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Pablo Aretxabala (www.linkedin.com/in/pabloaretxabala)

Claves para un contrato justo en la compraventa de una cartera de clientes.

En el mundo empresarial, la compraventa de una cartera de clientes es una operación delicada que requiere un contrato bien estructurado. Ya sea en el sector de la hostelería, el comercio o cualquier otro ámbito, este tipo de acuerdos deben garantizar seguridad jurídica y transparencia para ambas partes. En Euskoasesores, redactamos contratos de este tipo con el objetivo de que sean equilibrados y justos, protegiendo tanto al vendedor como al comprador.

Para entender mejor cómo funciona, imaginemos el caso de un comercial de suministros para hostelería que, después de años de trabajo, ha consolidado una amplia cartera de clientes en Bilbao y alrededores. Decide venderla a otro profesional del sector que desea aprovechar su red de contactos para impulsar su negocio. ¿Qué cláusulas deberían incluirse en el contrato para que la transacción sea segura y clara?

Uno de los puntos clave es la identificación de la cartera de clientes. Es imprescindible definir con precisión qué clientes forman parte de la venta, especificando datos como nombres, volumen de compras y tipo de relación comercial. Esto evita malentendidos sobre lo que realmente se está adquiriendo.

Otra cláusula fundamental es la confidencialidad y protección de datos. La información sobre los clientes es sensible y está protegida por la normativa vigente. El contrato debe garantizar que el vendedor no hará uso indebido de los datos tras la venta y que el comprador gestionará la información cumpliendo con la ley de protección de datos.

El precio y la forma de pago también deben quedar claramente establecidos. Dependiendo del sector, el precio habitual de una cartera de clientes suele rondar el equivalente a un año de facturación generada por los clientes incluidos en la venta. Sin embargo, este valor puede ajustarse en función de la estabilidad y rentabilidad de la cartera. En cuanto al pago, lo más frecuente es que no se realice en un único desembolso, sino en varios tramos. Es común estructurar el pago en plazos de seis meses, un año o incluso dos años, dependiendo del mantenimiento de los clientes en la cartera. Esto significa que el vendedor puede recibir una parte inicial y pagos adicionales si los clientes siguen activos y generando ingresos para el comprador.

La cláusula de no competencia es otro aspecto esencial. Para que el comprador aproveche al máximo la cartera adquirida, es razonable que el vendedor se comprometa a no contactar ni captar a esos mismos clientes durante un periodo determinado. Esto evita situaciones de competencia desleal y protege la inversión realizada.

También es recomendable incluir un periodo de transición y acompañamiento. En este caso, el comercial de suministros podría comprometerse a presentar al comprador a los clientes o incluso a colaborar durante un tiempo para garantizar una transición fluida. Este tipo de acuerdos suelen ayudar a mantener la confianza de los clientes y asegurar la estabilidad del negocio.

Por último, es importante establecer mecanismos de resolución de conflictos, especificando cómo se resolverán posibles desacuerdos que surjan tras la firma del contrato. Esto puede incluir desde mediación hasta arbitraje, evitando costosos litigios.

En Euskoasesores, nos aseguramos de que estos contratos sean lo más claros y equitativos posible. Cada operación tiene particularidades que deben ser cuidadosamente analizadas para que ambas partes obtengan un beneficio justo. Si estás pensando en comprar o vender una cartera de clientes, contar con un contrato bien diseñado es la clave para evitar problemas y asegurar una transacción exitosa.

No se puede hundir un arco iris.

Han pasado décadas desde que un artefacto explosivo destrozara el casco del Rainbow Warrior en 1985 y segara la vida de nuestro compañero fotógrafo Fernando Pereira. Aquella cobarde acción, perpetrada por agentes del gobierno francés, fue un acto de terrorismo de Estado con la intención de amedrentar a Greenpeace y a toda persona dispuesta a desafiar el poder que pone en jaque la vida de nuestro planeta. Entonces, el mensaje era claro: “Callen o arderán”. Hoy, la represión viene envuelta en formas más sutiles pero igualmente letales para la libertad de expresión y la defensa del medio ambiente.

La reciente sentencia contra Greenpeace en Estados Unidos lo confirma con dolorosa nitidez. Sin explosiones ni buzos militares, ahora se recurre a juicios multimillonarios y tácticas judiciales que buscan desmantelar económicamente a la organización, desgastarla y obligarla a bajar la voz. Se pretende que este golpe siente un peligroso precedente: la posibilidad de acorralar, mediante falsos argumentos legales, a cualquiera que denuncie la devastación medioambiental y a quienes osen enfrentarse a las compañías y los intereses políticos más poderosos. Así no necesitan hundir barcos: basta con pervertir el sistema judicial para silenciar las voces críticas.

Pero esta embestida no se limita a las fronteras de un tribunal estadounidense ni al símbolo de Greenpeace. Se alimenta de un clima de persecución global contra personas defensoras del planeta y de los derechos humanos. Mientras en unas latitudes utilizan demandas y litigios enrevesados para ahogar a las organizaciones, en otras directamente apuntan con un arma y disparan a las activistas. Hoy día, denunciar prácticas destructivas puede equivaler a recibir amenazas de muerte o ser ejecutado. Casos como el asesinato de Berta Cáceres en Honduras, que luchaba contra la construcción de una represa que pondría en peligro las comunidades locales; la muerte de Isidro Baldenegro en México, líder rarámuri que defendió los bosques de la Sierra Tarahumara; o la de tantos activistas en Brasil, Colombia o Filipinas, demuestran que la represión es tan variada como brutal.

Numerosos informes de organizaciones como Global Witness revelan que cada año mueren decenas –cuando no cientos– de personas defensoras de la tierra y el medio ambiente. No siempre vemos sus nombres en titulares, pero su sangre tiñe montañas, bosques, ríos y valles de todo el mundo. A la vez, en los países “desarrollados” se diseñan nuevas estrategias judiciales para asfixiar económicamente a los movimientos ecologistas. Es la otra cara de la misma moneda: cuando no pueden utilizar la violencia física con impunidad, emplean la ley –o mejor dicho, su interpretación más perversa– para minar el activismo.

Este patrón, en el fondo, no ha cambiado: se reduce a “liquidar” la disidencia. Unas veces con explosivos y comandos clandestinos, otras con balas y amenazas directas, y ahora además con litigios interminables, sanciones millonarias e infinidad de trabas legales. Para el poder que busca seguir exprimiendo la Tierra, resulta mucho más efectivo y silencioso aplastar a las organizaciones por vía jurídica, sin generar titulares tan escandalosos como los de una bomba que revienta un barco.

Las consecuencias de esta sentencia contra Greenpeace trascienden los muelles donde hundieron el Rainbow Warrior y las oficinas donde se coordinan campañas ecologistas. Se extienden hacia cualquier mujer u hombre que haya decidido ponerse en pie frente a la contaminación, la tala indiscriminada, la sobreexplotación de recursos o las prácticas industriales irresponsables. Afecta también a las comunidades indígenas que protegen sus territorios y a las personas que, sencillamente, se niegan a mirar hacia otro lado mientras arrasan el único hogar que tenemos.

Yo, como socio y activista de Greenpeace, te lo digo con la rabia contenida de quien ya ha visto demasiados abusos: este golpe no nos hará retroceder. Nos indigna, nos duele y nos complica nuestro trabajo. Pero hemos aprendido de quienes, con valentía, dieron la vida por la protección de la naturaleza y de nuestras libertades. Jamás olvidaremos el crimen contra el Rainbow Warrior, ni olvidamos a Berta Cáceres, a Isidro Baldenegro y a tantísimas activistas anónimas que quedaron en el camino. Al igual que ellas, no renunciaremos.

El mensaje para quienes promueven esta sentencia –y para todos los que piensan que la persecución echa raíces en el miedo– es contundente: no van a lograr silenciarnos. Intentarán por todos los medios acabar con la disidencia, pero la verdad resurge con más fuerza cuando se la intenta sepultar. Por cada juicio injusto, por cada amenaza, por cada asesinato cobarde, emergen nuevas voces más potentes, más firmes y más dispuestas a tomar el relevo. Somos la memoria viva del Rainbow Warrior y de quienes cayeron en la defensa de la Tierra. Y esa memoria, encendida con coraje, no se apaga. Por mucho que se empeñen, no nos van a callar.

#Greenpeace #RainbowWarrior #JusticiaAmbiental #ActivismoBajoAtaque #DefensaDelPlaneta #DerechosHumanos #NoNosVanACallar #SolidaridadGlobal #MemoriaViva #PersecuciónAmbiental

La cotización a la seguridad social de trabajadores y de autónomos.

Dicen que ahorrar es como ir al gimnasio: al principio cuesta, pero con el tiempo agradeces haberlo hecho. Algo parecido pasa con las cotizaciones a la Seguridad Social. Gracias a este sistema solidario, cada mes aportamos para garantizar que, en caso de jubilación, enfermedad o desempleo, tengamos protección. Lo que pagamos no se lo «lleva el Estado», sino que sirve para ayudar a quienes lo necesitan hoy, con la certeza de que, cuando llegue nuestro turno, otros harán lo mismo por nosotros. Es un mecanismo que nos protege a todos y nos da tranquilidad en las distintas etapas de la vida.

Diferencias clave entre el Régimen General y el RETA

Si trabajas para una empresa, estás en el Régimen General. Aquí, la empresa se encarga de todo: paga una parte de la cotización y descuenta otra de tu sueldo. Así de sencillo para el trabajador. Gracias a este sistema, en caso de enfermedad, desempleo o jubilación, siempre tendrás respaldo.

Por otro lado, si eres autónomo, te toca estar en el RETA, donde tienes el control total de tu cotización. No hay jefe que lo haga por ti, pero eso también significa que puedes ajustar tu contribución según tu nivel de ingresos y necesidades futuras. Dentro del RETA hay diferentes tipos de autónomos, cada uno con características propias.

Los diferentes tipos de autónomos en el RETA

  1. El autónomo clásico (o «freelancer de manual») Es el profesional que trabaja por su cuenta, sin jefes ni socios. Puede ser un diseñador gráfico, un fontanero, un consultor… Vamos, cualquiera que facture directamente a sus clientes. Su cotización dependerá de sus ingresos reales y elegirá una base dentro de unos márgenes establecidos. Una diferencia importante es que este tipo de autónomo no tiene una nómina como tal. A final de año, su beneficio se calcula restando los gastos de los ingresos obtenidos por su actividad, y sobre ese beneficio tributa en el IRPF mediante el sistema de estimación directa.
  2. El autónomo societario (o «empresario en toda regla») Aquí entramos en otro nivel. Si montas una empresa (una SL, por ejemplo) y eres socio con control efectivo, te toca cotizar como autónomo societario. La gran diferencia con el autónomo clásico es que la cuota mínima suele ser más alta, porque se considera que, al ser empresario, tus ingresos deberían ser más elevados (aunque no siempre lo sean). Además, el autónomo societario sí tiene una nómina, lo que implica que tributa en el IRPF a través de rendimientos del trabajo, como cualquier otro asalariado, y no por estimación directa como el autónomo clásico.
  3. El familiar colaborador (o «cuando la empresa queda en casa») Si tienes un negocio y un familiar directo (cónyuge, hijos, padres) trabaja contigo de manera habitual, este no puede estar contratado como cualquier otro empleado. En su lugar, se da de alta como autónomo colaborador. La ventaja es que no tiene que presentar declaraciones trimestrales de IVA e IRPF, y además tiene bonificaciones en su cuota durante los primeros años. Al igual que el autónomo societario, el familiar colaborador cobra una nómina y tributa en el IRPF como rendimiento del trabajo.

¿Y cómo se paga la cuota de autónomos?

Hasta hace poco, todos los autónomos pagaban una cuota fija, eligieran la base que eligieran. Sin embargo, ahora el sistema ha cambiado y se cotiza en función de los ingresos reales. Esto permite que quien gane menos pague menos y quien gane más, contribuya más, lo que hace que el sistema sea más justo y equilibrado para todos.

En definitiva, las cotizaciones no son un gasto, sino una inversión en seguridad y estabilidad. Ya seas autónomo o trabajador por cuenta ajena, tu aportación te protege a ti y a los demás. Porque ser tu propio jefe está muy bien, pero aún mejor es saber que cuentas con un respaldo cuando lo necesites.

¿No tienes una bola de cristal? Entonces mejor acuerda un par de clausulas con tus socios.

Imagina que tres amigos deciden montar un pequeño negocio juntos, una tienda de café de especialidad en el centro de Bilbao. Como son previsores, crean una sociedad limitada y firman un pacto de socios (como ya mencionamos en un artículo anterior, ese documento es un salvavidas en muchas situaciones complicadas). Todo marcha bien, el café es un éxito y los clientes hacen cola cada mañana para empezar el día con el mejor espresso de la ciudad.

Pero, como en toda buena historia, llega el giro argumental. Uno de los socios, llamémosle Iñaki, recibe una oferta jugosa de un inversor que quiere comprar su parte del negocio. Iñaki está emocionado, pero los otros dos socios, Maite y Jon, se preguntan: ¿y qué pasa con nosotros? ¿Podría acabar entrando un socio con el que no estamos de acuerdo? Aquí es donde entran en juego dos cláusulas fundamentales en los pactos de socios: el drag along y el tag along.

El drag along, o “derecho de arrastre”, es como el amigo insistente que te obliga a ir a una fiesta cuando tú preferirías quedarte en casa viendo una serie. Básicamente, si una mayoría de los socios (normalmente los que tienen un porcentaje significativo del capital) decide vender su parte a un tercero, pueden “arrastrar” a los demás a vender también en las mismas condiciones. ¿Por qué es útil? Porque permite que, si llega un gran comprador interesado en adquirir todo el negocio, la venta se haga sin que un socio minoritario se quede en medio impidiendo el trato.

Volvamos a nuestro ejemplo: si Iñaki y Maite suman entre ambos el 70% de las participaciones y un gran grupo de cafeterías quiere comprarles, el drag along permite que también “arrastren” a Jon para que la venta sea total. Así se evita que el nuevo comprador herede una estructura accionarial dividida que no le interesa. ¿Duro? Puede ser, pero en muchos casos es lo más eficiente para la continuidad del negocio.

Por otro lado, está el tag along, o “derecho de acompañamiento”, que es como el amigo que no deja que te vayas de una fiesta sin él. Esta cláusula protege a los socios minoritarios, permitiéndoles vender su parte si otro socio mayoritario lo hace. Así evitan quedarse en una situación incómoda con un nuevo socio con el que no han elegido estar.

Sigamos con nuestra historia. Supongamos que Iñaki quiere vender su 40% a un fondo de inversión, pero Maite y Jon no confían en el nuevo comprador. Gracias al tag along, ellos pueden exigir que se les permita vender su parte en las mismas condiciones que Iñaki. Así, nadie se queda en un negocio con un socio que no quiere.

En el mundo de los negocios, estas cláusulas son esenciales para evitar conflictos y situaciones injustas. Sin ellas, un socio podría quedarse atascado en una empresa que ya no reconoce o, al contrario, impedir una venta beneficiosa para la mayoría. Y, como todo en la vida, mejor prevenir que curar. Así que, si tienes un negocio con más socios, asegúrate de que estas cláusulas estén en el pacto de socios. Te ahorrarán muchos dolores de cabeza… y unas cuantas tazas de café amargo.

Asamblea Ciudadana por el Clima en Bilbao.

Nota de prensa Arranque y Valoración de la AC. Valoración del grupo de trabajo a favor de la asamblea ciudadana por el clima de Bilbao

Bilbao, el 27/02/2025.

El jueves 20 de febrero, el Ayuntamiento de Bilbao presentó la Asamblea Ciudadana por el Clima, un ejercicio de democracia deliberativa recomendada por la OCDE, pero sobre todo una oportunidad única frente al desafío climático y sus dilemas éticos. 

Desde el grupo de trabajo formado por activistas de colectivos ecologistas para el seguimiento y difusión de este proceso, queremos aportar nuestra valoración y detallar algunos matices. Tener en cuenta los mismos garantizaría que este ejercicio democrático fuera transformador, no sólo para los participantes sino, para toda la ciudadanía de Bilbao. Sin dejar de resaltar la importancia de que se lleve a cabo, lo cual valoramos muy positivamente, observamos estos puntos de mejora:

  • El número de facilitadoras y expertas es escaso. La facilitación ayuda a que esa representatividad sea efectiva, contribuyendo a que todas las voces sean escuchadas y tenidas en cuenta; y, la diversidad de personas expertas, a que se abarque el tema de forma completa y plural.
  • Las formaciones que van a recibir las personas que participan en la asamblea deberían difundirse cumpliendo así esa labor pedagógica y transformadora en toda la sociedad.
  • El seguimiento no solo por parte de un comité interno sino también por parte de uno externo podría contribuir a la idoneidad del proceso.
  • El Ayuntamiento debe comprometerse públicamente a aplicar las conclusiones de la Asamblea: De momento, no define ni los plazos ni la forma en la que se responderá, ni de qué forma se implementarán las medidas ni cómo se hará el seguimiento de su evolución y cumplimiento posterior.

El sábado día 22 de febrero, se celebró la primera de las 6 sesiones en las que participarán, durante 4 meses, 50 personas de la ciudad elegidas por sorteo para responder a la pregunta: “¿Cómo debemos adaptarnos en Bilbao al cambio climático y reducir su impacto en la ciudadanía?

El viernes 21, un día antes, comenzó la Asamblea Ciudadana Navarra. Esperamos que la Asamblea Ciudadana de Transición Energética y Cambio Climático que se recoge en la ley del País Vasco, no tarde mucho en empezar.

Para salir de la inercia del sistema, romper con el bloqueo político y los límites del sistema partidista, esta herramienta innovadora aúna los diferentes intereses y realidades sociales en busca del bien común, para llevar a cabo los cambios profundos que necesitamos ante la emergencia climática.

Hasta ahora, las instituciones no han sido capaces de llegar a los acuerdos necesarios para ni siquiera frenar esta crisis. Precisamente por eso, nos parece el momento idóneo para implementar asambleas ciudadanas, cuya potencia reside en llegar a acuerdos amplios y representativos de la sociedad en su conjunto. Esto proporciona a las propuestas acordadas una legitimidad y un reconocimiento necesarios para hacer una apuesta ambiciosa en políticas climáticas. La Asamblea Ciudadana permite que las decisiones que se deben tomar y que van a afectar profundamente al modo de vida de la gente, se tomen por la propia ciudadanía.

La mediatización del proceso democrático, el compromiso de las y los concejales y la apropiación del debate por la ciudadanía bilbaína serán claves para que las conclusiones de la Asamblea sean realmente vinculantes y no queden en papel mojado.

Grupo de Trabajo a favor de la Asamblea Ciudadana por el Clima:

Greenpeace Euskadi, Ekologistak Martxan, Extinction Rebellion Bizkaia, Fridays For Future Bilbao

Más info: https://desobedecer.net/mas-democracia-para-actuar-ya-contra-el-cambio-climatico/

¿Sabías que puedes crear una sociedad sin dinero? Descubre las aportaciones en especie.

Cuando alguien piensa en montar una empresa, lo primero que suele venir a la cabeza es el dinero: cuánto se necesita, cómo conseguirlo y dónde invertirlo. Pero hay un detalle que muchos pasan por alto: el capital social no tiene por qué ser solo en efectivo. Se puede aportar en especie, es decir, con bienes o derechos que tengan un valor económico real.

Imagina que decides abrir un estudio de diseño gráfico con un socio. En vez de poner cada uno 10.000 euros en la cuenta del negocio, tú podrías aportar tu potente ordenador y el software profesional que ya usas, mientras que tu socio podría incluir una cámara de fotografía de alta gama. Esos bienes se valorarían y formarían parte del capital social de la empresa, sin necesidad de desembolsar dinero en efectivo.

Las aportaciones en especie pueden incluir muchas cosas: un local, un vehículo, maquinaria, derechos de autor o incluso participaciones en otra empresa. En sociedades anónimas, la ley obliga a que un experto independiente valore estos bienes para asegurarse de que su valor es justo y evitar trampas. En sociedades limitadas, este paso no es obligatorio, pero los socios responden si en el futuro se demuestra que los bienes estaban sobrevalorados.

El principal beneficio de esta opción es obvio: permite arrancar el negocio sin necesidad de tener todo en efectivo. Además, si ya cuentas con activos importantes para la actividad de la empresa, incorporarlos directamente puede ahorrar tiempo y dinero. Eso sí, hay que hacerlo bien, porque una valoración errónea puede traer problemas legales o fiscales, por lo que consultar con especialistas siempre es la mejor opción.

Los sesgos en los negocios: cuando tu reflejo te engaña más que la competencia.

Tomar decisiones estratégicas en una PYME o como autónomo es casi como navegar en un mar lleno de tiburones… ¡y sin flotador! Uno cree que tiene todo bajo control, pero la mente juega sus propias trampas. Los sesgos cognitivos están ahí, agazapados, esperando el momento perfecto para hacer de las suyas y complicar lo que parecía una decisión sencilla. Desde elegir al proveedor «de confianza» (aunque sus precios sean un despropósito) hasta lanzarse a un negocio porque «tiene buena pinta», los sesgos pueden hacer que tomemos decisiones desastrosas sin darnos cuenta.

Uno de los más temidos es el sesgo de confirmación, ese que nos hace buscar información solo para reforzar lo que ya pensamos, ignorando cualquier dato que nos contradiga. ¿Te suena? Como cuando crees que tu negocio es el mejor del mercado y decides no mirar las tendencias que dicen lo contrario. Luego llega la competencia con una oferta innovadora y… sorpresa, te quedaste atrás.

Otro clásico es el exceso de confianza, el «esto me lo sé de memoria, no necesito analizarlo más». Un error común en decisiones legales y financieras, donde muchas veces se subestiman los riesgos de un contrato o se lanzan estrategias sin revisar bien sus implicaciones fiscales. Porque claro, ¿quién necesita asesorarse si lleva años en el sector? (Spoiler: todos lo necesitamos).

Para que estos sesgos no nos jueguen malas pasadas, hay trucos. Primero, rodearse de opiniones diversas. No tomes decisiones encerrado en tu burbuja, escucha a quienes pueden ofrecer una visión diferente. Segundo, consulta a expertos: abogados, contables, asesores… no son un gasto, son una inversión en decisiones más inteligentes. Y tercero, usa la tecnología a tu favor. Existen herramientas digitales que ayudan a ver datos con mayor objetividad, reduciendo la influencia de nuestras propias trampas mentales.

El mundo de los negocios no es sencillo, y menos cuando nuestra propia mente nos juega en contra. Pero reconocerlo ya es un gran paso. La clave está en cuestionarse, rodearse de buenos aliados y, sobre todo, no dejarse llevar por la intuición sin antes comprobar los hechos. Porque sí, el instinto puede ser útil… pero no es infalible.

El “making of” de la acción performativa de Greenpeace en el Museo Guggenheim de Bilbao.

La motivación y el resultado de esta acción tan especial lo conocéis y lo podéis ver con detalle en el comunicado de Greenpeace y en los videos que se han realizado, pero seguro que os gustará también conocer un poco más sobre el “making of”, sobre el diseño y la planificación de esta acción en la que además las voluntarias y activistas de Greenpeace hemos tenido la fortuna de poder participar muy activamente.

Allá por diciembre, compartía con un buen amigo los posibles contactos que teníamos para intentar lanzar un manifiesto de gentes de la cultura vasca que se posicionasen en contra del proyecto de la nueva sede del Museo Guggenheim en Urdaibai.

La casualidad (o el universo “conspirando” a nuestro favor) quiso que unos minutos después justamente nos encontrásemos en la calle con Ricardo Anton Troyas, (Ritxi para los amigos) una de las personas que habíamos mencionado y la conversación fue directa y al lío, y como suele ser habitual en él, nos aportó una visión muy interesante y diferente.

Resumiendo, su idea era que “los humanos” ya habíamos hablado mucho sobre este proyecto, pero que nadie había escuchado a los otros habitantes de Urdaibai, al visón europeo, a la garza, al águila pescadora, a la libélula o a los juncos… nadie les había dado voz y sin embargo ¡son las mayores obras de arte que hay en Urdaibai!

¡Cuánta razón! Pero, ¿cómo lo hacemos? Y ahí sale la vena de des-artistade Ritxi y nos propone que un grupo de activistas lleve al mismísimo Guggenheim esa voz y que lo hagan no con el lenguaje humano de la palabra, sino con el lenguaje de la música, del movimiento, de la imagen… que los humanos quedemos en un segundo plano y demos el protagonismo a quien realmente lo tiene en este caso.

Es una idea brillante y a la vez ambiciosa y arriesgada, en fin, la típica idea que en Greenpeace “nos pone, y rápidamente un pequeño equipo de voluntarias de Bizkaia formado por Ana, Joseba, Lorena y yo mismo, y liderados por nuestra coordinadora Lorea, nos ponemos a trabajar en ella.

Manos a la obra

Hay mil cosas que hacer y nos repartimos las tareas entre todas: explicar la idea a la “oficina” para que la respalden, fijar fecha, convocar un grupo numeroso de activistas y organizar desplazamientos y alojamientos, diseñar un atuendo que permita poner en primer plano a los habitantes de Urdaibai, pensar en un fondo musical, en un movimiento orgánico para el grupo, localizar en el museo el mejor sitio para hacerlo, prever la intervención del personal de seguridad del museo, analizar riesgos legales, etc, etc.

Fijamos la fecha del 2 de febrero, día internacional de defensa de los Humedales, y tras descartar varias ideas como que las activistas porten un gorro, o una diadema, o la cara pintada, decidimos que será práctico y quedará muy bien que cada activista lleve una camiseta con una ilustración de uno de los habitantes de Urdaibai y un antifaz para ocular el rostro humano. Las ilustradoras I. Chapuis y Julia Rouaux serán las encargadas de diseñar 10 camisetas diferentes con este motivo, y las voluntarias de Bizkaia se ocuparán de adquirir y tunear los antifaces con los colores, formas y trazos diseñados por las ilustradoras.

Para la parte de movimiento que hará el grupo, contamos con el gran apoyo de Begoña Juaristi, experta en desarrollo psico-corporal, quien además nos aportará la idea de contar con el músico Pello Ramírez y su fantástico tema instrumental “Urazalean (que significa  “en la superficie del agua”) como el tema que acompañará la acción.

La convocatoria a voluntarias y activistas es todo un éxito y junto a Ana, Lorena, Unai, Andoni, Sonia, Yolanda, Joseba y Pablo de Bizkaia, participan Agustin, Miriam, Rafa, Mikel, Urbina, Mario, Ainhoa, Lorea e Iñaki de la zona norte, y Jose Luis, Christian, Pedro, Agu, Laura, Karen, Emilio y Maria del resto del estado, además de Oscar, Romain y Vero de Extinction Rebellion, y además contamos con la participación de Paz, Sonia, Pedro y Álvaro del equipo de comunicación.

Muchas más voluntarias se apuntaron a la convocatoria y aunque al final no se precisó de su participación, fue ilusionante ver a tantas personas dispuestas.

El día D

Tras una videoconferencia el sábado por la tarde para coordinarnos, el domingo a primera hora nos reunimos en el centro cívico de Atxuri, un espacio municipal autogestionado en un barrio especialmente activo de Bilbao, para repartir “roles”, meternos en la dinámica y ensayar la acción.

Tras distribuir el material y designar a las personas que portarán la pancarta y las que harán depeacekeepers” con la seguridad del Museo, y con la experta ayuda de Begoña, comenzamos a meternos en nuestros “personajes”, a tomar conciencia de lo que pensarán y sentirán ante la destrucción de su casa. Con el apoyo de nuestros pies en la tierra, de la apertura de nuestro cuerpo, de la mirada de nuestros compañeras y de los inspiradores compases de Urazalean, vamos conectando con Urdaibai, con sus moradores y con nuestras compañeras de acción, moviéndonos natural y orgánicamente, fluyendo, volando, gritando con nuestros movimientos la voz de los que necesitan ser escuchados…

A partir de ahí ya solo quedaba la parte “fácil”: perfectamente “enchufadas” a nuestro propósito como estábamos, llegó el momento en el que comenzó a sonar Urazalean en la sala 303 del Museo Guggenheim de Bilbao, y 30 activistas de Greenpeace nos despojamos de nuestros abrigos y de nuestra apariencia de simples visitantes para mostrar nuestros verdaderos rostros en ese momento, los rostros del visón, del águila pescadora, del avetoro, de los juncos, del carricerín cejudo, de la espátula, de la garza, de la libélula, de la salicornia y de la zostera.

En perfecta armonía con la música comenzamos a movernos por la sala y a gritar sin palabras “No destruyáis nuestra casa!” sin que hubiera forma de que el personal de seguridad del museo pudiese detenernos a pesar de sus esfuerzos iniciales, desistiendo finalmente y permitiendo, como no podía ser de otro modo, que la voz de los habitantes de Urdaibai resonara con toda su fuerza en el corazón mismo del Museo.

El resto es fácil de imaginar, el desalojo por parte de la Ertzaintza (incluidos sus comentarios de “complicidad” con nuestra causa), la celebración posterior, la difusión en medios y redes, y la vuelta de cada cual a su casa y a su normalidad… por ahora.

La Inteligencia Emocional en la redacción de contratos: más allá de la letra pequeña.

Un contrato no es solo un conjunto de cláusulas y términos legales; es también un reflejo de la relación entre las partes que lo firman. En el mundo jurídico, solemos centrarnos en la precisión técnica y en la minimización de riesgos, pero rara vez se pone el foco en un factor clave para el éxito de cualquier acuerdo: la inteligencia emocional. Incorporar empatía y una comunicación clara en la redacción de contratos puede marcar la diferencia entre una relación comercial fluida y un conflicto latente.

El primer punto en el que la inteligencia emocional cobra relevancia es en la fase de negociación. Un contrato bien construido no debe ser visto como un mecanismo de imposición de condiciones, sino como un puente de entendimiento entre las partes. Comprender las motivaciones y preocupaciones del otro facilita el diseño de cláusulas equitativas que refuercen la confianza y minimicen malentendidos futuros. Esto no significa ceder en puntos clave, sino asegurarse de que el documento refleje una visión justa y equilibrada de los intereses en juego.

Otro aspecto fundamental es la claridad en la redacción. Muchas disputas contractuales no surgen por mala fe, sino por ambigüedades o tecnicismos que dejan espacio a interpretaciones divergentes. Usar un lenguaje accesible, estructurar bien la información y prever escenarios comunes con soluciones bien definidas reduce significativamente el riesgo de conflictos. La inteligencia emocional en este contexto implica anticiparse a las posibles preocupaciones de la otra parte y abordarlas de forma explícita en el contrato.

Además, la empatía es clave en la redacción de cláusulas sobre resolución de disputas. Un contrato rígido que solo contemple mecanismos judiciales como vía de solución puede generar tensiones innecesarias. Incluir opciones como la mediación o el arbitraje facilita que las partes resuelvan diferencias de manera menos adversarial, preservando la relación comercial a largo plazo.

Finalmente, un contrato redactado con inteligencia emocional no solo protege intereses, sino que también fortalece la reputación de quienes lo firman. Empresas y profesionales que priorizan la transparencia y la equidad en sus acuerdos generan confianza en sus socios, clientes y colaboradores, sentando las bases para relaciones comerciales más sólidas y sostenibles.

Impuestos en las PYMEs: Lo que realmente pagas (y lo que solo recaudas)

IVA, retenciones, cotizaciones, sociedades… a pesar de que una PYME convive diariamente con todas estas cuestiones, muchos autónomos y pequeños empresarios realmente desconocen cada concepto, o lo consideran tan complejo que se quedan simplemente con la idea de que «nos crujen a impuestos». Tratemos de profundizar un poco más y de descubrir qué hay detrás de cada uno de ellos.

El IVA es un impuesto que no pagan las empresas, solo lo pagan los consumidores finales. Como autónomo o pequeño empresario tú no pagas IVA, solo lo recaudas. En cada venta que haces, le añades el IVA que el cliente debe pagar a hacienda, guardas ese dinero y cada tres meses, se lo entregas a Hacienda. Para más facilidad, como tú habrás pagado algún IVA también, de lo que debes entregar a Hacienda, restas lo que tú has pagado de IVA (porque ya se lo entregará a Hacienda quien te hizo la factura).

Cuando a final de un trimestre decimos que «me toca pagar de IVA nosecuanto», en realidad no es cierto que lo estemos pagando nosotros como autónomos o empresarios, sino que se lo hemos cobrado al cliente final en nombre de Hacienda, y ahora solo se lo estamos transfiriendo a su cuenta.

Al ritmo que va la tecnología, no me extrañaría que en unos años, del pago del cliente, ya acabe directamente lo que corresponde al IVA en las cuentas de Hacienda, sin pasar por la cuenta del autónomo o de la empresa.

Las famosas Retenciones, normalmente tampoco son un impuesto que paga la empresa. Si son retenciones en la nómina de los empleados, en realidad son la parte de la nómina que en lugar de pagársela directamente, se la descontamos y se la entregamos a cuenta a Hacienda, hasta que el año siguiente el trabajador haga «la declaración de la renta» y si se le ha retenido más de lo que le correspondía, «le saldrá a devolver» y si se le ha retenido menos, «le saldrá a pagar». Aunque es obvio, algo que muchas personas desconocen es que Hacienda nunca, nunca, nunca te va a «devolver» más de lo que tú previamente has ingresado de manera anticipada a través de las retenciones.

También puede ser que se estén practicando retenciones al arrendador de un inmueble que tenemos alquilado. De nuevo, lo que estamos haciendo es restar una parte del alquiler para ingresarlo en nombre del propietario en Hacienda, pero no es un impuesto que paga el autónomo o la empresa.

Por último en el capitulo de las retenciones, si soy un trabajador autónomo es posible que quiera hacer pagos a cuenta de la futura liquidación del impuesto de la renta, que este sí será el impuesto que abonaré por el rendimiento que tenga en mi actividad. Si por el contrario soy una empresa, entonces tendré una nómina (aunque esté cotizando como autónomo societario) y también tendré que ingresar las retenciones a cuenta de mi impuesto de la renta personal, como si fuera un trabajador más de la empresa.

En cuanto a las Cotizaciones a la Seguridad Social, verdaderamente no son un impuesto, si no que funcionan más bien como una especie de «seguro» (de hecho está muy acuñado el término de «estar asegurado» para referirse a alguien que está de alta y cotizando en la seguridad social).

Es importante entender que nuestro sistema de Seguridad Social no es de capitalización, sino que afortunadamente es de reparto, es decir, mis aportaciones de hoy pagan las prestaciones de hoy de otras personas. En este sentido funcionan como los seguros: las primas que se abonan hoy, pagan los siniestros de hoy. Si fuera de capitalización, recibiría solo hasta lo que he puesto (más los intereses generados, si es que los ha habido). Todos los sistemas de capitalización del mundo o han quebrado, o tienen rentabilidades tan bajas que las futuras pensiones son absolutamente ridículas (que se lo digan a nuestros compañeros abogados que se acogieron a la cotización a la mutua de la abogacía cuando se convirtió al sistema de capitalización).

En definitiva, realmente el impuesto que tendremos que pagar por nuestra actividad, será únicamente el de la Renta (en el apartado de rendimientos de actividades económicas) si somos un trabajador autónomo, o el Impuesto de Sociedades si somos una empresa. Y frente a lo que sucede con el pago de impuestos de un trabajador, que paga por sus ingresos, la actividad económica (tanto la del autónomo como la de la empresa) paga por sus ingresos menos sus gastos, es decir por su rentabilidad, lo cual es una diferencia muy sustancial.