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Pablo Aretxabala (www.linkedin.com/in/pabloaretxabala)

Autónomo, SL, Cooperativa… ¿Cuál es la elección correcta?

Si estás pensando en abrir un pequeño negocio o iniciar una actividad profesional, una de las primeras dudas que tendrás será bajo qué forma jurídica desarrollarla.

Aunque cada caso es diferente y conviene hacer un análisis específico, hay algunas cuestiones generales que te pueden orientar para tener algunas primeras nociones básicas:

Como trabajador autónomo:

Es una manera muy adecuada si vas a desarrollar una actividad profesional individual, o si no tienes previsto tener otros socios en tu negocio, ni vas a necesitar de mucha financiación bancaria ni de mucho personal contratado.

Podrás comenzar a operar muy rápidamente, prácticamente de un día para otro ya que son muy pocos los trámites para ello: alta en el RETA de la Seguridad Social, declaración censal en Hacienda (036) y las licencias que requiera tu negocio.

La carga administrativa no es muy grande ya que solo hay que hacer las declaraciones fiscales de IVA e IRPF, por lo que te podrás encargar directamente, o mejor, dejarlo en manos de una asesoría profesional que te cobrará una cantidad muy pequeña y así te liberarás para hacer crecer tu negocio, que es lo que verdaderamente te interesa.

Los principales inconvenientes de esta fórmula son dos: por un lado que no hay separación entre tu patrimonio y el de tu actividad, por lo que si requieres endeudarte, responderás con todo tu patrimonio presente y futuro. Y por otro lado, al tributar a través del Impuesto de la Renta, si tu rendimiento es de cierto importe (depende de los casos, pero a partir de 50k o 60k anuales) la carga fiscal que tendrás será más alta que con otras figuras societarias.

Como Sociedad de Responsabilidad Limitada (la más sencilla, la SL):

La SL es muy adecuada para pequeños negocios con varios socios, de los cuales, algunos solo aportan inversión, pero no van a trabajar en dicho negocio. También es muy interesante aunque sea un único socio, pero la actividad va a requerir de cierto volumen de financiación bancaria o hay algún riesgo importante de endeudamiento, o cuando va a ser necesario contar con un cierto número de personal contratado.

Las grandes ventajas es que hay una separación del patrimonio de los socios y el de la empresa, de manera que (en principio) los socios solo arriesgan el capital aportado, y en caso de que la empresa no salga como estaba previsto, es más fácil de cerrar sin afecciones personales.

Además, en determinados entornos y sectores, operar con una SL da una imagen de mayor solidez y profesionalidad.

El coste de arranque es un poco más alto y la tramitación es un poco más larga, pero se puede empezar a operar en unos 10 días: se solicita el nombre al registro mercantil, se abre una cuenta bancaria, se deposita el capital (3.000€ mínimo), se constituye la sociedad ante notario y se registra, tras lo cual se procede a las altas en Seguridad Social y en Hacienda, y ya se puede iniciar la actividad.

La gestión administrativa de la sociedad es un poco más compleja ya que hay que llevar obligatoriamente los libros contables y eso te va a requerir contar con una asesoría especializada, pero los honorarios hoy en día son muy asequibles para cualquier negocio.

Como Cooperativa:

Dentro de los tipos de sociedades que se pueden utilizar, la cooperativa es especialmente interesante cuando queremos desarrollar un negocio en el que todos los participantes van a ser trabajadores, y a futuro no queremos que haya personal empleado, sino que queremos que todos sean igualmente socios.

La Cooperativa tiene todas las ventajas de la SL y además implica una gestión democrática y transparente de la empresa. Además tiene algunos beneficios fiscales en el Impuesto de Sociedades.

La tramitación es similar a la de una SL, aunque en este caso hacen falta un mínimo de 2 personas socias (en Euskadi) y se tramitan en el Registro de Cooperativas, que no está aún tan digitalizado como el Mercantil, por lo que los procedimientos son un poco más lentos.

Que tu negocio no deje de respirar!

Para tu empresa los beneficios son como para ti el comer, necesarios, pero podrías sobrevivir sin comer varias semanas. Sin embargo la tesorería, la «santa caja» es para tu empresa como para ti el respirar, en dos o tres minutos estás muerto si no entra aire a tus pulmones.

Desde mi experiencia, la inmensa mayoría de las quiebras de pymes no se deben a que no sean rentables, sino a falta de control en su flujo de tesorería.

¿Por qué sucede esto? Normalmente los pequeños negocios y los autónomos, nos dejamos guiar solo por el “dinero que hay en el banco”, sin prever los gastos estacionales o imprevistos, como los pagos trimestrales de impuestos o las pagas extraordinarias al personal.

Veamos algunos consejos prácticos para que tu empresa continúe «respirando» sin sobresaltos.

No te confíes en el saldo bancario: el primer gran error —y el más frecuente— es tomar decisiones basándose únicamente en lo que aparece en la cuenta del banco. Un saldo abultado hoy puede desaparecer rápidamente mañana. Por ejemplo, en negocios estacionales (turismo, eventos, agricultura, etc.), los ingresos pueden ser muy altos en ciertos meses, pero también hay temporadas “valle” con ingresos mucho más bajos. Si solo nos fijamos en la cifra que vemos en línea, corremos el riesgo de sentirnos falsamente seguros y comprometer gastos que después no podremos afrontar.

Haz un pronóstico de tesorería realista: preparar un pronóstico de tesorería no es solo para grandes corporaciones. Las pequeñas empresas también se benefician enormemente de una proyección mensual (o incluso semanal) de sus ingresos y gastos. Incluye todo lo que razonablemente esperes que entre y salga: ventas futuras, gastos fijos, pagos a proveedores, impuestos periódicos y posibles contingencias. Esto no tiene por qué ser un cálculo complejo ni requerir software costoso; una hoja de cálculo sencilla puede bastar. También puedes encargar a tu asesoría que te prepare uno. Lo importante es que lo revises con frecuencia y lo ajustes según la realidad de tus operaciones.

Ten en cuenta la estacionalidad Algunos sectores sufren oscilaciones considerables a lo largo del año. Por ejemplo, un negocio de hostelería puede facturar el doble durante la temporada alta de verano, mientras que en invierno apenas cubre gastos. Identifica cuáles son tus picos y valles de ingresos, y no “quemes” toda tu liquidez en los meses buenos. Reservar una parte de los ingresos para cubrir meses de menor actividad resulta esencial para evitar sobresaltos.

Planifica los pagos de impuestos y nóminas: es fácil olvidarse de que, trimestralmente, llegará la cita con Hacienda. Entre el IVA, el IRPF y otros impuestos, el desembolso puede llegar a ser significativo. Igualmente, los empleados pueden tener derecho a pagas extra o ajustes salariales que, si no se contemplan en el flujo de tesorería, pueden poner en aprietos a la empresa. Para evitar sustos, integra estos pagos en tu pronóstico y, si es necesario, crea una cuenta separada para ir reservando fondos que se destinarán exclusivamente a cubrir estas obligaciones.

Negocia con proveedores y busca descuentos: aunque pueda sonar obvio, muchas veces no aprovechamos el potencial de una buena negociación con proveedores. Ajustar plazos de pago o negociar descuentos por pronto pago puede suponer un alivio significativo en la tesorería. Además, desarrollar relaciones sólidas con quienes te suministran productos o servicios te da un margen de maniobra en caso de tener que posponer algún desembolso, evitando así caer en un bache financiero.

Crea un “colchón” de seguridad: como abogado, he visto infinidad de veces cómo un imprevisto (una máquina averiada, un cliente que retrasa pagos, un cambio regulatorio) descarrila completamente las finanzas de un pequeño negocio. Contar con un fondo de emergencia —un porcentaje de los ingresos reservado cada mes— puede marcar la diferencia entre capear el temporal o verte obligado a buscar financiación rápida y costosa.

Revisa y ajusta periódicamente: el mercado cambia, la competencia se mueve y nuestros objetivos evolucionan. Por eso, revisa tu flujo de caja y tu pronóstico cada cierto tiempo. Ajusta cualquier desviación que detectes y actúa en consecuencia. La constancia en la revisión y la flexibilidad en las decisiones son clave en la gestión financiera de las pymes.

En conclusión, el verdadero secreto para llevar un control eficaz de la tesorería es ser proactivo y no dejarse engañar por la aparente comodidad de un saldo bancario. Si planificas, anticipas gastos ineludibles y creas un pequeño colchón, podrás tomar decisiones con serenidad, incluso en tiempos de incertidumbre.

¿Cuáles son los «trucos» que utilizas tú para no llevarte sustos con la tesorería?

El papel de los ultrarricos en la crisis climática: ¿Mad Max o Elysium?

En los últimos años, hemos visto cómo huracanes más intensos, temperaturas récord y sequías prolongadas pasan de ser noticias esporádicas a sucesos que se repiten con alarmante frecuencia. Pero lo que a menudo se oculta tras estas catástrofes es un factor clave: la huella de carbono desproporcionada que generamos quienes vivimos en el llamado «primer mundo», y de manera muy especial los ultrarricos. ¿Por qué sucede esto y qué podemos hacer al respecto? La clave para enfrentar el cambio climático pasa, necesariamente, por replantearnos la desigualdad global.

Diversos estudios señalan que la riqueza extrema acarrea también un consumo de recursos extremos. Un informe de Oxfam concluyó que el 1% más rico de la población mundial emite más del doble de dióxido de carbono que el 50% más pobre. Pensemos en yates, jets privados, mansiones climatizadas y una vida llena de lujos que consumen cantidades obscenas de energía y todo tipo de recursos. Cuando multiplicamos ese nivel de gasto por el volumen de las personas con mayor poder adquisitivo, el impacto medioambiental se dispara.

En contraste, la gran mayoría de la población mundial lucha por cubrir necesidades básicas y salir de la pobreza. Estas comunidades, aunque consumen muy poco en términos de energía y materias primas, son las que más sufren las consecuencias del cambio climático: sequías que arruinan sus cultivos, aumento del nivel del mar que inunda sus aldeas costeras o cambios drásticos en los patrones climáticos que afectan sus fuentes de alimento. Ante este panorama, es innegable la necesidad de actuar con urgencia.

Si somos honestos, sabemos perfectamente que es absolutamente imposible que toda la población mundial alcance el nivel de vida que tenemos en el primer mundo, lo cual implica que seguir como estamos solo conduce a dos caminos posibles: o al colapso climático del planeta y con él de toda la humanidad, o a la bunkerización del primer mundo y el mantenimiento por la fuerza del resto de la población en la miseria, el hambre y la enfermedad.

Por este camino solo vamos hacia Mad Max o hacia Elysium, y ninguno de los dos parecen sitios en los que te gustaría vivir si no eres parte del 1% de ultrarricos.

Pero hay otros caminos. La realidad es que podemos vivir mucho mejor con mucho menos, porque realmente no necesitamos irnos de vacaciones a los confines del mundo cada fin de semana, ni cambiar cada seis meses nuestros dispositivos digitales, ni renovar nuestro armario cada quince días, ni comer productos exóticos todos los días del año. Si lo pensamos un segundo, todas estas cosas en realidad son las que necesitan los ultrarricos para seguir siéndolo, y por el camino nos llevan al desastre.

No necesitamos todas esas cosas que nos están matando, y sin embargo necesitamos muchas otras que nos harían vivir mucho mejor: necesitamos reconectar con la naturaleza y con la tierra, necesitamos compañía, amistades y cuidados, necesitamos tiempo, necesitamos vivir más despacio, poder cuidarnos, necesitamos más comunidad y menos individualismo.

Y no podemos esperar a un cambio global planetario, tenemos que empezar ya, cada cual en nuestra casa, en nuestra empresa, en nuestro barrio y en nuestro pueblo. Individual y colectivamente. Tenemos que armar nuevas alianzas sociales, tenemos que contar la verdad y exigir a la política que aborde la situación. Tenemos que construir redes, alianzas, complicidades y comunidades.

Yo no se tú, pero yo no voy a quedarme esperando a ver si al final me llevan a Mad Max o a Elysium.

Lo que tu estrategia no ve: la mirada imparcial que puede marcar la diferencia.

¿Te has planteado alguna vez si tu negocio está sacando todo el potencial de su estrategia? ¿O si las ideas que surgen internamente dejan fuera puntos clave que podrían ser determinantes para el futuro de tu empresa? La realidad es que, por muy capacitado que esté tu equipo, llega un momento en que toda organización necesita una perspectiva imparcial, fresca y experta para llevar su reflexión estratégica al siguiente nivel.

En un artículo anterior, titulado “¿Valen para algo los planes estratégicos?”, abordé la importancia de tomarse en serio la elaboración de un plan de largo alcance. En esta ocasión, me gustaría profundizar en una idea complementaria: la conveniencia de contar con apoyo externo a la hora de diseñar y replantear nuestra estrategia.

La pregunta inevitable es: ¿Por qué contratar a un consultor o asesor externo cuando ya tenemos un equipo sólido y con experiencia? Entre otras razones, porque un profesional externo aporta objetividad y una visión menos condicionada por la cultura corporativa y las dinámicas del día a día. Muchas veces, dentro de la empresa, el entorno nos absorbe y nos dificulta ver con claridad posibles ineficiencias o vías de desarrollo. Un consultor experimentado puede detectar rápidamente oportunidades y amenazas que, de otro modo, pasarían desapercibidas.

Otro aspecto relevante es la especialización. Hay consultores y asesores que se dedican a analizar mercados, tendencias y modelos de negocio de forma permanente, lo que les permite acumular un bagaje único. Contar con alguien que “respira” estrategia, innovación y gestión del cambio a diario puede ayudarnos a tomar atajos en el proceso de reflexión estratégica, evitando cometer los mismos errores que otras compañías ya han cometido.

Por supuesto, también surgen dudas sobre el coste: ¿No es muy caro contratar a alguien externo para que nos ayude en este proceso? La realidad es que el abanico de posibilidades es amplio, y no todas las opciones implican enormes desembolsos. Existen colaboradores que se integran durante un periodo corto y definido, que trabajan por proyectos o que facturan por fases, lo que permite ajustar la inversión a las necesidades y dimensiones de cada compañía. Con frecuencia, la magnitud de los beneficios —nuevas oportunidades de negocio, ahorros significativos, mejora de la competitividad— supera con creces los gastos iniciales.

En mi propia experiencia como abogado y consultor, he visto cómo incluso pequeñas y medianas empresas, con presupuestos limitados, han transformado su forma de operar y de dirigirse al mercado gracias a un acompañamiento estratégico puntual.

Además, el retorno de la inversión no se limita a aspectos tangibles. Un consultor externo contribuye a mejorar la cultura de la empresa y a fomentar la colaboración entre departamentos. Cuando la plantilla observa que la dirección busca ayuda externa y adopta nuevas ideas, se genera un clima de aprendizaje continuo y de apertura al cambio. Con el tiempo, esto suele traducirse en más agilidad para responder a los retos del mercado.

Otro elemento a destacar es el ahorro de tiempo. Muchas organizaciones invierten meses —a veces años— en debates internos que no llegan a conclusiones sólidas. Un profesional ajeno puede agilizar el proceso de toma de decisiones al aportar herramientas y metodologías probadas, evitando estancamientos y discusiones interminables. Cerrar las cuestiones críticas con eficacia permite enfocar la energía del equipo en la ejecución de las acciones definidas en el plan estratégico.

En definitiva, contar con apoyo externo en la reflexión estratégica no es solo una buena práctica, sino un paso prácticamente imprescindible si queremos aprovechar todas las oportunidades que nuestro entorno nos ofrece. El coste de no hacerlo puede ser mucho mayor que la inversión requerida para dar con la persona adecuada, pues asumir riesgos sin un mapa claro es una de las principales causas de fracasos empresariales a medio plazo.

Comparte tus ideas en los comentarios y, si todavía no lo has hecho, no dejes de leer mi anterior artículo para conocer mejor la relevancia de elaborar un plan estratégico sólido. A veces, un pequeño cambio en nuestra forma de pensar puede desencadenar grandes transformaciones en el negocio.

La polémica del “vuelta a la oficina”: ¿Cómo encontrar un equilibrio sostenible?

En los últimos meses, diversas empresas han anunciado el fin del teletrabajo y la exigencia de que su plantilla regrese a las oficinas a tiempo completo. Esta decisión ha generado un intenso debate: por un lado, algunos la consideran imprescindible para fomentar la colaboración y la cohesión interna; por otro, muchos la ven como un retroceso que ignora los avances tecnológicos y la experiencia de los últimos años. Como profesional del ámbito legal y de la consultoría en gestión empresarial, he podido acompañar a diferentes organizaciones en la adopción de políticas laborales y os comparto algunos de los pros y contras más relevantes que veo en ambos modelos, así como una propuesta de equilibrio basada en la confianza y la responsabilidad mutua.

Es evidente que el contacto directo facilita la transmisión de valores y la creación de un sentimiento de pertenencia. La interacción diaria, las charlas informales y las reuniones presenciales contribuyen a reforzar la cohesión del equipo y la implicación con los proyectos.

Además, aunque las herramientas digitales de videoconferencia y mensajería han mejorado notablemente, ciertos tipos de coordinación y resolución de problemas resultan más ágiles y efectivos cuando los equipos se encuentran en el mismo espacio.

En especial aara los perfiles más jóvenes o para quienes se encuentran en procesos de formación, la presencia de colegas con experiencia cercana puede resultar fundamental para su desarrollo profesional.

Por contra, el tiempo de desplazamiento y la rigidez de horarios restan flexibilidad a los empleados, afectando a su calidad de vida y, en la mayoría de los casos, a su motivación.

No menos importante es tener en cuenta que tanto la empresa como el trabajador asumen mayores gastos: alquileres de grandes espacios, mantenimiento de oficinas, transporte y otros servicios asociados. En algunos casos, esto puede repercutir de manera significativa en la estructura de costes y la competitividad de la organización.

Además, y me parece especialmente importante, obligar a todos a volver al centro de trabajo puede interpretarse como una clara falta de confianza por parte de la dirección, especialmente si la productividad no se había visto mermada durante el teletrabajo.

Por su lado el teletrabajo tiene un importante riesgo de hiperconectividad y estrés. La línea entre vida laboral y personal se difumina y muchos teletrabajadores pueden caer en la trampa de estar “siempre disponibles” y no desconectar.

El teletrabajo no es simplemente irse a trabajar a casa desde un ordenador. Requiere herramientas adecuadas y exige disciplina y responsabilidad para organizar el tiempo y cumplir objetivos. No todas las personas cuentan con la misma capacidad para ello.

Una alternativa equilibrada: confianza y corresponsabilidad

A la vista de lo anterior, una opción cada vez más valorada es la adopción de modelos híbridos o flexibles, basados en la responsabilidad y la autogestión. Las empresas que apuestan por esta vía suelen establecer mecanismos claros de seguimiento de objetivos (más que de horarios) y fomentan un ambiente de confianza mutua.

  1. Políticas híbridas: Combinar días de trabajo presencial con jornadas de teletrabajo permite beneficiarse de lo mejor de ambos mundos: se mantiene el contacto directo para reuniones clave, proyectos colaborativos y cohesión de equipo, a la vez que se ofrece la flexibilidad que muchos empleados valoran.
  2. Enfoque en resultados: En lugar de exigir la presencia física como indicador de productividad, se deben establecer metas claras y medibles, con mecanismos de evaluación transparentes. Así, la presencialidad se convierte en una herramienta útil (reuniones, debates estratégicos), no en una imposición carente de sentido.
  3. Formación y acompañamiento: Es fundamental capacitar a los empleados en competencias digitales, gestión del tiempo y autonomía, al tiempo que se promueven canales de comunicación eficaces para mantener la cultura corporativa.
  4. Confianza y comunicación abierta: La base de un modelo sostenible se construye en la alineación de valores y en la responsabilidad mutua. La empresa ha de confiar en la capacidad de sus trabajadores para autogestionarse, y los trabajadores deben responder con compromiso y profesionalidad.

En un entorno tan cambiante, las políticas laborales no pueden ser estáticas. Requieren reflexión estratégica, análisis de costes y, sobre todo, una escucha activa de las necesidades de cada equipo. El éxito a largo plazo pasa por encontrar un punto de equilibrio que respete la individualidad de los profesionales y la cultura empresarial. Y, por encima de todo, debe asentarse en la convicción de que la motivación y la productividad florecen cuando hay una relación de verdadera confianza entre empresa y personas.

¿Existe consenso científico sobre el origen humano del cambio climático? Rotundamente, SÍ.

«Los científicos saben desde hace décadas que la Tierra se está calentando. El aumento de las temperaturas globales desde finales del siglo XIX no tiene precedentes en miles de años. Es inequívoco que los seres humanos estamos provocando el calentamiento. Los cambios en la actividad solar y las erupciones volcánicas no son la causa de la tendencia al calentamiento.»

Esta frase tan contundente la puedes encontrar en la web del IPCC, que es el principal órgano internacional encargado de evaluar el conocimiento científico relacionado con el cambio climático. Fue establecido en 1988 por la Organización Meteorológica Mundial (OMM) y el Programa de las Naciones Unidas para el Medio Ambiente (PNUMA) con el propósito de proporcionar a los responsables de políticas evaluaciones científicas periódicas sobre el cambio climático, sus impactos y posibles estrategias de adaptación y mitigación.

Cuenta con 195 estados miembros y no realiza investigaciones propias, sino que analiza periódicamente toda la investigación en la materia para extraer las conclusiones que tienen máximo consenso científico.

En los últimos informes cerca de 800 autores coordinadores, junto a más de 1.000 autores contribuyentes y más de 2.000 revisores expertos participaron en el proceso de revisión, evaluando más de 30.000 informes científicos.

Esto no significa que no haya ningún científico en el mundo que niegue la causa antropogénica del cambio climático, o incluso el cambio climático en sí mismo. Aunque muy pocos, existen algunos científicos que niegan esta realidad. Varios de ellos ya han sido desenmascarados por estar a sueldo precisamente de las principales empresas causantes del cambio climático, y el resto han sido cuestionados bien por no ser realmente expertos en la materia o por basarse en informaciones y estudios erróneos.

El cambio climático y su origen antropogénico tiene el mismo nivel de consenso científico que puede tener la forma esférica del planeta, la existencia de la gravedad, o la evolución de las especies. Por más que haya personas que nieguen todas ellas, científicamente no hay ningún género de dudas al respecto.

Ante una situación de shock profundo es normal que nuestra primera reacción sea la negación. No queremos creer que nuestra persona querida ha muerto, o que nuestra relación sentimental se ha terminado. Del mismo modo no queremos pensar que le estamos prendiendo fuego a nuestra casa con nuestro estilo de vida.

Por más comprensible que sea esta actitud de negación, no podemos quedarnos ahí porque la realidad es la que es y es imperativo asumirla para poder pasar a la acción.

El arte de mantener todos los platos girando: estrategias clave para que tu empresa no se tambalee.

Como abogado y consultor especializado en la gestión de empresas, he observado que administrar una organización se parece mucho a ese número circense en el que el artista, con una habilidad extraordinaria, hace girar una serie de platos sobre varillas, y su reto principal consiste en que ninguno caiga. En la empresa, cada “plato” representa un área o un proyecto crítico; desde la parte financiera, la relación con los clientes, la gestión del talento humano, la innovación, hasta la atención de las obligaciones legales y regulatorias. ¿Cómo lograr que todos estos elementos sigan en movimiento sin que alguno se estrelle contra el suelo?

A continuación, comparto algunas estrategias que he visto dar resultados en diferentes sectores:

1. Priorización y equilibrio dinámico: en toda gestión empresarial, no todos los platos tienen el mismo tamaño o la misma fragilidad. Hay áreas que requieren atención constante (por ejemplo, el flujo de caja o el cumplimiento legal) y otras que, siendo igual de relevantes, permiten espaciar el foco en el tiempo (innovación y desarrollo, por ejemplo). Identificar qué necesita supervisión urgente, qué se puede planificar y qué requiere solo revisiones periódicas ayuda a equilibrar la carga de trabajo.

2. Delegar con criterio: así como el artista confía en ciertos puntos de apoyo para estabilizar varios platos, en la empresa es fundamental contar con personas y equipos capaces de sostener cada área. Delegar no implica desentenderse, sino asignar la responsabilidad y autoridad adecuadas a cada persona para que pueda tomar decisiones informadas.

3. Comunicación fluida: en el espectáculo de platos giratorios, el artista a veces corre de un lado a otro con movimientos precisos para mantener el ritmo. En la empresa, esos “movimientos” se traducen en una comunicación constante y efectiva: si un área detecta un problema, todos los involucrados deben enterarse a tiempo.

4. Control de indicadores: para saber si los platos están a punto de caer, el artista confía en su vista, su experiencia y en pequeños ajustes que hace sobre la marcha. En el ámbito empresarial, disponer de indicadores claros y relevantes (KPIs) en cada área permite detectar si algo empieza a desviarse, antes de que se convierta en un gran problema.

5. Flexibilidad y capacidad de reacción: la empresa (y la economía en general) está en constante cambio. Aquello que podía funcionar hace un año, puede quedar obsoleto en el siguiente. La habilidad de pivotar y reaccionar rápidamente a los cambios del mercado, a las nuevas regulaciones o a los avances tecnológicos es lo que marca la diferencia entre una empresa que mantiene todos los platos girando y otra que pierde el equilibrio.

6. Cultura de colaboración y aprendizaje: cuando el artista se entrena, suele empezar con menos platos y, con el tiempo, aumenta la complejidad. En la empresa, aprender de cada “casi accidente” o error permite avanzar y mejorar la coordinación interna. Una cultura que promueva la colaboración y el aprendizaje constante reduce el riesgo de que se caiga algún plato.

7. Evitar la sobrecarga: en ocasiones, el afán de abarcar más de la cuenta lleva a un colapso: se suman más platos de los que el artista puede sostener. En la empresa, es esencial saber decir “no” o “más adelante” cuando un nuevo proyecto excede la capacidad real de gestión.

¿Valen para algo los planes estratégicos?

«Todo el mundo tiene un plan hasta que le metes la primera hostia» decía el gran filósofo Mike Tyson.

Siempre me ha gustado esta frase porque expresa de una manera sencilla y gráfica lo que sucede en el mundo real con los planes, que la vida se ocupa muchas veces de ponerlos en su sitio, es decir, en la papelera.

¿Significa eso que es mejor no tener ningún plan y estar simplemente «a verlas venir»? Yo creo que no, y lo que hacemos en nuestro despacho con las empresas que nos encargan ayudarles con su estrategia es trabajarla de una manera que la máxima de nuestro amigo Mike les afecte lo menos posible, es decir, mediante una Estrategia Adaptativa.

Esta manera de diseñar la estrategia se parece mucho a organizar un viaje.

Lo primero que hacemos es pensar en la necesidad, o la oportunidad de realizar el viaje, el «para qué», tomando referencia del momento en el que estamos, los medios que tenemos, etc.

Lo siguiente es definir el punto de llegada y los hitos intermedios si los hubiera, así como de manera lo más simplificada posible, los medios que usaremos para llegar a nuestro destino. En esta parte no somos partidarios de definir más que lo imprescindible, en lugar de tratar desde el primer momento de disponer ya con exactitud de los billetes, con sus horarios, asientos y todos los detalles del viaje, ya que todo esto es mejor hacerlo más adelante.

Estableceremos también quién, como y cuando se cerraran los detalles necesarios para la ejecución efectiva del viaje, así como la manera en la que revisaremos periódicamente si estamos yendo hacia donde queríamos y como queríamos.

Y por último, identificaremos la manera en la que prestaremos atención a nuestro alrededor mientras viajamos, para no despistarnos de nuestra meta, pero tampoco perdernos lo que esté sucediendo que pueda ser interesante o peligroso.

Un Plan Estratégico de estas características debiera ocupar entre 4 y 12 páginas como máximo, y será una herramienta de trabajo diario en nuestra empresa que iremos modificando y adaptando constantemente.

¿En tu empresa tenéis definida explícitamente la estrategia o está en la cabeza de alguien?

¿Por qué ser activista climático?

Como humanidad enfrentamos innumerables desafíos y crisis de todo tipo. Lo llevamos haciendo desde que tomamos consciencia de nuestra identidad, no es algo nuevo.

Pero en estos momentos enfrentamos un triple desafío, cuya combinación proyecta un futuro inquietante a nivel global como nunca antes en nuestra historia ya que lo que está en juego es ni más ni menos que la propia existencia de la sociedad humana tal y como la conocemos en los últimos diez mil años.

En primer lugar una crisis de biodiversidad pavorosa que ya se denomina por la comunidad científica como la sexta extinción masiva. No hace falta que me extienda mucho en las consecuencias inimaginables que tiene esta primera crisis en nuestro futuro inmediato.

En segundo lugar una crisis climática provocada por la pesadilla del crecimiento ilimitado de nuestras economías. En 2024 hemos superado ya el límite del acuerdo de París de incremento medio de la temperatura del planeta de 1.5º. Miles de científicos están ya en rebelión cívica luchando en todo el mundo para que se escuche sus advertencias y se tomen medidas urgentes y decididas para descarbonizar nuestras sociedades.

Por ultimo, nos encontramos sumidos en una crisis energética sin precedentes fruto de haber sobrepasado el denominado “peak oil”, es decir, el punto máximo de extracción de petróleo y en consecuencia, el punto máximo de producción posible de todos sus derivados, imprescindibles para sostener nuestro actual “estilo de vida”. En especial la escasez de diesel, auténtico motor de la economía, ya ha paralizado varios países y amenaza seriamente las economías globales del mundo entero.

La conjunción de estas tres crisis pone en riesgo lo más básico que necesitamos para sobrevivir como sociedad, y no es ya ni el crecimiento económico, ni la competitividad, ni la innovación, ni siquiera el empleo. Lo que está en riesgo a corto plazo es el suministro de alimentos, de agua, de energía, de materiales básicos, etc.

Imagino que ahora mismo algunos estáis imaginándome como al típico loco subido a una caja gritando que viene el fin del mundo. Confieso que yo a veces me siento un poco así, pero alguien tan poco sospechoso de lanzar mensajes alocadamente catastrofistas como es el Secretario General de la ONU, el Sr. Antonio Guterres dijo recientemente que tenemos que elegir ya «entre la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

Yo hace un tiempo ya pasé las diferentes fases del «duelo climático»: la negación (esto no puede estar pasando), la ira (está pasando y hay que ajusticiar a los culpables), la negociación (esto lo arreglará la tecnología), la depresión (esto ya no tiene arreglo) y por fin la aceptación, que no la sumisión. La aceptación que significa hacerme cargo de la situación y ponerme manos a la obra en lo que yo puedo hacer.

¿Por qué fase andas tú?

La IA en los despachos y la paradoja de Jevons

¿Cómo nos afectará la IA en los despachos, asesorías y consultorías, y cómo nos preparamos para ello? No es nada fácil anticipar lo que está por venir en este campo, aunque desde mi modesta perspectiva creo que podemos aprender alguna cosa de otros cambios de similar calibre que hemos tenido en el pasado.

Creo que el más comparable ha sido la utilización masiva de Internet. Para los que ya tenemos unas décadas de trabajo a nuestras espaldas, aún está vivo el recuerdo de cómo eran las cosas antes de internet, antes de que su uso estuviera tan generalizado.

Internet nos trajo una brutal reducción de tiempos en búsqueda de información, en tramitaciones, en comunicación con clientes y resto de agentes, en almacenamiento de documentación, etc, etc. Gracias a Internet pudimos hacer nuestro trabajo muchísimo más rápido, muchísimo más fácil y en consecuencia muchísimo más barato.

En definitiva, pudimos mejorar nuestra eficiencia de manera muy significativa, lo cual paradójicamente (o no tanto) supuso un incremento de trabajo. Es la ya conocida en economía, como paradoja de Jevons que, según la Wikipedia, «se refiere a la situación en la que el progreso técnico o las políticas del Estado conducen a un aumento en la eficiencia con la que se utiliza un factor de producción, reduciendo la cantidad que se requiere de este. Sin embargo, la caída de los precios del mismo promueve su demanda, por lo que aumenta su uso en lugar de reducirse.»

Un ejemplo sencillo: hoy en día la mayoría de los trámites que debe realizar con Hacienda, Seguridad Social y demás instituciones un trabajador autónomo, los podría realizar por sí mismo ya que están accesibles vía Internet con un simple certificado digital. Sin embargo los despachos gestionamos infinitamente a más autónomos que antes de Internet porque lo que tienen que pagar es tan poco que no les compensa en absoluto «perder» el tiempo haciéndolo ellos mismos.

Por otro lado, la demanda de servicios de la Administración, y la velocidad de prestación de los mismos, también se ha incrementado ya que ahora se pueden hacer cosas que hace años eran impensables (como enviar facturas en tiempo real), lo cual de nuevo no hace sino incrementar nuestro trabajo.

Pienso que con la IA va a pasar esto mismo con total seguridad. Quizá tenga otros efectos también que ahora no vislumbramos, pero que va a suponer un salto brutal de eficiencia, y que eso va a provocar un incremento del uso de nuestros servicios, lo tengo clarísimo.

Creo que en unos años vamos a ver cómo se reducen radicalmente por ejemplo los tiempos y costos de la atención al público. Podremos tener sistemas muy baratos de atención 24/7 y eso nos ampliará significativamente la actividad.

Otro ámbito en el que intuyo un salto cuántico de eficiencia es en la elaboración, personalización y revisión de contratos y demás documentación, así como en el cotejo de información y datos, su sistematización, almacenaje y recuperación.

¿Qué otros ámbitos crees que van a verse impactados significativamente por la IA?