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Un motor híbrido en tu interior: la motivación y el coraje

Cuando algo te motiva, te gusta o te emociona, qué fácil es todo!

Pero en la vida no todo lo que tienes que hacer en cada momento es lo que más te motiva o te apetece. En ocasiones (según las temporadas, a veces en muchas ocasiones) tienes que hacer cosas que no te apetecen en absoluto.

Son cosas que sabes que debes hacer, y que está bien que las hagas. Incluso cosas que te hacen bien, pero que te cuestan o no siempre te motivan lo suficiente.

Pero estás acostumbrado a funcionar básicamente con el “motor” de la motivación, y ese es un buen motor que va fenomenal cuando se puede usar, pero ¿qué pasa cuando no tienes la motivación, pero tienes que hacer igualmente lo que debes?

Ahí es cuando tienes que poner en marcha el motor del coraje, o de la disciplina, como lo quieras llamar.

Es un motor más difícil de usar, porque requiere un mayor esfuerzo y requiere entrenamiento y fuerza de voluntad en su uso.

Es además un motor que no estás muy acostumbrado a usar porque si no puedes usar el motor de la motivación tu tendencia es a abandonar. De alguna manera tienes instalada la creencia de que solo merecen la pena las cosas que se pueden hacer por la motivación, pero en realidad no es una creencia correcta. Obviamente es mejor actuar con motivación, pero no siempre es posible y si solo tienes ese motor tu capacidad de hacer lo correcto, de hacer lo que debes, se queda muy limitada.

El coraje, la disciplina, es algo que puedes y debes entrenar. Puede empezar por cosas relativamente sencillas: por ejemplo, quieres hacer un poco de ejercicio todos los días, pero no todos los días te apetece; piensa que además del beneficio de hacer ejercicio, vas a entrenar y poner a punto tu motor de la disciplina, y haz ejercicio todos los días que tengas ganas para ello, y los que no, haz ejercicio igualmente, con el motor de la disciplina en tu mente.

Utiliza con otras cosas también y poco a poco tendrás más capacidad de tirar de esta disciplina para cuestiones que te resulten más importantes o difíciles de realizar sin motivación.

No desarrollas valentía cuando todo va bien, sino cuando sobrevives momentos difíciles y desafías la adversidad. EPICTETO

Ninguna propensión humana es tan poderosa que no pueda ser vencida por la disciplina. SÉNECA

La disciplina es una gran ayuda para el que posee un mediocre ingenio. SÉNECA

Aléjate de las redes sociales todo lo que puedas

Tormenta acercándose al faro de Punta Galea

Eliminaste tu cuenta de Facebook, hace una año que no publicas en Twitter, nunca te llegó a enganchar Instagram… pero aún así acabas pasando mucho tiempo mirando y leyendo por las redes, con esa sensación de que de lo contrario te perderás algo importante, con la presión de estar “conectado”.

Pero en realidad es justamente lo contrario: te infoxicas a tí mismo con tal cantidad de noticias banales, polémicas absurdas, zascas y contrazascas… que no te enteras de lo importante, de lo relevante, de lo esencial.

Conecta de verdad con las personas reales y si hay algo que es realmente importante, seguro que acabará llegando a tus ojos y a tus oídos.

Todo lo demás es ruido, distracción, tiempo malbaratado, oxigeno para un estado de las cosas que en realidad te horroriza.

Así que corre, cierra tus cuentas, desinstala tus apps del móvil y del ordenador… y levanta la mirada y lee, escucha, mira, observa, entiende…

El dolor del fracaso

“Unas veces se gana y otras se aprende”

Es una de tus frases favoritas. Es una idea realmente sugerente e inspiradora.

Pero qué doloroso es el aprendizaje provocado por el fracaso y por la pérdida. Hay que dejar pasar el tiempo para realmente hacer un aprendizaje de un fracaso porque en el momento el dolor que te provoca es enorme.

Cuando te das cuenta del fracaso todo se te viene encima, es un poco como morirte: todo lo acontecido pasa como una película y repasas lo que hiciste y lo que no hiciste y todo se ve con claridad y esa claridad es lo más doloroso de todo.

Y si el fracaso además tiene consecuencias para otras personas ya el dolor se eleva a otra potencia, se transforma en algo mucho más dramático y se te hace muy difícil de manejar.

Cuando fracasas la persona que creías ser se muere, desaparece, y para llegar al aprendizaje vas a tener que pasar por todas las fases del duelo: empezarás con la negación, no te crees que esto te esté pasando, tiene que ser un error, es como una película.

Pero no es una película, es una realidad, y entonces aparecerá la ira, la rabia, la búsqueda de culpables y responsables.

Si consigues salir de ahí, tratarás de darle la vuelta a la situación, fantasearás con la idea de que aún hay solución y que todo pasa por enfocarse en resolver los problemas.

Cuando te des cuenta de que realmente ya no hay solución, pasarás a la tristeza profunda, a verlo todo como parte del fracaso y a pensar que nada tiene sentido y que todo está perdido para siempre y sin remedio.

Y por fin, después de todo ello, si eres capaza de superar esa tristeza y ese dolor, podrás empezar a reconstruirte y a convertir el fracaso en un verdadero aprendizaje, en la posibilidad de aceptarlo y reconstruirte sobre él dando nuevos significados a tu yo.

No es un proceso fácil ni glamuroso.

Pero es algo por lo que ya has pasado unas cuantas veces antes. Necesitas echar la vista atrás y recordar tus fracasos anteriores para reconocer que eres quienes eres también por esos fracasos.

Para quererte precisamente por ser un fracasado muy exitoso.

Sobre las excusas y la autoindulgencia

Estas muy cansado, has tenido un día horroroso, el tiempo no acompaña, te mereces un descanso, por un día no pasa nada… y mil excusas más de este estilo para no hacer lo que sabes que debes hacer y que te va bien, aunque te cueste un esfuerzo.

Te compadeces de ti mismo, te das pena para ablandarte y justificar tu pereza y tu falta de disciplina y de motivación.

Darte pena funciona igual que dar pena a los demás: recibes atención, consuelo, compensaciones diversas, se te permite hacer o no hacer cosas que en circunstancias normales deberías cumplir…

La autoindulgencia te genera un circulo vicioso del que a veces no es fácil salir.

Un ejemplo típico y sencillo que te pasa a menudo: has tenido un día duro en el trabajo y estás cansado física y emocionalmente. Te comprometiste contigo mismo a salir todos los días a dar un paseo. A pesar de que sabes que te hará bien, te compadeces de ti mismo por lo cansado que estás y te tumbas un rato en lugar de dar el paseo. Te dices a ti mismo que te mereces el descanso, que un día sin salir no pasa nada, y vas a la cocina a premiarte con un poco de chocolate. Como no hiciste lo que sabías que debías hacer, te empiezas a sentir algo culpable y eso te desmolariza un poco más, lo que hace que te des un poco más de pena. Además, como no diste el paseo, tu cabeza no se limpió adecuadamente de sus pensamientos tóxicos y sigues viéndolo todo con pesimismo, lo que confirma claramente que tenías razones para darte pena y vuelves a por un poco más de chocolate.

¿Cómo salgo de esta espiral de autocompasión?

No caigas en el derrotismo del “no soy capaz de hacer lo que debo”. Sí que eres capaz. Ayer no lo fuiste, pero hoy sí puedes serlo. Cada ocasión es una nueva oportunidad de hacer lo correcto.

Se un poco más firme contigo mismo. Cuando empiece el dialogo de las excusas en tu interior, mantente firme y dite a ti mismo: “eso son solo excusas, estás tratando de ablandarte emocionalmente pero sabes muy bien lo que te conviene así que hazlo y déjate de ir por ahí dándote pena”

Busca una tercera persona que te ayude. Cuéntale tus compromisos contigo mismo y pídele que te los recuerde cuando flaquees.

Reconoce tus errores, especialmente los que nadie más conoce

Cada día es una sucesión de decisiones, muchas sencillas y sin importancia y de vez en cuando algunas de cierta envergadura.

Algunos estudios hablan de tomas unas 35.000 decisiones cada día, de las cuales 34.900 las toma tu cerebro de manera automática (afortunadamente, o de lo contrario no podrías vivir)

Aún con todo te quedan unas 100 decisiones cada día para tomar conscientemente. Incluso si eres muy, muy bueno tomando decisiones y en el 90% o 95% de las veces tomas una decisión correcta y adecuada, cada día es bastante probable que te equivoques entre 5 y 10 veces. Cada día. En solo un mes puedes haber errado entre 200 y 300 ocasiones.

De todas ellas, seguramente de nuevo el 90% o 95% serán errores sin demasiada importancia: debías llevar algo y se te olvidó, comiste una cosa que no debías, dijiste algo inapropiado, te quedaste viendo la tele en lugar de salir a tu paseo diario…

Pero tendrás un 5% de errores importantes de ese 5% de decisiones conscientes de ese 0,30% de todas las decisiones de cada día… así que cada mes puedes estar metiendo la pata de manera significativa en 7 u 8 ocasiones… no está nada mal, y eso siendo muy, muy bueno.

Así que errar es inevitable. Lo que no es inevitable es empecinarse en el error.

Del error puedes aprender: tomaste una decisión, obtuviste un resultado no satisfactorio, en la siguiente ocasión haz otra cosa diferente.

Pero para eso tienes que reconocer el error. Tienes que ser consciente de que te equivocaste. Tú. No los demás. Tú. Tú que aciertas el noventa y tantos por ciento de las veces. Tú te equivocaste.

Y a veces esos errores son visibles, manifiestos, inocultables. Y entonces no te cuesta tanto reconocer públicamente que sí, que te equivocaste. En el fondo ya todo el mundo lo sabía, así que mejor reconocerlo.

Pero qué haces cuando nadie se dio cuenta de que te equivocaste? Cuando hiciste algo que no era correcto y solo tú lo sabes o solo tú te diste cuenta? Lo reconoces o te lo callas? O buscas la justificación contigo mismo para no admitir lo hecho?

Ahí es donde realmente se ve quien eres, ahí es donde se aprecia tu sabiduría y tu verdadera naturaleza.

Afortunadamente, cada mes tendrás casi seguro un par de ocasiones para ponerte a prueba e ir mejorando, ganando en sabiduría, en coherencia, en humildad, en serenidad.


PD: como viene siendo habitual últimamente, este es de nuevo un fragmente de una reciente conversación conmigo mismo.

Agradécelo todo y no necesites nada

Si tienes ocasión de hacer algo que te gusta, de estar con alguna persona que te agrada, si das un paseo, haces un viaje, vas al trabajo, estás con la familia, lees un buen libro, ves una puesta de sol, te mojas con la lluvia, escuchas una canción… lo que sea, disfrútalo y agradécelo.

Piensa lo afortunado que eres y da gracias por ello.

Simplifica al máximo tus deseos, disfruta de lo frugal y de lo sencillo. Busca la satisfacción en tu interior.

Que nada te resulte imprescindible, que todo te sea accesorio, procura no apegarte a nada por mucho que te guste.

Si lo tienes disfrútalo, y cuando no lo tengas, no lo extrañes ni lo añores, ni lo ansíes, ni pongas en juego tu integridad y tus valores por recuperarlo o por conseguirlo.

Desea poco y disfruta todo, y nunca serás infeliz.

Mantener una sana indiferencia

Cada día tienes docenas y docenas de situaciones que se te presentan y a las que puedes poner la etiqueta de “problema” y cargar con ellas durante mucho tiempo.

También tienes otras tantas situaciones en las que la vida pareciera confabularse contra tí para causarte dolor, para herir a tus seres queridos.

Y por si esto fuera poco están las personas que a tu alrededor te molestan, te provocan, te indignan con sus actitudes y con sus acciones.

Por no hablar de las noticias cada día, cada tweet que te hacer hervir la sangre de indignación.

Y todo ello son como pompas de jabón que rápidamente acaban desapareciendo sin dejar prácticamente ninguna huella. Algunas son más grandes y gruesas y duran más tiempo, pero todas acaban desvaneciendose tras una breve existencia.

La sabiduría verdadera reside en ser capaz de distinguir lo relevante, lo que verdaderamente importa y merece la pena, y separarlo de todo lo demás que en realidad no te afecta ni te importa.

Relativizar, poner en su sitio, reordenar las prioridades vitales, todo eso que haces cuando ocurre un terremoto en tu vida y que olvidas en cuanto la rutina y la comodidad vuelven a campar a sus anchas.

Mantén una sana y serena indiferencia ante lo que ocurre a tu alrededor, que te permita centrarte en lo verdaderamente importante y no en las pompas de jabón.

La tranquilidad acompaña la virtud del sabio.
MUSONIO RUFO

Cuanto más cerca esté un hombre de una mente calmada, más cerca estará de su fuerza.
MARCO AURELIO

No hagas tus problemas mayores al añadirles tus quejas. El dolor es más tolerable si no le añades nada.
SÉNECA

¿El pepino está amargo? Tíralo. ¿Hay palos en el camino? Rodéalos. Es todo lo que necesitas saber. No exijas saber por qué. Cualquiera que entienda el mundo se reiría de ti, igual que se reiría el carpintero si te enfadas por ver serrín en su estudio.
MARCO AURELIO

El ignorante de la filosofía culpa a los demás por su situación. El estudiante de filosofía se culpa a sí mismo. El sabio no culpa a nadie.
EPICTETO

No seas desgraciado antes de tiempo. Muchas desgracias que temes quizá nunca lleguen, y con seguridad no han llegado. Por esta razón algunos acontecimientos nos atormentan más de lo que deben, otros antes de lo que deben y otros no deberían atormentarnos en absoluto, porque nunca ocurrirán. O aumentamos el dolor, o lo anticipamos o lo imaginamos.
SÉNECA

Dos elementos deben ser eliminados de una vez por todas: el miedo al sufrimiento futuro y el recuerdo de sufrimientos pasados. El segundo ya no me afecta y el primero todavía no me afecta.
SÉNECA

¿Qué sentido tiene traer sufrimientos del pasado? ¿Ser infeliz ahora porque fuiste infeliz antes?
SÉNECA

Memento mori

Este viernes pasado un amigo y compañero, al llegar a casa, encontró a su pareja en el suelo de la casa, muerta por alguna causa natural…

No puedo ni imaginar ese momento y por lo que estará pasando estos días él y todas las personas cercanas.

La muerte a veces es así, totalmente imprevisible, inoportuna, traicionera e injusta.

Más o menos nos hacemos cargo de que una persona mayor (este concepto se va alargando cada vez más, ahora estará por encima de los 80 o 90 años) es “natural” que acabe falleciendo, y esta es la clase de muerte que toleramos más o menos bien.

Pero una muerte repentina con sesenta y pocos? Un accidente a los cuarenta y tantos? Una enfermedad a los veinte y pico? Y no digamos un fallecimiento en edad infantil o adolescente… son auténticas tragedias.

Afortunadamente la ciencia (en especial la medicina y la farmacología) y el desarrollo de nuestra civilización han reducido de manera radical la mortalidad en edades tempranas y alargado la esperanza de vida del conjunto de la población hasta niveles inéditos en la historia de la humanidad.

De hecho hay personas con recursos económicos casi ilimitados buscando expresamente la manera de alargar aún más la vida, su vida, lo suficiente como para, entre tanto, descubrir la inmortalidad. Y no están bromeando, quizá lo consigan.

Socialmente la muerte ha dejado de estar presente en nuestras vidas. La mayoría de las personas mueren en hospitales o residencias, con muy pocas personas cercanas a su alrededor. Cada vez hay menos “funerales” o similares y por supuesto ninguno es “de cuerpo presente”. Ya casi no se visitan las tumbas de las personas allegadas fallecidas. El duelo hay que pasarlo rápido y seguir viviendo.

Aún y con todo ello, vamos a morir, y todas las personas a las que queremos y apreciamos también. Confiamos en que sucederá cuando seamos muy mayores, y en un lógico y razonable orden de “antigüedad”… pero aunque sea la situación más probable, no es totalmente imposible que alguna tragedia se cruce en nuestro camino durante nuestra vida.

Nuestros amigos estoicos nos advierten sobre la necesidad de no perder de vista la posibilidad real de morir en cualquier momento. La posibilidad de que cualquiera de nuestros seres queridos desaparezcan de la noche a la mañana. No para angustiarnos ni para insensibilizarnos, sino para intentar aceptar en paz lo que no podemos evitar ni controlar.

Algunas citas estoicas suenan aparentemente duras, insensibles e incluso crueles. Pero conviene leerlas unas cuantas veces con tranquilidad y templanza, ejercitarse de vez en cuando serenamente en lo que inevitablemente nos acabará tocando vivir:

¿Te digo yo que no muestres tu emoción en un funeral? Claro que no. Sería algo cobarde, no valiente, ver la muerte de los tuyos como si siguieran con vida, y no ser conmovido cuando tu familia se desmiembra. SÉNECA

Nunca te diré que no sientas pena ante una pérdida, pero más de la necesaria es solo vanidad. SÉNECA

Deja que tus lágrimas fluyan, pero deja también que cesen. SÉNECA

Una parte de las personas que amamos sigue con nosotros. Ese tiempo pasado nos pertenece. SÉNECA

Cuando des un beso a tu hijo, recuerda que estás besando a un mortal. EPICTETO

Nadie se alegra menos de tu tristeza que la persona a la que se la ofreces. O bien no quiere que sufras, o bien no sabe que lo haces. Así que tu emoción no cumple ninguna función. Tus lágrimas no ayudan a nadie, y no tiene sentido prolongar lo inútil. SÉNECA

Es absurdo lamentarse por carecer de algo o porque algo te afecta adversamente. No debes sorprenderte o indignarte por las cosas que afectan a todos los humanos: muerte, enfermedad, accidentes… Cualquier cosa que el universo ponga en tu camino, acéptalo con la cabeza alta. No seas molestado por lo que no puedes evitar. SÉNECA

Ten presente cada día la muerte, el exilio y otras catástrofes. EPICTETO

Afrontamos con más valentía aquello para lo que nos hemos preparado. Los que nunca se anticiparon son presa del pánico ante hechos insignificantes. Debemos asegurarnos de que nada nos pilla por sorpresa. Y dado que es la falta de familiaridad la que hace a las cosas más imponentes de lo que son, este hábito de reflexión constante asegurará que no eres un novato ante cualquier tipo de adversidad. SÉNECA

Podrías morir ahora mismo. Que esto determine lo que haces y piensas en cada momento. MARCO AURELIO

La fuente de muchos males del hombre no es la muerte, sino el miedo a la muerte. EPICTETO

Piensa que la muerte no es nada para ti, ya que todo depende de tu percepción, y la muerte representa el cese de la percepción. Mientras existimos la muerte no está presente, y cuando la muerte se presenta, nosotros ya no existimos. SÉNECA

Nos equivocamos al buscar la muerte en el futuro, porque gran parte de la muerte reside en el pasado. Los años que están detrás de nosotros están ya en manos de la muerte. SÉNECA

Pasar tiempo conmigo mismo

orilla de la playa de Arrigunaga

Una de mis actividades favoritas de este verano ha sido pasear por los alrededores de mi casa, donde tengo la enorme fortuna de disfrutar de espléndidos paisajes naturales a unos pocos minutos caminando.

Pasear por estos lugares charlando con mi familia o con mis amistades es un enorme placer y un motivo diario de agradecimiento.

Pero este verano he descubierto que me gusta mucho también pasear conmigo mismo. Sí, caminar solo y sin escuchar ni música, ni audiolibros, ni nada. Solamente caminar y dejar vagar mis pensamientos por donde me quieran llevar mientras voy admirando el paisaje, oliendo los variados aromas del camino, escuchando los sonidos de la naturaleza, sintiendo en la cara el viento, el sol, la lluvia…

Y mientas paseo converso conmigo mismo, y me voy conociendo un poco mejor, y disfruto de estar en mi compañía también cuando estoy enfadado o irritado, o cuando estoy frustrado o con miedo… pasar tiempo conmigo mismo me ayuda a comprenderme, a quererme y a disfrutarme.

He podido comprobar con total claridad que en estos ratos de paseo conmigo mismo surgen ideas interesantes, recupero el optimismo, despejo dudas, problemas y temores, me enriquezco enormemente.

Por eso uno de mis buenos propósitos para este nuevo curso es pasear todos los días un rato conmigo y ser cada vez más una persona con la que me haga muy feliz estar a solas.

“Algún día en cualquier parte, en cualquier lugar indefectiblemente te encontrarás a ti mismo, y ésa, sólo ésa, puede ser la más feliz o la más amarga de tus horas.” Pablo Neruda

Lo que he aprendido este verano

El verano del año pasado (2020) fue para mí muy diferente a los de las décadas anteriores. Debido a la pandemia del covid-19 consideramos más prudente no viajar y por primera vez en más de 25 años, disfrutar de las vacaciones sin movernos de nuestra casa y de nuestra ciudad.

Tengo que reconocer que no fue una decisión voluntaria. Sin covid estoy seguro de que hubiera tenido unas vacaciones similares a las anteriores.

Porque la llegada de las vacaciones de verano eran para mí necesariamente sinónimo de viajes, planes con familia y con amigos en otros lugares, búsqueda de experiencias y vivencias diferentes, visitar, conocer, salir del entorno habitual y del día a día. En mi cabeza y en mi ánimo no estaba realmente de vacaciones hasta que no estaba físicamente en otro lugar, en otra casa, en otra ciudad, en otro ambiente…

Pero el covid lo cambió todo, y también mi manera de entender las vacaciones.

Este verano (2021) aún con el covid pero con algo menos de inquietud gracias a las vacunas, y gracias a la buena experiencia del año pasado, nos planteamos la opción de disfrutar realmente de unas vacaciones aquí, sin movernos ni viajar. No porque ya no quiera viajar, que me encanta y lo volveré a hacer sin duda, sino por descubrir otras posibilidades, por intentar cambiar definitivamente esa estructura mental que me autolimita y me dice que mi casa y mi entorno es para “trabajo” y para “vacación” tengo que ir necesariamente a otro sitio.

Así que estas vacaciones he aprendido a disfrutar de no estar en ningún lugar especial1 ni de hacer nada especial, simplemente pasear, ir a la playa cuando el tiempo acompaña, leer, conversar, disfrutar de mi familia, de mis amistades y de los ratos conmigo mismo…

Hacía mucho que no tenía tiempo en tanta cantidad y de tanta calidad para estar tranquila y relajadamente conmigo mismo, para pensar, para mirarme con un poco de profundidad, para decirme las verdades (con cariño y con sinceridad también), para descubrirme… Sin duda todo lo que mis amigos filósofos estoicos me han ido enseñando en estos meses pasados ha tenido un fuerte impacto en mi manera de afrontar algunas cosas.

Para mí ha sido reparador y tremendamente enriquecedor. Hasta ahora nunca pensé que disfrutaría tanto y de que estaría tan a gusto con unas vacaciones tan frugales.

Siento como si se me hubiese curado una especie de “miopía” mental que tenía hasta ahora. Como si pudiera ver más parte del paisaje, no solo una fracción. Como si me hubiese abierto en mi estructura mental una puerta que yo mismo2 me había cerrado hace mucho tiempo.

¿A partir de ahora ya no volveré a viajar en vacaciones? En absoluto; me encanta viajar y en el futuro seguro que volveré a ir de vacaciones a otras ciudades y a otros países.

Pero lo haré como una opción más, no por la obligación que me imponía esa “miopía” que tenía en mi forma de pensar. Y estoy agradecido y orgulloso de haber cambiado y evolucionado mi estructura mental.


Nota 1: he de decir que el entorno en el que vivo y el contexto personal y familiar que tengo han facilitado enormemente este proceso.

Nota 2: supongo que no ha sido una “miopía” causada exclusivamente por mi mismo, sino que algo tiene que ver también el significado que socialmente le damos a las vacaciones y un cierto seguidismo de lo que hace todo el mundo.