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Dime en lo que te fijas… y te diré quién eres

“La Salvaje”

“Te conviertes en lo que le das tu atención” – EPICTETO

Esta potente idea tiene muchas vertientes interesantes.

  • ¿Quiénes son tus modelos en la vida? ¿En que personas te fijas, a quienes prestas atención? Según en quienes pongas tu atención acabarás siendo y comportándote de una manera o de otra completamente diferentes.
  • ¿Cómo empleas tu tiempo? Ya hemos hablado de esto en otra ocasión, y al final resulta que a lo que te dedicas acaba por moldearte a tí también.
  • ¿En qué te fijas de todo lo que sucede a tu alrededor? Nuestra capacidad de ver lo que sucede es muy limitada por lo que nuestro cerebro se acostumbra a mostrarnos aquello que nos interesa y desecha lo que no nos gusta. Así que lo que veo no es lo que hay, sino la parte de lo que hay que quiero ver.

Para verlo de otro modo, esta preciosa historia que me ha traído Eddie y que viene al pelo de esta reflexión:

Una mañana un viejo Cherokee le contó a su nieto acerca de una batalla
que ocurre en el interior de las personas.

Él dijo, “Hijo mío, la batalla es entre dos lobos dentro de todos nosotros”.

“Uno es Malvado – Es ira, envidia, celos, tristeza, pesar, avaricia, arrogancia, autocompasión, culpa, resentimiento, soberbia, inferioridad, mentiras, falso orgullo, superioridad y ego.”

“El otro es Bueno – Es alegría, paz, amor, esperanza, serenidad, humildad, bondad,
benevolencia, amistad, empatía, generosidad, verdad, compasión y fe. La misma batalla ocurre dentro de ti, y dentro de cada persona también.”

El nieto lo meditó por un minuto y luego preguntó a su abuelo:

“¿Qué lobo gana?”

A lo que el viejo Cherokee respondió: “Aquél al que tú alimentes.”

Hoy no me puedo levantar…

¿No te pasa que a veces hay días en los que realmente te cuesta hacer las cosas que “debes” hacer?. Es como si te faltara la energía, como si tuvieras ganas de dejarlo todo para mañana porque hoy todo se te hace muy cuesta arriba.

En estas ocasiones yo suelo intentar hacer dos cosas: por un lado intento, si puedo, dejar alguna de las obligaciones que tenga y planificarla para otro momento. Eso me da margen para poder tomar un poco de aire, incluso dar un paseo (como el del video) o hacer algo que realmente me apetezca y así cambiar mi estado de ánimo y continuar con aquellas otras cosas que sí o sí tengo que hacer.

Por otro lado, intento parar un momento y pensar que eso que tengo que hacer pero que no me apetece, en realidad es una oportunidad para practicar la máxima estoica de

No esperes que los eventos sucedan como deseas, sino desea que ocurran como son, y tu vida transcurrirá sin problemas. – Epicteto

Es decir, intento pensar que lo que tengo que hacer y no me apetece es como afrontar un día de lluvia. Preferiría un día soleado, los días de lluvia me entristecen y no me permiten hacer muchas de las cosas que me gustan. Pero racionalmente es absurdo que mi estado de ánimo dependa del día que haga, porque es algo que está fuera de mi control. Lo que sí está bajo mi control es cómo me siento yo ante el día que ha salido.

Pues intento pensar lo mismo con esas tareas o trabajos que tengo que hacer por obligación pero que o no me gustan tanto o en ese momento me resultan muy pesados. Intento pensar que son como un día de lluvia, en este momento no hay nada que pueda hacer para que el día cambie así que mejor me adapto y aprovecho para disfrutar del día de lluvia que voy a tener.

Intento visualizar un día de lluvia en el que hice algo que me gustó, o tengo un buen recuerdo, o estaba en buena compañía. Es decir, trato de visualizar un buen día de lluvia y luego pienso “bueno, se avecina un día lluvioso como aquel, así que vamos a disfrutar todo lo posible”.

Y con esto no hablo de llevar una vida de resignación haciendo cosas que no quiero hacer. Cuando esto me pasa a menudo con alguna de mis “obligaciones”, entonces trato de replantearme si realmente es algo que debo hacer y cómo puedo cambiarlo a medio plazo o qué tengo que hacer para que no se me siga haciendo tan pesado. Pero muchas veces se trata simplemente de algo puntual y que no requiere un replanteamiento profundo de la vida, ni pensar cosas como “¿si este fuera el último día de mi vida querría hacer esto que tengo que hacer?” Pues claro que no querría, pero es imposible y poco racional hacer solamente y cada día las cosas que haría si supiese que es el último día de mi vida.

El próximo día que se te haga cuesta arriba hacer las cosas que tienes que hacer, prueba a traer a tu memoria un recuerdo bonito de un día de lluvia y piensa que hoy ha salido lluvioso, pero que no por ello tiene que ser necesariamente un mal día. Y si esto te pasa muy a menudo con algún trabajo u obligación que tengas, replantéatela, busca una solución porque ya no es algo puntual y esporádico.


PD: Otra de mis conversaciones conmigo mismo. La escribo para acordarme de ella el próximo día que la necesite.

PD2: Si te apetece, comparte en los comentarios lo que tú haces cuando te ves sin fuerzas para afrontar el día. Seguro que será inspirador.

No confundas lo que pasa con lo que eres. La vida es en realidad un videojuego.

Pinar de La Galea

Tranquilidad que no voy a escribir de las teorías que hablan de que es plausible pensar que nuestra vida sea en realidad una simulación. Son teorías sugerentes pero me resultan poco útiles en la práctica.

Lo que sí es práctico y útil para nuestra vida es poder tomar distancia de lo que sucede a nuestro alrededor y poder diferenciarlo de lo que somos. Y ahí es donde actuar como si la vida fuera una simulación, un videojuego, nos puede ayudar de manera práctica.

Ojo, no pretendo que lo que voy a exponer sea real, simplemente creo que es una herramienta interesante que me puede ayudar a afrontar la vida con sabiduría, justicia, coraje y templanza (es decir, al estilo estoico)

Imagino la vida como un videojuego de estos tipo “sandbox“, un gigantesco Minecraft (a veces se parece más a un enorme GTA, jejej)

Yo soy el jugador. Y cuando digo yo me refiero a “mi ser”, que con respecto al juego es inmaterial y atemporal. Yo juego la partida, pero lo que sucede en el juego no afecta a mi ser: si corro mi ser no se cansa, si me hieren mi ser no sufre, si muero mi ser no perece… porque yo (mi ser) estoy fuera de las limitaciones del juego.

Mi mente por el contrario es mi “avatar” en el juego, es el personaje con el que juego. Y mi mente cree que el juego es real, que lo que le sucede es real. Mi mente juega la partida constantemente y, si mi ser no toma las riendas, juega en modo automático, por su cuenta.

En consecuencia, todo lo que pasa en el juego, le pasa a “mi mente” no a “mi ser”, y por lo tanto no me pasa a mí, sino al personaje con el que juego la partida.

Y aquí viene para mí lo interesante, porque los filósofos estoicos no sabían nada de videojuegos, pero en el fondo nos enseñan a vivir de este modo, considerando que lo que sucede a nuestro alrededor es parte de un videojuego y que no debemos dejar que nos afecte a nosotros, porque no es real, y por lo tanto podemos tomárnoslo como queramos. Ellos hablaban de la idea de “distanciarse” de la realidad o de “mirar desde arriba” para poder obtener una perspectiva más adecuada.

Si sufrimos, nos enfadamos, tenemos miedo, nos alegramos, estamos eufóricos, no es por lo que pasa en el juego, ya que lo que pasa en el juego no puede afectarnos directamente. Es porque nosotros decidimos que nos afecte, pero podríamos decidir otra cosa: si estoy echando una partida y no me sale lo que quería hacer u otro jugador me gana, esto no sucede realmente, pero yo puedo si quiero frustrarme, enfadarme, tirar el mando contra el suelo, gritar y chillar… pero en realidad podría también simplemente seguir jugando, o echarme a reir, o lo que quisiera, porque todo lo que está fuera de mí es parte del videojuego, y nada de lo que que pasa en el videojuego me puede afectar realmente, si yo no quiero.

A veces cuando estoy especialmente estresado o enfadado o frustrado, me ayuda mucho utilizar esta imagen: me veo jugando un hiperrealista GTA en el que a mi personaje le ha sucedido lo que me está estresando, enfadando o frustrando, y yo lo estoy viendo con el mando en la mano y tomando conciencia de que lo que “me” pasa, está en el juego, no en mí, y entonces puedo simplemente tomar los mandos y hacer lo que quiera…

Un tiempo muerto

Cala de Kantarepe

El otro día trabajando con un equipo veíamos la necesidad de que tuvieran una herramienta que les permitiese parar determinadas conversaciones que, por falta de confianza y de empatía, les llevaban a situaciones muy conflictivas.

Trabajamos la idea de pedir y ofrecer un “tiempo muerto” cuando fuese necesario, con unas reglas muy concretas y determinadas.

Lo traigo aquí a colación porque creo que es una propuesta que nos puede servir en nuestro día a día, no solo en lo profesional sino en lo personal, y que adaptándolo a otras situaciones tiene una base y un fondo que nos puede resultar muy útil.

La idea es muy sencilla y tiene dos partes:

  1. Cuando soy la parte que escucha en la conversación:
  • No te tomes nada de lo que se diga como un ataque personal.
  • Si aún así sientes que alguien te ataca, pide un “tiempo muerto”, exponlo serena y abiertamente: en un entorno de equipo por ejemplo, esto puede estar incluso pactado previamente con un gesto o con una palabra. En otras conversaciones podemos hacerlo expresamente, pidiendo parar o posponer la conversación y explicando el motivo
  • Reconoce que cómo te sientes es tu responsabilidad y pide apoyo para poder cambiar la emoción: al pedir parar la conversación es absolutamente clave hacerlo porque me estoy sintiendo mal, atacado, incomodo o lo que sea. No porque me hacen mal, me atacan o me incomodan. Ya hemos aprendido que la reacción a cualquier situación es nuestra responsabilidad y es importante que explicitarselo a nuestro interlocutor.
  • Busca patrones en tus reacciones y trata de conocerte mejor y crecer: además de la situación concreta, conviene buscar el aprendizaje a largo plazo.
  1. Cuando soy la parte que habla en la conversación:
  • Pon cuidado en decir lo que quieres decir para no herir a nadie: aunque la responsabilidad de reaccionar a nuestras palabras está en nuestro interlocutor, eso no significa que podamos decir lo que queramos “caiga quien caiga”, sino que debemos intentar ser asertivos y decir lo que queremos sin dañar
  • Si aún así alguien se siente herido y pide un “tiempo muerto”, no discutas, pide disculpas e intenta sanar la herida: cómo se siente la otra persona es siempre verdad, no podemos discutirle. Si nos dice que se siente incomodo, con eso basta, debemos tratar de cambiar lo que nos pida para mejorar la comunicación
  • Aunque no era tu intención herir, lo has hecho, y has aprendido una manera en la que no debes decirle las cosas a esa persona: de nuevo intentamos aprender no solo para la situación concreta sino que buscamos aprendizajes a largo plazo

Un ejemplo de conversación podría ser algo así:

Otra persona: Dice algo que me está sentando mal

Yo: “Perdóname, quiero pedirte que paremos un momento la conversación porque me estoy sintiendo incomodo/mal/dolido. Se que no es tu intención, es cosa mía, y necesito un momento para recomponerme.”

Otra persona: “Por supuesto, no era mi intención hacerte sentir así. Dime lo que necesitas para continuar la conversación cuando estés bien”

Yo: “Te lo agradezco. Paramos unos minutos y en seguida lo retomamos”

Se que puede sonar un poco “forzado”, pero en realidad no lo es, es muy sencillo y funciona a las mil maravillas.

¡Libertad!

Debido a la pandemia del covid-19 los gobiernos de todo el mundo han tomado duras medidas de restricción de movimientos de la ciudadanía así como otras muchas relacionadas con horarios, actividades sociales, etc.

Esto ha chocado frontalmente con la idea de libertad que el occidente capitalista ha construido y tratado de exportar a todo el mundo desde hace décadas: la libertad de que cada cual haga lo que quiera, cuando quiera y como quiera con las mínimas limitaciones impuestas por el estado o por las convenciones sociales.

Una idea de libertad que se construye sobre la capacidad de acción del individuo. Una libertad que es algo que se despliega externamente y que solo desde fuera se puede limitar porque el individuo es por naturaleza libre y en consecuencia solo pierde su libertad por las limitaciones externas de otros individuos.

En ese contexto, efectivamente la libertad es poder ir a tomarme unas cañas a donde quiera y cuando quiera, y quien me lo impida está limitando gravemente mi libertad.

Es curioso porque nuestros filósofos estoicos de cabecera tienen una idea muy distinta de lo que es la libertad. Y digo curioso porque, por ejemplo, el propio Epicteto fue durante buena parte de su vida un esclavo, y sin embargo esto es lo que nos dice sobre quien es una persona libre.

Ninguna persona es libre si no es dueña de sí misma. – EPICTETO

Resulta que para el ex esclavo Epicteto, la libertad no es hacer lo que quiera, sino que reside en su interior, en el dominio de si mismo. Sorprendente.

Pero no solo eso, es que nos dice una frase tremenda para reflexionar. ¿Será verdad que quien no es dueño de sí mismo no es libre? Si así fuera tendríamos que reformular toda nuestra idea de libertad porque resultaría que personas a las que nada externo les impide ni les limita su libre albedrío no serían libres debido a que no son dueñas de si mismas.

Vale, ¿y en qué se concretaría según el estoicismo esta idea de libertad, qué es lo que realmente nos limita la libertad? Veamos:

¿Preguntas qué es libertad? No temer a los hombres ni a los dioses, no desear algo deshonesto ni excesivo y tener el completo dominio de uno mismo. – SÉNECA

Vigila constantemente tus percepciones, ya que estás protegiendo algo nada despreciable: tu respeto, tu valía, tu templanza, tu serenidad. En una palabra, tu libertad. – EPICTETO

La libertad no se logra satisfaciendo deseos, sino eliminándolos. – EPICTETO

Así que lo que realmente nos aleja de nuestra libertad son nuestros temores, nuestros deseos, nuestras percepciones y nuestras falta de auto dominio.

¿Cuánto tiempo de nuestra vida dedicamos a alcanzar nuestra auténtica y verdadera libertad?

Pasatiempos

Millones anhelan la inmortalidad y no saben qué hacer con sus vidas una lluviosa tarde de domingo. – SUSAN ERTZ

Últimamente le estoy dando muchas vueltas al tema del “uso” del tiempo y como centrarme adecuadamente entre mis dos pulsiones extremas que son por un lado intentar hacer productivo cada minuto y por otro lado querer pasar el tiempo sin hacer nada… hace poco un buen amigo me decía que era el vago más currela del mundo, y me sentí muy identificado con esa idea.

Mi debate interno va por estos lares:

  • Me gusta trabajar, me gusta mi trabajo actual. Mi trabajo me hace crecer y desarrollarme como profesional, pero también como persona. Además mi trabajo es de ese tipo del que podrías dedicarle 24/7 y aún así no se acabaría nunca, siempre habría algo más que poder hacer. Esa combinación de trabajo infinito con placer por trabajar me ha llevado a que ha habido épocas en las que era un auténtico workaholic y es un lugar al que no merece la pena llegar.
  • Por otro lado me gusta no hacer nada, no solo no hacer nada “productivo” sino nada de nada, simplemente pasar el rato. Pero luego me siento fatal porque pienso que el tiempo es lo más valioso que tengo y que lo estoy malgastando miserablemente.
  • Y por otro lado tengo sueños, ideas, proyectos a los que podría dedicar también mucho tiempo y no sería exactamente “trabajo”… pero un poco también… y entonces quizá volver a caer en la adicción.

En este post anterior citaba unas cuantas inspiradoras reflexiones que básicamente nos invitan a no desperdiciar el tiempo, a no postergar, a no malgastarlo en cosas que no merezcan la pena.

Por otro lado, también hay algunas ideas interesantes sobre la idea del descanso:

Debemos relajar la mente de vez en cuando. Volverá fortalecida a su trabajo tras el descanso. – SÉNECA

No debemos mantener la mente en constante tensión, sino darle espacios de distensión. El placer en moderación relaja la mente y le da equilibrio. – SÉNECA

Te digo: haz lo que la naturaleza demanda de ti. Y respondes: el descanso también es necesario. Y es cierto, la naturaleza demanda cierto descanso, así como cierta comida y bebida. Sin embargo tiendes a ir con todo esto más allá de lo necesario, y a quedarte corto a la hora de hacer lo que debes. – MARCO AURELIO

La verdad que aún no soy capaz de encontrar un equilibrio adecuado (escribo a ver si eso me ayuda a lograrlo) pero sí voy teniendo algunas pistas que pienso ir explorando:

  • Hay actividades para “pasar el tiempo” que ya no es que no sean productivas, es que no me aportan nada en ningún sentido y además cuando las hago me siento mal conmigo mismo: vagar por las redes sociales, jugar a juegos en el móvil, estar delante de la tele pero sin ver nada en concreto, y cosas así. Este tipo de cosas sí son claramente malgastar el tiempo y estoy tendiendo a abandonarlas completamente.
  • El trabajo no puede ser mi única afición, por mucho que me guste.
  • Aprovechar el tiempo no tiene que ver solo con hacer cosas. Pasar tiempo a solas conmigo mismo es importante también. No sea que acabe siendo un desconocido para mí mismo.
  • Los días buenos, esos en los que siento que he aprovechado el tiempo pero no que estoy agotado, son días en los que efectivamente he podido hacer muchas cosas distintas como trabajar, pasear, cocinar, charlar, hacer tareas de casa, pensar, leer, escribir, pero ninguna de ellas de manera “compulsiva”. Parece que una clave de nuevo es la moderación, especialmente en aquellas cosas que me gustan y que son aparentemente positivas.

Los años que nos quedan por vivir

A mis 51 años es muy muy improbable que vaya a vivir otro tanto como lo que ya he vivido.

Incluso con los hábitos más saludables (no fumar, beber poco, controlar el peso, dormir bien, mantener el estrés a raya, hacer ejercicio moderado, ser sociable, mantenerme mentalmente activo) y si la genética y la suerte me acompañan, puede que viva otros 25, 30 o a lo sumo 40 años. También me puedo morir mañana, pero no es muy probable y además me viene fatal 😉

Cada año es una año menos que me queda por vivir. Parece una obviedad, pero cuando era más joven no lo veía así, más bien al contrario: cada año era un año mayor y podía hacer más cosas que el anterior.

Aún así, 25 o 30 años son muchos años aún. Son más o menos los mismos que he llevado una vida “independiente”, los mismos que desde que empecé a hacer “mi vida” y me han dado mucho de si, ya lo creo.

Pero, ¿cómo aprovecharlos adecuadamente? ¿Cómo estar seguro de llegar al final, echar la vista atrás y pensar “he tenido una buena vida, he aprovechado el tiempo que se me ha dado”?

Mis filósofos estoicos de cabecera le dieron muchas, pero muchas vueltas a esto y de entre las páginas y páginas que escribieron sobre el tema, hay algunas enseñanzas que me resultan especialmente inspiradoras.

Lo primero es tomar conciencia de que el tiempo es nuestra más preciada posesión y debiéramos cuidarla y utilizarla en consecuencia:

Lo único que nos pertenece es nuestro tiempo.- SÉNECA

Las personas son cuidadosas con su propiedad personal, y sin embargo derrochan su tiempo con facilidad, precisamente con lo que deberían ser más avariciosos. – SÉNECA

Nadie valora el tiempo, y lo gastamos de manera extravagante. Pero piensa en la reacción de esas mismas personas cuando el médico les dice que su muerte está cerca. Estarían dispuestos a dar todo lo que tienen por vivir un poco más. – SÉNECA

Despilfarrar el tiempo, derrocharlo en cosas inútiles o que no merecen la pena es algo de lo que tenemos que estar siempre pendientes, aprendiendo a no dedicar tiempo a lo que no nos aporta nada bueno (y ojo, eso no significa para nada no tener tiempo para el ocio, para el descanso o el disfrute)

No es que tengamos poco tiempo, sino que desperdiciamos mucho. La vida, si sabes usarla, es larga. – SÉNECA

Pensamos que solo compramos cosas que pagamos con dinero, mientras que consideramos gratis las cosas que pagamos con nuestro tiempo. – SÉNECA

No pases el tiempo que te queda pensando en las opiniones de otros, ya que te aleja de tu propio trabajo. – MARCO AURELIO

Es mucho mejor curarse que buscar venganza por el daño. La venganza desperdicia mucho tiempo y te expone a nuevas heridas. – MARCO AURELIO

Cuánto tiempo ahorra el que no se da la vuelta constantemente para ver lo que su vecino dice, hace o piensa. – MARCO AURELIO

La mayoría de lo que hacemos y decimos no es esencial. Si lo puedes eliminar ganarás tiempo y tranquilidad. Pregúntate en todo momento, ¿es esto necesario? – MARCO AURELIO

No des a las cosas pequeñas más tiempo del que merecen. – MARCO AURELIO

Cuántos han robado parte de tu vida cuando no eras consciente de lo que perdías. Cuánto has desperdiciado en preocupaciones infundadas, deseos avariciosos y diversiones sociales. Y qué poco de tu tiempo te quedó para ti.- SÉNECA

Ojo a lo que le prestas atención y en lo que te enfocas, no pierdas tiempo pensando en lo que dirán los demás, pensando en la venganza o preocupado por lo que hacen o dicen otros. No dejes que otras personas, preocupaciones o deseos vanos te roben el tiempo.

Y sobre todas las cosas, deja ya de postergar lo que quieres hacer! No lo dejes para mañana!

El mayor lastre de la vida es la espera del mañana y la pérdida del hoy. – SÉNECA

La postergación es el mayor derroche de vida: se lleva los días según llegan, y nos niega el presente al prometernos el futuro. El principal obstáculo para la vida es la expectativa, que nos atrae con el mañana y nos hace perder el hoy. – MARCO AURELIO

Recuerda cuanto tiempo llevas postergando esto. Tu tiempo es limitado. Si no lo usas para liberarte se habrá ido, y nunca regresará. – EPICTETO

Piensa en todas las veces que te has dicho «Lo haré mañana». Tu tiempo es limitado, usa cada momento sabiamente. – MARCO AURELIO

No dejes echar raíces a tus prejuicios

Lo que ha hecho es muy grave. Su comportamiento es inadmisible. Menuda falta de profesionalidad. Increíble. No lo entiendo, no me cabe en la cabeza. Y además esto no es de hoy, viene ya de lejos. Una más…

Estos han sido tus pensamientos durante toda la semana después de lo que pasó en el trabajo.

Enfado, frustración y decepción han sido tus sensaciones principales ante lo sucedido.

Has juzgado y condenado sin audiencia previa ni apelación.

Y poco a poco esa semilla de prejuicio a la que permitiste echar raíces se va alimentando con tus juicios rápidos, tu falta de empatía y tu pereza para afrontar de otra manera la situación.

Y ante cada nueva situación ves la confirmación de tu prejuicio y este sigue creciendo y pronto llegará un momento que será tan grande que ya no podrás hacer nada.

¿Qué harían mis admirados maestros estoicos en esta situación?

Es más fácil controlar las impresiones cuando son pequeñas que cuando ganan fuerza. – SÉNECA

Cuando pienses que alguien te ofende o te insulta, no te dejes llevar por esa impresión. Recuerda que no es su comportamiento lo que te daña, sino tu juicio. – EPICTETO

Si un evento externo te causa malestar, no es el evento en sí el que te daña, sino tu juicio sobre él. Y tienes el poder de cambiar tu juicio. – MARCO AURELIO

Nos convertimos en filósofos para descubrir la verdad y lo que es simplemente el resultado accidental de razonamientos equivocados, juicios apresurados o lecciones bien intencionadas pero equivocadas de nuestros padres y profesores. – EPICTETO

Ahora ya lo sabes: ponte delante de tu prejuicio, échale coraje y arráncalo de raíz! Nada de lo que te muestra es verdad, hay otra historia que desconoces, indaga, empatiza, busca la verdad, no la comodidad del juicio rápido.


PD: Fragmento de reciente conversación conmigo mismo

¿Has tenido un día de mierda?

Crees que tienes que habértelas con muchas dificultades, pero la verdad es que la mayor dificultad está en ti y tú eres el mayor estorbo para ti mismo. – SÉNECA

Hay días que todo son problemas, que nada sale como debiera, que te topas con las personas que menos te apetecen o que simplemente estás cansado o irritable… y piensas que menuda mierda de día te ha tocado.

Luego llega la noche y al repasar lo acontecido te das cuenta de que, en realidad, todo lo que ha sucedido que te ha parecido tan desilusionante estaba fuera de ti. Y que lo que realmente ha convertido el día en una mierda de día ha sido tu comportamiento, tus reacciones antes las situaciones que se te han presentado.

Estabas irritable ¿por qué?, estabas cansado ¿por qué?, estabas desanimado ¿por qué?… porque de algún modo te compensaba, te situaba como víctima de los acontecimientos, te permitía “dimitir” de tus responsabilidades.

Pero lo que de verdad de irrita, te cansa y te desanima es, una vez más no comportarte como sabes que puedes y debes. No ser capaz de hacer tu parte y aceptar el resultado que venga, sin juicios, sin frustraciones, sin aspavientos.

¿Crees que el sabio es molestado por sus problemas? No, los usa. Fidias hacía sus estatuas de marfil, pero también de bronce. Le dieras el material que le dieras, hubiera hecho la mejor estatua posible. Y así debe obrar el sabio, haciendo lo mejor posible con el material que le ofrece el destino. – SÉNECA

Pero no importa, seguro que mañana o pasado volverás a ser puesto a prueba, la vida te volverá a examinar de tu templanza, de tu coraje y de tu sabiduría… y tendrás, esta vez sí, la ocasión de ponerlas en práctica.

Y así un poco mejor en cada ocasión, “fallando” cada vez menos frecuentemente, revisándote y mejorando… poco a poco, sin prisa, sin pausa, despacio, lejos.


PD: fragmento de una conversación reciente conmigo mismo

Esto es todo lo que necesitas

Juicio objetivo, ahora, en este momento. Acción racional, ahora, en este momento. Aceptación incondicional de todos los eventos externos, ahora, en este momento. Esto es todo lo que necesitas. – MARCO AURELIO

Qué fácil y que bien suena así dicho y leído… pero qué difícil es de practicar. Especialmente hacerlo de manera continua y sostenida.

Este es mi mantra de esta semana. Lo tengo en la pantalla del móvil para que no se me olvide, para tenerlo presente, para que pueda echar mano de él rápidamente.

Porque se lo que tengo que hacer, se cómo me tengo que comportar, se qué sentimientos me hacen bien y cuales no, se qué los puedo elegir y controlar… y aunque lo se, muchas veces elijo no hacerlo.

A veces prefiero no estar tan presente, tan consciente, pensando que así lo malo pasará. Como el niño que se esconde bajo las sábanas para ahuyentar el miedo.

Y entonces tengo que traer a mi mente esta frase, para reunir el coraje de volver a estar aquí, a aceptar lo que no puedo controlar, y a hacerme cargo de lo que sí puedo manejar.


PD: hoy no iba a haber post. No tenía la “inspiración”. Pero tu telegram me ha devuelto a mi sitio. Gracias!