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Dime en lo que te fijas… y te diré quién eres

“La Salvaje”

“Te conviertes en lo que le das tu atención” – EPICTETO

Esta potente idea tiene muchas vertientes interesantes.

  • ¿Quiénes son tus modelos en la vida? ¿En que personas te fijas, a quienes prestas atención? Según en quienes pongas tu atención acabarás siendo y comportándote de una manera o de otra completamente diferentes.
  • ¿Cómo empleas tu tiempo? Ya hemos hablado de esto en otra ocasión, y al final resulta que a lo que te dedicas acaba por moldearte a tí también.
  • ¿En qué te fijas de todo lo que sucede a tu alrededor? Nuestra capacidad de ver lo que sucede es muy limitada por lo que nuestro cerebro se acostumbra a mostrarnos aquello que nos interesa y desecha lo que no nos gusta. Así que lo que veo no es lo que hay, sino la parte de lo que hay que quiero ver.

Para verlo de otro modo, esta preciosa historia que me ha traído Eddie y que viene al pelo de esta reflexión:

Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla
que ocurre en el interior de las personas.

Él dijo, “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos dentro de todos nosotros”.

“Uno es Malvado – Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.”

“El otro es Bueno – Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La misma batalla ocurre dentro de ti, y dentro de cada persona también.”

El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo:

“¿Qué lobo gana?”

A lo que el viejo Cherokee respondió: “Aquél al que tú alimentes.”

Hoy tampoco salvarás a la humanidad

Estoy volviendo a ver la serie “The Expanse” en la que la tripulación de la nave espacial Rocinante recorren el vasto espacio haciendo honor a su nombre, digamos que de quijotada en quijotada. Más o menos una vez a la semana hacen un acto heroico que salva a la humanidad de perecer miserablemente.

Si eso no es tener un estupendo propósito en la vida, que venga el mismísimo Sancho Panza y lo vea.

Pero la vida no suele ser así. La vida suele ser mucho más “aburrida” y aparentemente sin un sentido muy claro. Descubrir el propósito vital personal no es fácil en absoluto.

Yo aún estoy tratando de vislumbrarlo. He creído tener muchos propósitos a lo largo de mi vida, casi todos relacionados con “hacer del mundo un lugar mejor” por diferentes medios. Buscando un poco como la tripulación de “la Roci”, salvar al mundo mediante mi heroísmo.

Hace un tiempo que intuyo que mi ese no es un buen propósito. Que tengo que mirar más hacia dentro de mí mismo en lugar de hacia afuera para encontrar dicho propósito. Estoy en ello, ahora ya no tengo prisa, se qué tengo que trabajarme, profundizar, descubrir lugares de mi interior que ni sabía que existían… y después, quizá, sea capaz realmente de dar un sentido, un propósito real y profundo a todo lo que hago.


PD: Gracias Iñaki por el video!

No doy abasto, me ahogo

Personalmente, una de las cosas que más ansiedad y estrés me genera es cuando empiezo a pensar que se me acumulan las tareas y que no doy abasto para “sacar todo lo que entra”.

Es como si estuviera dentro de un pozo al que va entrando agua y yo la tengo que ir sacando con un cubo, pero si no saco al menos tanto como lo que entra, el nivel va subiendo y me puedo ahogar.

Cuando estoy así, la sensación que tengo es literalmente de ahogo.

Esta sensación tengo que admitir que es una de las que más me cuesta manejar y mucho más a menudo de lo que me gustaría, es ella la que acaba dominándome a mí.

Algunas de las cosas que a veces me ayudan a controlar esta ansiedad son las siguientes:

  • Acordarme de todas las veces anteriores que me he sentido del mismo modo y finalmente no he llegado a “ahogarme”, es decir, ser consciente de que ya he pasado antes por situaciones parecidas y al final nunca ha pasado nada.
  • Centrarme en la tarea y dejar de pensar en todo lo que está por hacer.
  • Ser transparente si algo no voy a poder hacer y comunicarlo. La gente en general es muy comprensiva (porque a todo el mundo le ha pasado lo mismo alguna vez)
  • Utilizar la técnica del “pomodoro“, trabajar muy concentrado en tandas de 25 minutos (sin movil, sin internet, sin notificaciones, solo a la tarea) y descansos de 5 o 10 minutos. Esta manera mejora mucho la productividad y permite sacar mucha más tarea de lo habitual, lo que hace que también mejore la percepción de lo que queda por hacer.
  • Personalmente me va bien en vez de quedarme una hora más a la noche, levantarme una hora antes al día siguiente. Después de muchas horas de trabajo mi rendimiento ya baja mucho y no compensa el esfuerzo con el resultado, y además la sensación de ansiedad crece mucho por la noche.
  • Tomar un descanso y escribir en el blog (como estoy haciendo ahora) Y si no tienes blog, que será lo más normal, parar y reflexionar un poco sobre como te estás sintiendo.
  • Tomar distancia, recordar que la vida es como un videojuego, tomar perspectiva.
  • Utilizar alguna de las técnicas habituales contra el estrés.

Como decía al principio, no siempre me funcionan, aquí tengo un amplio rango de mejora posible, pero estoy en ello.

¿Alguna que a ti te funcione y que quieras compartir?

Hoy no me puedo levantar…

¿No te pasa que a veces hay días en los que realmente te cuesta hacer las cosas que “debes” hacer?. Es como si te faltara la energía, como si tuvieras ganas de dejarlo todo para mañana porque hoy todo se te hace muy cuesta arriba.

En estas ocasiones yo suelo intentar hacer dos cosas: por un lado intento, si puedo, dejar alguna de las obligaciones que tenga y planificarla para otro momento. Eso me da margen para poder tomar un poco de aire, incluso dar un paseo (como el del video) o hacer algo que realmente me apetezca y así cambiar mi estado de ánimo y continuar con aquellas otras cosas que sí o sí tengo que hacer.

Por otro lado, intento parar un momento y pensar que eso que tengo que hacer pero que no me apetece, en realidad es una oportunidad para practicar la máxima estoica de

No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas. – Epicteto

Es decir, intento pensar que lo que tengo que hacer y no me apetece es como afrontar un día de lluvia. Preferiría un día soleado, los días de lluvia me entristecen y no me permiten hacer muchas de las cosas que me gustan. Pero racionalmente es absurdo que mi estado de ánimo dependa del día que haga, porque es algo que está fuera de mi control. Lo que sí está bajo mi control es cómo me siento yo ante el día que ha salido.

Pues intento pensar lo mismo con esas tareas o trabajos que tengo que hacer por obligación pero que o no me gustan tanto o en ese momento me resultan muy pesados. Intento pensar que son como un día de lluvia, en este momento no hay nada que pueda hacer para que el día cambie así que mejor me adapto y aprovecho para disfrutar del día de lluvia que voy a tener.

Intento visualizar un día de lluvia en el que hice algo que me gustó, o tengo un buen recuerdo, o estaba en buena compañía. Es decir, trato de visualizar un buen día de lluvia y luego pienso “bueno, se avecina un día lluvioso como aquel, así que vamos a disfrutar todo lo posible”.

Y con esto no hablo de llevar una vida de resignación haciendo cosas que no quiero hacer. Cuando esto me pasa a menudo con alguna de mis “obligaciones”, entonces trato de replantearme si realmente es algo que debo hacer y cómo puedo cambiarlo a medio plazo o qué tengo que hacer para que no se me siga haciendo tan pesado. Pero muchas veces se trata simplemente de algo puntual y que no requiere un replanteamiento profundo de la vida, ni pensar cosas como “¿si este fuera el último día de mi vida querría hacer esto que tengo que hacer?” Pues claro que no querría, pero es imposible y poco racional hacer solamente y cada día las cosas que haría si supiese que es el último día de mi vida.

El próximo día que se te haga cuesta arriba hacer las cosas que tienes que hacer, prueba a traer a tu memoria un recuerdo bonito de un día de lluvia y piensa que hoy ha salido lluvioso, pero que no por ello tiene que ser necesariamente un mal día. Y si esto te pasa muy a menudo con algún trabajo u obligación que tengas, replantéatela, busca una solución porque ya no es algo puntual y esporádico.


PD: Otra de mis conversaciones conmigo mismo. La escribo para acordarme de ella el próximo día que la necesite.

PD2: Si te apetece, comparte en los comentarios lo que tú haces cuando te ves sin fuerzas para afrontar el día. Seguro que será inspirador.

Secuelas voluntarias tras la pandemia de la covid

“Vacunometro” en el BEC

Cada vez falta menos para que se terminen los efectos más dolorosos de la pandemia de la covid que estamos viviendo, y va siendo hora poco a poco de ir hacia la “normalidad”.

Como colectivo, como sociedad, veremos a qué normalidad se vuelve o se va, pero también hay una parte individual, personal de cada cual, que merece la pena reflexionar, no sea que simplemente la corriente nos lleve por donde sea y no por donde queramos.

Personalmente hay algunas cuestiones que la pandemia me ha ayudado a resituar y sobre las que no quisiera “volver” atrás, sino incorporarlas a mi normalidad futura:

En lo profesional, voy a intentar no volver a lo que ahora me parece una “locura” de dedicación y de viajes. Además de 25.000 km al año de coche, casi todas las semanas un par de viajes en avión y media de dos o tres días a la semana fuera de casa, jornadas habituales de 10-12 horas de trabajo… Lo hacía gustosamente, nadie me obligó en absoluto, pero ahora me parece como irreal volver a algo así. Incluso tener que desplazarme sí o sí a trabajar a un sitio concreto se me hace ahora un tanto absurdo teniendo en cuenta todo lo que puedo hacer de manera mucho más eficiente desde mi propia casa. Una reducción drástica de los viajes, una moderación de la presencialidad diaria y una racionalización del tiempo dedicado al trabajo creo que es algo que me gustaría sostener en el tiempo.

En lo personal en este tiempo he ganado mucho en cuanto a conocimiento de mi mismo, a base de dedicarme más tiempo, de reflexionar, de volver a escribir, de mantener unas rutinas diarias saludables para mi cuerpo y para mi mente. Todo ello me está resultando muy beneficioso y no quiero perderlo.

También durante este tiempo mi estilo de vida ha sido especialmente frugal (no es que antes fuera nada del otro mundo, pero desde luego no tanto como ahora) en el consumo de ocio, vacaciones, bares, restaurantes, ropa, etc, etc. Creo que mi “necesidad” de muchas de estas cosas ha cambiado y me gustaría mantener en parte esta moderación voluntaria del consumo de muchas de ellas.

Por contra, lo que más echo de menos, lo que estoy deseando de volver a hacer de manera habitual es retomar el contacto social con las personas a las que quiero (familia y amigos especialmente) y que en este tiempo he mantenido bajo mínimos para preservar las medidas de seguridad.

Aún queda tiempo para que esto acabe, pero por aquí está yendo mi reflexión.

¿Y la tuya? ¿Te animas a compartirla en los comentarios? Seguro que puede ser muy inspiradora para otras personas también.

4 preguntas para responderte cada día

En el anterior post comentaba lo interesante y poderosa que es la práctica de revisarse diariamente para mejorar y lograr ser la persona que realmente quieres ser.

Tener el hábito de escribir un diario nos ayuda enormemente en esa práctica, y te comparto las 4 preguntas con las que yo me reviso cada día

  • ¿Qué he hecho hoy que me acerca a mi mejor versión?
  • ¿Qué he hecho hoy que podría hacer mejor en la siguiente ocasión?
  • ¿Qué he aprendido nuevo hoy?
  • ¿Qué tengo que agradecer hoy?

Son preguntas que me obligan a profundizar, a no quedarme en la superficie de mis comportamientos, pero por supuesto, quizá a tí te vayan mejor otras preguntas.

En todo caso, lo realmente importante es dedicar un rato cada día a ir por la vida más consciente, más profundo, más hacia donde quieres y como quieres.

Piensa bien y acertarás

La felicidad de tu vida depende de la calidad de tus pensamientos; por lo tanto, actúa como corresponde, y ten cuidado de no entretenerte en nociones inadecuadas para la virtud y la naturaleza razonable.” – Marco Aurelio

Quienes me conocéis sabéis de mi trayectoria profesional y cómo llevo unos cuantos años dedicado a cambiar radicalmente la cultura y la manera de funcionar de numerosas organizaciones de todo tipo.

Después de toda la experiencia acumulada, si en el siguiente proyecto que me tocase liderar, el genio de la lámpara me concediese un solo deseo antes de empezar para asegurar el éxito, sin duda le pediría que todas las personas empezasen a “pensar bien”.

Para mí pensar bien significa confiar en las demás personas, en que nada de lo que hacen y dicen es para dañarme, y de ese modo nunca salgo herido.

También significa que si lo que veo o leo o escucho me lleva a pensar mal de alguien, intento rápidamente apartar ese pensamiento y otorgar antes el beneficio de la duda, lo que me permite indagar en lugar de suponer e inventar.

Pensar bien significa que si alguien hace o dice algo que no me cuadra, o que me cabrea o me duele, pienso que seguramente me estoy perdiendo parte de la película y que algo está pasando que no conozco y que cuando lo sepa, muy posiblemente se aclarará todo.

En definitiva, pensar bien quiere decir que antes de juzgar y reaccionar ante lo que el mundo me pone delante, trato de hacer una pausa y situarme de manera que mi reacción me ayude, me haga mejor y más feliz.

Cuando en una reunión o en una conversación con alguien, por el motivo que sea, notes que estás empezando a “pensar mal”, puedes utilizar alguna de estas cuatro herramientas:

  • Piensa, ¿de verdad me importa tanto esto que me está diciendo o haciendo esta persona?
  • En lugar de conversar en tu cabeza e inventar, indaga, pregunta, aclara lo que no te cuadra, asegúrate de que si tu juicio es correcto.
  • No te lo tomes como algo personal, nadie puede dañarte con sus palabras si tu no le dejas.
  • Pospón la conversación o la reunión a otro momento en el que te encuentres con más ánimo para “pensar bien”

La vida me ofrece cada día docenas de oportunidades de entrenar esta actitud de “pensar bien”, y no siempre lo consigo, pero no se trata de tener éxito siempre sino de intentarlo siempre, porque insistir es lo que nos conduce a lograr nuestro propósito.


PD IMPORTANTE: Este blog es un espacio de conversación. Te agradezco infinitamente si dejas algún comentario, reflexión, opinión, contraste, idea alternativa o lo que quieras, siempre con educación y con ánimo de profundizar, crecer e inspirarnos mutuamente. Gracias!

Estado permanente de indignación

No hay más que una forma de tranquilidad mental y felicidad, y esa es no tomar las cosas externas como propias.” – Séneca

Uno de los motivos por los que he decidido abandonar completamente el uso de las redes sociales como twitter, facebook o instagram (soy un boomer, obviamente cosas como tiktok ya no me han tocado) es porque de unos años a esta parte se han convertido en una maquina permanente de generar mala leche, zascas e indignación permanente por absolutamente cualquier cuestión.

La indignación es un potente generador de dopamina, y volvemos a las redes en busca de nuestra dosis, y perdemos horas y horas ahí que es justamente el objetivo que sus multimillonarios dueños persiguen.

Pero esto, siendo malo no es lo peor: lo peor es que las redes están acabando con nuestra capacidad de conversar sosegadamente con personas que no piensen exactamente como nosotros; nos ceban como a gansos nuestro sesgo de confirmación; nos infantilizan y nos reducen la tolerancia a la más mínima incomodidad.

Y esto es justamente lo contrario que necesitamos para llevar una vida feliz y con sentido.

Desde los estoicos hace 2.300 años hasta el mítico Stephen Covey y sus 7 hábitos, sabemos perfectamente que si hacemos depender nuestro estado de ánimo de cosas que están fuera de nuestro control, solo obtenemos la frustración, el miedo, el dolor, la indignación… y ninguna de esas cosas nos acerca ni remotamente a una vida plena.

Y resulta que fuera de nuestro control, de nuestro exclusivo control, está TODO excepto lo que nosotros mismos pensamos, decimos y hacemos. NADA de lo que sucede o nos sucede a nuestro alrededor, y mucho menos NADA de lo que otras personas piensan, dicen o hacen está bajo nuestro control y por lo tanto, nada de ello debería importarnos porque es absurdo hacer depender nuestra vida y nuestro estado de ánimo.

Es lo que se conoce como la dicotomía de control, de la que a buen seguro hablaremos mucho en este blog y que explica muy bien Fabian en este divertido video

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¿Se conocieron los filósofos griegos y los naguales toltecas?

Los “Atlantes” de la ciudad tolteca de Tula

“No vemos la verdad porque estamos ciegos. Lo que nos ciega son todas esas falsas creencias que tenemos en la mente.“ – Miguel Ruiz

La respuesta a la pregunta del título es que obviamente no, pero por su forma de pensar algunas cuestiones pareciera lo contrario.

En el famoso libro “Los cuatro acuerdos: un libro de la sabiduría tolteca” del nagual Dr Miguel Ruiz, explica los cuatro comportamientos que hay que desarrollar para tener una vida plena:

  • No supongas: no des nada por supuesto. Si tienes duda, aclárala. Si sospechas, pregunta. Suponer te hace inventar historias increíbles que solo envenenan tu alma y no tienen fundamento.
  • Honra tus palabras: sé coherente con lo que piensas y con lo que haces. Ser auténtico te hace respetable ante los demás y ante tí mismo
  • Haz siempre lo mejor: si siempre haces lo mejor que puedes, nunca te recriminarás ni te arrepentirás de nada.
  • No te tomes nada personalmente: en la medida que alguien te quiere lastimar, ese alguien se lastima a sí mismo y el problema es suyo y no tuyo.

¿No te resuenan estas ideas a las de los estoicos con sus cuatro virtudes de la sabiduría, la justicia, el coraje y la templanza?

Pero no es casualidad. En este interesantísimo estudio, se analizaron distintas culturas, corrientes filosóficas y religiones, llegando a la conclusión de que hay 6 “virtudes” y 24 “fortalezas” prácticamente universales en todas ellas:

  • Sabiduría y conocimiento, dentro de las que se incluyen creatividad, curiosidad, mentalidad abierta, amor por el conocimiento y perspectiva.
  • Coraje, que comprende valentía, perseverancia, vitalidad y autenticidad.
  • Humanidad, en las que figuran amabilidad, inteligencia social y amor.
  • Justicia, a la que pertenecen la capacidad de trabajar en equipo, equidad y liderazgo.
  • Templanza: Autorregulación, prudencia, perdón y modestia.
  • Trascendencia: Apreciación de la belleza y la excelencia, gratitud, esperanza, humor y espiritualidad.

Parece que el camino hacia la eudaimonia, hacia esa vida plena, tiene unas cuantas señales muy claras… ¡la cuestión es ponerse en marcha lo antes posible!

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4 actitudes en la vida que te convertirán en mejor persona

El emperador Marco Aurelio, uno de los más grandes filósofos estoicos de la antigüedad.

No gastes más tiempo argumentando acerca de lo que debe ser un buen hombre. Sé uno.” – Marco Aurelio

Sabemos que nuestros pensamientos condicionan nuestras acciones, y que nuestras acciones determinan realmente quiénes somos.

Por eso la filosofía no consiste solo en reflexión, sino que a través de ella, podemos conocernos mejor, comprender el mundo y actuar modificando nuestras comportamientos para crecer como personas, para evolucionar y alcanzar nuestra mejor versión.

“Filosofar” debiera ser una de nuestras principales ocupaciones en la vida.

Para el estoicismo (y en próximos artículos veremos que también para otras corrientes de pensamiento) hay unos pocos comportamientos o “virtudes” fundamentales que debemos practicar: la sabiduría práctica, el coraje, la justicia y la templanza.

Veamos brevemente cada una de ellas:

  • La Sabiduría Práctica: conocerse a uno mismo en profundidad, buscar la verdad, la claridad, lo que la naturaleza nos enseña, no dejarnos llevar por prejuicios, sesgos y creencias. Todo ello nos da la sabiduría para tomar las decisiones adecuadas en cada momento, para saber distinguir con claridad lo que es correcto de lo que no.
  • La Justicia: para el estoicismo buscar la justicia era buscar la armonía con lo que es natural al ser humano, y la naturaleza humana es buscar el bien común de todos los seres. No hay comportamiento justo que pueda perjudicar al bien común.
  • El Coraje: saber lo que hay que hacer no sirve de nada si no lo hacemos, independientemente del contexto, de las consecuencias, de lo que nos suceda. Tener miedo es humano, no hacer lo correcto por miedo nos deshumaniza y nos aleja de la auténtica felicidad, de la vida buena.
  • La Templanza: la moderación, la disciplina, el autocontrol, la constancia, el “insistencialismo”; no dejarse llevar por la pereza ni por el desánimo; perseverar en buenos hábitos.

Poner en práctica esta manera de actuar en nuestro día a día sin duda que nos convierte en mejores personas, y como decía Marco Aurelio:

Si llevas a cabo la tarea presente de acuerdo con la razón recta, con diligencia, con fuerza, con buen ánimo y no te desvías en nada accesorio sino que vigilas que tu espíritu divino permanezca puro como si ya hubiera que devolverlo, si te agarras a eso sin esperar ni evitar nada, sino que te conformas en tu actuación presente a la naturaleza y en lo que dices y declaras a la verdad romana, tendrás una buena vida. Nadie hay que pueda impedírtelo.” – Marco Aurelio