecuencia:

Lo único que nos pertenece es nuestro tiempo.- SÉNECA

Las personas son cuidadosas con su propiedad personal, y sin embargo derrochan su tiempo con facilidad, precisamente con lo que deberían ser más avariciosos. – SÉNECA

Nadie valora el tiempo, y lo gastamos de manera extravagante. Pero piensa en la reacción de esas mismas personas cuando el médico les dice que su muerte está cerca. Estarían dispuestos a dar todo lo que tienen por vivir un poco más. – SÉNECA

Despilfarrar el tiempo, derrocharlo en cosas inútiles o que no merecen la pena es algo de lo que tenemos que estar siempre pendientes, aprendiendo a no dedicar tiempo a lo que no nos aporta nada bueno (y ojo, eso no significa para nada no tener tiempo para el ocio, para el descanso o el disfrute)

No es que tengamos poco tiempo, sino que desperdiciamos mucho. La vida, si sabes usarla, es larga. – SÉNECA

Pensamos que solo compramos cosas que pagamos con dinero, mientras que consideramos gratis las cosas que pagamos con nuestro tiempo. – SÉNECA

No pases el tiempo que te queda pensando en las opiniones de otros, ya que te aleja de tu propio trabajo. – MARCO AURELIO

Es mucho mejor curarse que buscar venganza por el daño. La venganza desperdicia mucho tiempo y te expone a nuevas heridas. – MARCO AURELIO

Cuánto tiempo ahorra el que no se da la vuelta constantemente para ver lo que su vecino dice, hace o piensa. – MARCO AURELIO

La mayoría de lo que hacemos y decimos no es esencial. Si lo puedes eliminar ganarás tiempo y tranquilidad. Pregúntate en todo momento, ¿es esto necesario? – MARCO AURELIO

No des a las cosas pequeñas más tiempo del que merecen. – MARCO AURELIO

Cuántos han robado parte de tu vida cuando no eras consciente de lo que perdías. Cuánto has desperdiciado en preocupaciones infundadas, deseos avariciosos y diversiones sociales. Y qué poco de tu tiempo te quedó para ti.- SÉNECA

Ojo a lo que le prestas atención y en lo que te enfocas, no pierdas tiempo pensando en lo que dirán los demás, pensando en la venganza o preocupado por lo que hacen o dicen otros. No dejes que otras personas, preocupaciones o deseos vanos te roben el tiempo.

Y sobre todas las cosas, deja ya de postergar lo que quieres hacer! No lo dejes para mañana!

El mayor lastre de la vida es la espera del mañana y la pérdida del hoy. – SÉNECA

La postergación es el mayor derroche de vida: se lleva los días según llegan, y nos niega el presente al prometernos el futuro. El principal obstáculo para la vida es la expectativa, que nos atrae con el mañana y nos hace perder el hoy. – MARCO AURELIO

Recuerda cuanto tiempo llevas postergando esto. Tu tiempo es limitado. Si no lo usas para liberarte se habrá ido, y nunca regresará. – EPICTETO

Piensa en todas las veces que te has dicho «Lo haré mañana». Tu tiempo es limitado, usa cada momento sabiamente. – MARCO AURELIO

Por la despolarización

Llevamos ya unos cuantos años en los que en la política especialmente, pero también en otros ordenes de la vida social y personal de cada cual, estamos viviendo una creciente polarización, una centrifugación de las posiciones y creencias de la gente hacia los extremos.

Hay personas de creencias y posiciones muy fuertes y consolidadas. Que piensan que cualquier variación en esas creencias es falta de coherencia y de identidad. Personas que se vanaglorian de pensar lo mismo desde hace 50 años. Personas que consideran que otras posiciones o creencias son total y radicalmente invalidas, que no hay nada valioso fuera de su mundo de ideas y que por lo tanto no solo debe protegerse de cualquier contaminación sino combatir enérgicamente al “enemigo”, al “mal”.

En el otro extremo están las personas sin principios ni valores, gente cuyo único interés es aquello que les beneficie directamente y que son seguidores de la doctrina marxista del “Si no le gustan mis principios, tengo otros”.

Especialmente en política estamos viendo cada vez más estas dos posiciones, o bien posiciones muy extremistas que consideran al otro extremo como el mal más absoluto, o bien posiciones de exclusivo interés personal. A veces esto último se disfraza de extremismo o de radicalismo para enmascararlo.

Creo que nadie estamos exentos de caer en esta polarización y es una dinámica que puede perfectamente empezar con nuestras posiciones políticas y que puede ir permeando hacia el resto de nuestra vida, lo cual nos convertirá en personas inflexibles, autoritarias, rígidas, con una fuerte aversión al cambio, incapaces de comprender nada fuera de nuestras ideas… en fin, personas que uno no quisiera tener muy cerca, la verdad.

Para estar alerta y tratar de no caer en esa polarización, algunas ideas y sugerencias:

  • Ten cerca personas que piensan un poco diferente a tí y a las que aprecies. Conversa de vez en cuando con ellas de cuestiones que son nucleares para tus creencias.
  • Cuando tengas clarísima una creencia, busca el 1% de razón que puede tener la posición contraria. No se trata de no tener ideas propias, sino precisamente de tratar de entender y profundizar.
  • No temas evolucionar. Pensar lo mismo durante toda la vida no es ningún mérito, más bien al contrario. Las personas que han ido evolucionando son las que han permitido que se pueda construir una sociedad mejor en muchos aspectos.
  • Ojo con lo que lees y lo que ves, especialmente por internet y lo que te llega por las redes sociales. Recíbelo todo con escepticismo natural y si algo realmente te interesa, profundiza y cuestiónatelo.

PD: gracias a mi grupo de “mus&cook” por ser un espacio donde poder poner en práctica a menudo esta revisión permanente de mis creencias.

El conocimiento nos convirtió en una sola “humanidad”

Imagina que por un extraño fenómeno cuántico temporal, viajas en el tiempo y acabas en Tebas, al inicio del reinado de la primera mujer faraón de Egipto, Hatshepsut, en el año 1490 a.c.

Más de 3.500 años de diferencia. En este tiempo la humanidad ha avanzado hasta extremos inimaginables y tienes la oportunidad de transferirles todo el conocimiento del futuro, pero solo lo que tú realmente sabes ya que no tienes acceso a tus dispositivos, ni a internet ni a nada.

Seguramente les contarías las maravillas de las que dispone la humanidad en todos los campos, desde internet hasta los antibioticos, pasando por los coches, aviones, televisiones, el acero, el petroleo, las fibras sintéticas, el papel, la electricidad… la lista sería infinita!

Pero ¿cuanto de ese conocimiento de la humanidad podrías poner en práctica y enseñar, no solo relatar, sino explicar para ser usado por tus nuevos amigos egipcios? Si fuera yo el viajero en el tiempo no podría enseñarles realmente nada de nada relevante que supusiese un avance en su conocimiento… es increíble, pero supongo que al 99% de las personas les pasaría lo mismo que a mí.

Hemos logrado algo más increíble aún que el propio avance en conocimiento: hemos logrado una extraordinaria capacidad para acumular y usar colectivamente el conocimiento de las personas individuales.

En el resto de las especies con las que convivimos, el % del conocimiento total de la especie que tiene cada individuo es altísimo. Y cuando algún espécimen hace algún “descubrimiento”, la cadena de casualidades que han de producirse para que ese conocimiento sea incorporado y aprovechado por toda la especie es brutal, por eso evolucionan tan lentamente.

Sin embargo, en nuestro caso, el % del conocimiento total de la humanidad que atesora cada persona individual es insignificante. Incluso la persona más sabia del mundo solo conocerá una ínfima parte de todo lo que sabe la humanidad como especie. Y por el contrario, cualquier nuevo descubrimiento puede beneficiar de manera rapidísima a toda o gran parte de la humanidad.

De hecho, estoy convencido de que en ese viaje en el tiempo, en el encuentro con nuestros ancestros, descubriríamos que, individualmente tenían muchísimos más conocimientos que cualquiera de nosotros hoy en día.

La evolución nos ha llevado del individualismo autosuficiente a la interdependencia absoluta. Nuestros conocimientos individuales no nos permiten sobrevivir individualmente, y muchísimo menos con el tipo de vida que tenemos actualmente.

La humanidad somos como un gran organismo vivo, formado por todo el conocimiento acumulado por todas las personas que han vivido, que viven y que vivirán. Nadie es solo una individualidad, nadie se ha hecho a sí mismo en exclusiva, nadie es totalmente autosuficiente… somos un@ y cada vez lo somos más.

4 preguntas para responderte cada día

En el anterior post comentaba lo interesante y poderosa que es la práctica de revisarse diariamente para mejorar y lograr ser la persona que realmente quieres ser.

Tener el hábito de escribir un diario nos ayuda enormemente en esa práctica, y te comparto las 4 preguntas con las que yo me reviso cada día

  • ¿Qué he hecho hoy que me acerca a mi mejor versión?
  • ¿Qué he hecho hoy que podría hacer mejor en la siguiente ocasión?
  • ¿Qué he aprendido nuevo hoy?
  • ¿Qué tengo que agradecer hoy?

Son preguntas que me obligan a profundizar, a no quedarme en la superficie de mis comportamientos, pero por supuesto, quizá a tí te vayan mejor otras preguntas.

En todo caso, lo realmente importante es dedicar un rato cada día a ir por la vida más consciente, más profundo, más hacia donde quieres y como quieres.

El elefante en la habitación (una aportación)

 

2016-10-31-13-13-02

Plantea Guillermo Dorronsoro en el último artículo de su blog la necesidad de abordar un problema al que identifica con el elefante en la habitación que todo el mundo pretende ignorar, pero que es evidente que está ahí:

Veo recaudaciones estancadas o decrecientes y gastos sociales crecientes. A pesar de los controles del déficit, la deuda pública sigue en aumento, para atender esas demandas (este tema se va a poner muy de moda con la aprobación de los próximos presupuestos del Estado). Y cada vez quedan menos recursos para las apuestas e inversiones públicas y público-privadas que podrían crear riqueza en el futuro (…)

Y si no invertimos en esas apuestas, la recaudación seguirá cayendo, y como los gastos sociales van a seguir creciendo (por razones demográficas), esta realidad se está convirtiendo en un círculo vicioso que nos conduce de manera inexorable al declive.

Coincido en que tenemos un elefante en la habitación, coincido en que parece que se confía en que el elefante se marche de la habitación por si mismo y sin hacer mucho estropicio, y coincido también en que de no hacer nada, lo más probable es que el dichoso elefante nos destroce la habitación y la casa entera.

Bien, y qué hacemos? De manera muy resumida, para no agotar al respetable, dejo a continuación algunas reflexiones sobre lo que se podría intentar hacer:

Lo primero me parece fundamental hacer un esfuerzo por conseguir que la economía de libre mercado recupere su legitimidad y recupere el fin para el que se creó y que fue el que la ciudadanía aceptó: procurar el progreso y la prosperidad del conjunto de la ciudadanía, presente y futura. Es falso que el capitalismo signifique solo buscar el máximo beneficio individual. Esta es una derivación perversa, una vuelta a la ley de la selva de la que la humanidad lleva varios siglos buscando la manera adecuada de escapar.

Hay datos objetivos para demostrar que jamas en la historia de la humanidad ha habido tantas personas viviendo tan bien como en la actualidad, y ese mérito se lo debemos al sistema de libre mercado, está claro. Pero también está claro que en los últimos tiempos, especialmente desde la caída del muro de Berlín, se ha producido una polarización creciente y cada vez hay más personas ricas y a la vez más personas pobres.

Esto pasa en todo el mundo, y en España la “crisis” ha servido de excusa para desarrollar políticas que están abundando en la brecha de la desigualdad, haciendo pagar la factura del festín a las clases más pobres, no a quienes disfrutaron del mismo, ni siquiera a las clases medias como se viene diciendo, sino directamente a las más desfavorecidas.

Un sistema económico que no sirve para que todos progresemos, unos más y otros menos, eso es admisible, pero sin dejar a nadie por el camino, es un sistema que nos devuelve al sálvese quien pueda, con todo lo que eso significa. Un sistema que ha perdido la legitimidad, tarde o temprano se derrumbará, por lo civil o por lo militar…

En consecuencia, desde mi punto de vista, lo primero de todo es consensuar que nuestro sistema económico tiene como objetivo esencial favorecer el progreso de todas las personas, ofreciéndoles oportunidades, protegiéndolas en las adversidades, favoreciendo su iniciativa y reduciendo las desigualdades sociales. Adela Cortina lo expresaba mucho mejor que yo en su lectio al recibir el doctorado honoris causa por la Universidad de Deusto.

Por cierto, resulta que esto es lo que dice nuestra propia Constitución del 78 en su preámbulo (las negritas son mías)

La Nación española, deseando establecer la justicia, la libertad y la seguridad y promover el bien de cuantos la integran, en uso de su soberanía, proclama su voluntad de:

Garantizar la convivencia democrática dentro de la Constitución y de las leyes conforme a un orden económico y social justo.

Consolidar un Estado de Derecho que asegure el imperio de la ley como expresión de la voluntad popular.

Proteger a todos los españoles y pueblos de España en el ejercicio de los derechos humanos, sus culturas y tradiciones, lenguas e instituciones.

Promover el progreso de la cultura y de la economía para asegurar a todos una digna calidad de vida.

Establecer una sociedad democrática avanzada, y

Colaborar en el fortalecimiento de unas relaciones pacíficas y de eficaz cooperación entre todos los pueblos de la Tierra.

En consecuencia, las Cortes aprueban y el pueblo español ratifica la siguiente

CONSTITUCIÓN

A partir de ahí, sin apriorismos ideológicos, hay que empezar a construir la manera en la que afrontar los retos actuales y futuros, especialmente los siguientes:

El trabajo ya no es garantía de integración social: seguimos viviendo en la idea de que “la mejor política social es crear empleo” y esto ya no es verdad, y lo va a ser cada vez menos. Primero porque asistimos a un proceso de precarización y empobrecimiento de los trabajadores que debe ser revertido vía legislación, pero especialmente porque en el futuro la realidad es que no va a haber trabajo para todos el mundo tal y como lo entendemos ahora… la robotización, la automatización, el desarrollo de la inteligencia artificial, nos va a llevar en mucho menos tiempo del que pensamos a que nos “sobren” millones y millones de horas de trabajo de personas. En cierto modo vamos hacia la utopía de librarnos de la maldición bíblica del “ganaras el pan con el sudor de tu frente” porque las máquinas van a hacer la mayor parte del trabajo y entonces todo el sistema actual será inservible.

Vivimos en una economía basada en el consumo: las personas, gracias al trabajo que desarrollan, perciben una retribución y generan bienes y servicios que a su vez pueden consumir gracias a dicha retribución, y del consumo, del trabajo, del salario y de los beneficios de todo el ciclo, se nutre el procomún (lo público) vía impuestos. Si quitamos de la ecuación el trabajo, resulta que podemos producir lo mismo con las máquinas, pero ¿quien lo va a poder comprar si no hay trabajo ni salarios? ¿Qué impuestos se van a poder recaudar? ¿Cómo vamos a ser capaces de cumplir el objetivo de progreso y reducción de la desigualdad que nos habíamos planteado?

Habrá que ir trabajando seriamente cuestiones como la renta universal, la cotización a la seguridad social de los robots, la contribución al progreso social de las empresas vía impuestos y otros, la distribución de la renta desde su generación y no solo vía recaudación y política social…

Y tenemos que empezar ya, porque estos cambios que nos parecen aún hoy lejanísimos, se están produciendo a una velocidad exponencial, y ya sabemos lo que eso significa.

Un segundo enorme problema que debemos abordar es el del modelo de globalización que hemos desarrollado: es un modelo inservible porque solo beneficia al 0,01% de la población, un modelo que genera mega corporaciones cuyo objetivo último es justamente la eliminación del libre mercado sustituyéndolo por gigantescos monopolios trasnacionales que no se someten a ninguna normativa estatal, ni a ningún principio ético, que solo se deben a la consecución del máximo rendimiento económico en el menor tiempo posible, caiga quien tenga que caer. Es aterrador pensar lo que la inteligencia artificial (esa que ya se usa por ejemplo en bolsa y que varias veces ha provocado quiebras y situaciones de pánico generalizado) puede llegar a hacer cuando las decisiones en estas macro corporaciones ya no las tomen las personas, y nadie duda de que eso llegará.

Tercer gran cambio que tenemos que abordar: pinchar la burbuja de la economía financiera. La inmensa mayoría de los movimientos de dinero en el mundo no se deben al intercambio de bienes o servicios sino que son puros y simples movimientos financieros, compra venta del propio dinero. Esto es algo que se nos hace muy difícil de comprender. Creemos que el dinero es finito, que la deuda se produce porque alguien le presta a otro alguien el dinero que tiene, que el dinero se mueve porque hay que comprar y vender cosas. Y así era hasta hace unas pocas décadas, pero hoy ya no, hoy la principal mercancía que se compra y se vende es el propio dinero, la deuda y el mismo dinero se crean de la nada, y entre tanto la burbuja financiera crece y crece gracias a la desregulación y a la permisividad de quienes deberían atajar estos desmanes

En cuarto lugar, vamos a tener que afrontar el desafío de la integración cultural: los movimientos migratorios son consustanciales a la historia de la humanidad. Las personas se mueven en busca de paz y de prosperidad, y eso no hay muro ni valla que lo pare a largo plazo. Pero es que además resulta que algunas sociedades como la nuestra son incapaces de regenerarse demográficamente por sus propios medios, por lo que va a resultar inevitable integrar a personas provenientes de otros lugares del mundo.

Una integración que es una inestimable oportunidad: la innovación nace de la diversidad, de la mezcla, de la fusión, del pensamiento lateral, del mestizaje… todo eso nos lo pueden aportar personas de otros lugares del mundo, y debemos ser capaces de conjugar eso con nuestra propia identidad, con nuestras raíces y nuestra historia, con nuestra K de cultura.

Tras releerlo, tengo la sensación de haber tirado demasiado por elevación, pero creo que son cuestiones que necesitamos afrontar, y de las que hay que empezar a hablar muy seriamente.

El sistema educativo, escenario principal de la lucha de clases

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Perspectiva de Bilbao desde la torre Iberdrola

A veces hay acontecimiento históricos que nos debieran a ayudar a comprender mejor la realidad en la que vivimos.

La semana pasada escuchaba en La Ventana de la SER el espacio de Nieves Concostrina un hecho histórico para mí desconocido hasta ese momento pero que me ha resultado realmente revelador: 1623, Felipe IV decide cerrar las escuelas de gramática (educación secundaria) de todos los pueblos de España (no de las ciudades) con el objetivo declarado de ahorrar costes para hacer frente al brutal déficit y a la inmensa deuda pública, pero sobretodo, para conseguir que los hijos (las mujeres no iban a la escuela) de los pobres no se dedicasen a estudiar sino a trabajar en el campo, en los oficios manuales, etc

La educación deberia de ser el instrumento social básico para conseguir la igualdad de oportunidades y la movilidad social. Una persona puede nacer en una familia humilde o en una familia millonaria, pero si hay un buen sistema educativo, los hijos e hijas de las familias menos pudientes, tienen la posibilidad de mejorar su situación y acceder a estudios superiores, trabajos mejor remunerados y por lo tanto a ascender en la escala social.

Esto que parece de sentido común y deseable para el conjunto de la sociedad, sin embargo es combatido enérgicamente por las élites sociales que desean mantener el statu quo, pero lo hacen con medidas y argumentos revestidos de supuestos criterios de eficacia y eficiencia, al estilo de Felipe IV:

  • Se intenta limitar el acceso a la universidad con el argumento de que hay demasiados universitarios
  • Se intenta ligar los estudios únicamente a las necesidades del mercado laboral
  • Se reduce la gratuidad de los estudios, impulsando la necesidad de realizar masters y similares.
  • Se reducen los importes de las becas y se ligan a notas altas, no solo a aprobar o no, de manera que se impide a muchos alumnos continuar con sus estudios a pesar de que vayan aprobando.

Nada de todo esto es casual, todo está encaminado a un único objetivo general: el mantenimiento del statu quo por parte de los que están en las posiciones socialmente privilegiadas. No es que haya un complot, una conspiración organizada, simplemente es la famosa lucha de clases que los que la van ganando dicen que ha muerto