El “making of” de la acción performativa de Greenpeace en el Museo Guggenheim de Bilbao.

La motivación y el resultado de esta acción tan especial lo conocéis y lo podéis ver con detalle en el comunicado de Greenpeace y en los videos que se han realizado, pero seguro que os gustará también conocer un poco más sobre el “making of”, sobre el diseño y la planificación de esta acción en la que además las voluntarias y activistas de Greenpeace hemos tenido la fortuna de poder participar muy activamente.

Allá por diciembre, compartía con un buen amigo los posibles contactos que teníamos para intentar lanzar un manifiesto de gentes de la cultura vasca que se posicionasen en contra del proyecto de la nueva sede del Museo Guggenheim en Urdaibai.

La casualidad (o el universo “conspirando” a nuestro favor) quiso que unos minutos después justamente nos encontrásemos en la calle con Ricardo Anton Troyas, (Ritxi para los amigos) una de las personas que habíamos mencionado y la conversación fue directa y al lío, y como suele ser habitual en él, nos aportó una visión muy interesante y diferente.

Resumiendo, su idea era que “los humanos” ya habíamos hablado mucho sobre este proyecto, pero que nadie había escuchado a los otros habitantes de Urdaibai, al visón europeo, a la garza, al águila pescadora, a la libélula o a los juncos… nadie les había dado voz y sin embargo ¡son las mayores obras de arte que hay en Urdaibai!

¡Cuánta razón! Pero, ¿cómo lo hacemos? Y ahí sale la vena de des-artistade Ritxi y nos propone que un grupo de activistas lleve al mismísimo Guggenheim esa voz y que lo hagan no con el lenguaje humano de la palabra, sino con el lenguaje de la música, del movimiento, de la imagen… que los humanos quedemos en un segundo plano y demos el protagonismo a quien realmente lo tiene en este caso.

Es una idea brillante y a la vez ambiciosa y arriesgada, en fin, la típica idea que en Greenpeace “nos pone, y rápidamente un pequeño equipo de voluntarias de Bizkaia formado por Ana, Joseba, Lorena y yo mismo, y liderados por nuestra coordinadora Lorea, nos ponemos a trabajar en ella.

Manos a la obra

Hay mil cosas que hacer y nos repartimos las tareas entre todas: explicar la idea a la “oficina” para que la respalden, fijar fecha, convocar un grupo numeroso de activistas y organizar desplazamientos y alojamientos, diseñar un atuendo que permita poner en primer plano a los habitantes de Urdaibai, pensar en un fondo musical, en un movimiento orgánico para el grupo, localizar en el museo el mejor sitio para hacerlo, prever la intervención del personal de seguridad del museo, analizar riesgos legales, etc, etc.

Fijamos la fecha del 2 de febrero, día internacional de defensa de los Humedales, y tras descartar varias ideas como que las activistas porten un gorro, o una diadema, o la cara pintada, decidimos que será práctico y quedará muy bien que cada activista lleve una camiseta con una ilustración de uno de los habitantes de Urdaibai y un antifaz para ocular el rostro humano. Las ilustradoras I. Chapuis y Julia Rouaux serán las encargadas de diseñar 10 camisetas diferentes con este motivo, y las voluntarias de Bizkaia se ocuparán de adquirir y tunear los antifaces con los colores, formas y trazos diseñados por las ilustradoras.

Para la parte de movimiento que hará el grupo, contamos con el gran apoyo de Begoña Juaristi, experta en desarrollo psico-corporal, quien además nos aportará la idea de contar con el músico Pello Ramírez y su fantástico tema instrumental “Urazalean (que significa  “en la superficie del agua”) como el tema que acompañará la acción.

La convocatoria a voluntarias y activistas es todo un éxito y junto a Ana, Lorena, Unai, Andoni, Sonia, Yolanda, Joseba y Pablo de Bizkaia, participan Agustin, Miriam, Rafa, Mikel, Urbina, Mario, Ainhoa, Lorea e Iñaki de la zona norte, y Jose Luis, Christian, Pedro, Agu, Laura, Karen, Emilio y Maria del resto del estado, además de Oscar, Romain y Vero de Extinction Rebellion, y además contamos con la participación de Paz, Sonia, Pedro y Álvaro del equipo de comunicación.

Muchas más voluntarias se apuntaron a la convocatoria y aunque al final no se precisó de su participación, fue ilusionante ver a tantas personas dispuestas.

El día D

Tras una videoconferencia el sábado por la tarde para coordinarnos, el domingo a primera hora nos reunimos en el centro cívico de Atxuri, un espacio municipal autogestionado en un barrio especialmente activo de Bilbao, para repartir “roles”, meternos en la dinámica y ensayar la acción.

Tras distribuir el material y designar a las personas que portarán la pancarta y las que harán depeacekeepers” con la seguridad del Museo, y con la experta ayuda de Begoña, comenzamos a meternos en nuestros “personajes”, a tomar conciencia de lo que pensarán y sentirán ante la destrucción de su casa. Con el apoyo de nuestros pies en la tierra, de la apertura de nuestro cuerpo, de la mirada de nuestros compañeras y de los inspiradores compases de Urazalean, vamos conectando con Urdaibai, con sus moradores y con nuestras compañeras de acción, moviéndonos natural y orgánicamente, fluyendo, volando, gritando con nuestros movimientos la voz de los que necesitan ser escuchados…

A partir de ahí ya solo quedaba la parte “fácil”: perfectamente “enchufadas” a nuestro propósito como estábamos, llegó el momento en el que comenzó a sonar Urazalean en la sala 303 del Museo Guggenheim de Bilbao, y 30 activistas de Greenpeace nos despojamos de nuestros abrigos y de nuestra apariencia de simples visitantes para mostrar nuestros verdaderos rostros en ese momento, los rostros del visón, del águila pescadora, del avetoro, de los juncos, del carricerín cejudo, de la espátula, de la garza, de la libélula, de la salicornia y de la zostera.

En perfecta armonía con la música comenzamos a movernos por la sala y a gritar sin palabras “No destruyáis nuestra casa!” sin que hubiera forma de que el personal de seguridad del museo pudiese detenernos a pesar de sus esfuerzos iniciales, desistiendo finalmente y permitiendo, como no podía ser de otro modo, que la voz de los habitantes de Urdaibai resonara con toda su fuerza en el corazón mismo del Museo.

El resto es fácil de imaginar, el desalojo por parte de la Ertzaintza (incluidos sus comentarios de “complicidad” con nuestra causa), la celebración posterior, la difusión en medios y redes, y la vuelta de cada cual a su casa y a su normalidad… por ahora.

La Inteligencia Emocional en la redacción de contratos: más allá de la letra pequeña.

Un contrato no es solo un conjunto de cláusulas y términos legales; es también un reflejo de la relación entre las partes que lo firman. En el mundo jurídico, solemos centrarnos en la precisión técnica y en la minimización de riesgos, pero rara vez se pone el foco en un factor clave para el éxito de cualquier acuerdo: la inteligencia emocional. Incorporar empatía y una comunicación clara en la redacción de contratos puede marcar la diferencia entre una relación comercial fluida y un conflicto latente.

El primer punto en el que la inteligencia emocional cobra relevancia es en la fase de negociación. Un contrato bien construido no debe ser visto como un mecanismo de imposición de condiciones, sino como un puente de entendimiento entre las partes. Comprender las motivaciones y preocupaciones del otro facilita el diseño de cláusulas equitativas que refuercen la confianza y minimicen malentendidos futuros. Esto no significa ceder en puntos clave, sino asegurarse de que el documento refleje una visión justa y equilibrada de los intereses en juego.

Otro aspecto fundamental es la claridad en la redacción. Muchas disputas contractuales no surgen por mala fe, sino por ambigüedades o tecnicismos que dejan espacio a interpretaciones divergentes. Usar un lenguaje accesible, estructurar bien la información y prever escenarios comunes con soluciones bien definidas reduce significativamente el riesgo de conflictos. La inteligencia emocional en este contexto implica anticiparse a las posibles preocupaciones de la otra parte y abordarlas de forma explícita en el contrato.

Además, la empatía es clave en la redacción de cláusulas sobre resolución de disputas. Un contrato rígido que solo contemple mecanismos judiciales como vía de solución puede generar tensiones innecesarias. Incluir opciones como la mediación o el arbitraje facilita que las partes resuelvan diferencias de manera menos adversarial, preservando la relación comercial a largo plazo.

Finalmente, un contrato redactado con inteligencia emocional no solo protege intereses, sino que también fortalece la reputación de quienes lo firman. Empresas y profesionales que priorizan la transparencia y la equidad en sus acuerdos generan confianza en sus socios, clientes y colaboradores, sentando las bases para relaciones comerciales más sólidas y sostenibles.

Impuestos en las PYMEs: Lo que realmente pagas (y lo que solo recaudas)

IVA, retenciones, cotizaciones, sociedades… a pesar de que una PYME convive diariamente con todas estas cuestiones, muchos autónomos y pequeños empresarios realmente desconocen cada concepto, o lo consideran tan complejo que se quedan simplemente con la idea de que «nos crujen a impuestos». Tratemos de profundizar un poco más y de descubrir qué hay detrás de cada uno de ellos.

El IVA es un impuesto que no pagan las empresas, solo lo pagan los consumidores finales. Como autónomo o pequeño empresario tú no pagas IVA, solo lo recaudas. En cada venta que haces, le añades el IVA que el cliente debe pagar a hacienda, guardas ese dinero y cada tres meses, se lo entregas a Hacienda. Para más facilidad, como tú habrás pagado algún IVA también, de lo que debes entregar a Hacienda, restas lo que tú has pagado de IVA (porque ya se lo entregará a Hacienda quien te hizo la factura).

Cuando a final de un trimestre decimos que «me toca pagar de IVA nosecuanto», en realidad no es cierto que lo estemos pagando nosotros como autónomos o empresarios, sino que se lo hemos cobrado al cliente final en nombre de Hacienda, y ahora solo se lo estamos transfiriendo a su cuenta.

Al ritmo que va la tecnología, no me extrañaría que en unos años, del pago del cliente, ya acabe directamente lo que corresponde al IVA en las cuentas de Hacienda, sin pasar por la cuenta del autónomo o de la empresa.

Las famosas Retenciones, normalmente tampoco son un impuesto que paga la empresa. Si son retenciones en la nómina de los empleados, en realidad son la parte de la nómina que en lugar de pagársela directamente, se la descontamos y se la entregamos a cuenta a Hacienda, hasta que el año siguiente el trabajador haga «la declaración de la renta» y si se le ha retenido más de lo que le correspondía, «le saldrá a devolver» y si se le ha retenido menos, «le saldrá a pagar». Aunque es obvio, algo que muchas personas desconocen es que Hacienda nunca, nunca, nunca te va a «devolver» más de lo que tú previamente has ingresado de manera anticipada a través de las retenciones.

También puede ser que se estén practicando retenciones al arrendador de un inmueble que tenemos alquilado. De nuevo, lo que estamos haciendo es restar una parte del alquiler para ingresarlo en nombre del propietario en Hacienda, pero no es un impuesto que paga el autónomo o la empresa.

Por último en el capitulo de las retenciones, si soy un trabajador autónomo es posible que quiera hacer pagos a cuenta de la futura liquidación del impuesto de la renta, que este sí será el impuesto que abonaré por el rendimiento que tenga en mi actividad. Si por el contrario soy una empresa, entonces tendré una nómina (aunque esté cotizando como autónomo societario) y también tendré que ingresar las retenciones a cuenta de mi impuesto de la renta personal, como si fuera un trabajador más de la empresa.

En cuanto a las Cotizaciones a la Seguridad Social, verdaderamente no son un impuesto, si no que funcionan más bien como una especie de «seguro» (de hecho está muy acuñado el término de «estar asegurado» para referirse a alguien que está de alta y cotizando en la seguridad social).

Es importante entender que nuestro sistema de Seguridad Social no es de capitalización, sino que afortunadamente es de reparto, es decir, mis aportaciones de hoy pagan las prestaciones de hoy de otras personas. En este sentido funcionan como los seguros: las primas que se abonan hoy, pagan los siniestros de hoy. Si fuera de capitalización, recibiría solo hasta lo que he puesto (más los intereses generados, si es que los ha habido). Todos los sistemas de capitalización del mundo o han quebrado, o tienen rentabilidades tan bajas que las futuras pensiones son absolutamente ridículas (que se lo digan a nuestros compañeros abogados que se acogieron a la cotización a la mutua de la abogacía cuando se convirtió al sistema de capitalización).

En definitiva, realmente el impuesto que tendremos que pagar por nuestra actividad, será únicamente el de la Renta (en el apartado de rendimientos de actividades económicas) si somos un trabajador autónomo, o el Impuesto de Sociedades si somos una empresa. Y frente a lo que sucede con el pago de impuestos de un trabajador, que paga por sus ingresos, la actividad económica (tanto la del autónomo como la de la empresa) paga por sus ingresos menos sus gastos, es decir por su rentabilidad, lo cual es una diferencia muy sustancial.

Feminismo y Ecologismo navegando juntos-

Este 8 de marzo no es un simple recordatorio de que las mujeres existen o de que les “toca” una mención especial; es una oportunidad para levantar la voz con todas nuestras fuerzas y decir que la defensa de la vida en el planeta no puede seguir ignorando la perspectiva, la lucha y el coraje de tantas compañeras que han peleado antes que nosotros. No podemos permitirnos pasar por alto que, en plena emergencia climática, la desigualdad golpea más duro a las mujeres y a las niñas de las comunidades más vulnerables. Por eso escribo con la convicción de que solo la pasión y la acción directa pueden sacudir las conciencias y hacernos avanzar hacia un mundo más justo.

La historia de Greenpeace está plagada de nombres masculinos que, aunque hicieron aportes valiosos, nunca habrían logrado nada sin la entrega de mujeres que, desde el principio, se la jugaron el todo por el todo. En los años setenta, cuando comenzábamos como el “Don’t Make a Wave Committee” para frenar las pruebas nucleares en Amchitka, había activistas que rompían con todos los moldes. Dorothy Stowe, cofundadora de la organización, puso su fibra pacifista y su visión de justicia social al servicio de la causa. Junto a su esposo Irving, sí, pero no fue él quien lideró siempre. Dorothy estaba ahí, impulsando, debatiendo, arriesgando su pellejo en una época donde muchas creían que el rol de las mujeres debía ser más bien pasivo.

Marie Bohlen dio un golpe en la mesa de los “bienpensantes” cuando propuso navegar directamente hasta la zona de pruebas nucleares para denunciar el crimen que se estaba cometiendo contra el planeta. ¿Te imaginas el valor de esa decisión? Estamos hablando de los años setenta, de lanzarse al mar con un puñado de gente a bordo de un barco precario, intentando nada menos que detener un ensayo nuclear. Sin la tenacidad de Marie, sin su mirada audaz y sin su obstinación, esa aventura, que fue el arranque de Greenpeace, jamás habría ocurrido. Y ahí tenemos también a Dorothy Metcalfe, esa mujer que se ocupó de la logística y los detalles que nadie quería atender, pero que sin ellos no se puede salir a protestar ni a la vuelta de la esquina. Fueron su trabajo silenciado y su empeño los que posibilitaron cada acción directa. A veces nos venden la historia de que “hubo grandes hombres y sus ayudantes”, pero lo cierto es que, sin esas mujeres, Greenpeace no habría llegado ni a zarpar.

Hoy, que el mundo parece desmoronarse ante la emergencia climática y social, estas historias femeninas no son simples anécdotas. Son una inyección de rabia transformada en energía, de coraje traducido en acción. Duele ver cómo, en pleno siglo XXI, hay quienes siguen minimizando la crisis ambiental y, al mismo tiempo, invisibilizan o menosprecian el papel de las mujeres en la defensa de la Tierra. Pero esa misma rabia es el combustible que nos tiene que empujar a actuar. Desde nuestro activismo, no podemos permitirnos posturas tibias. Debemos reconocer que la devastación ambiental está ligada a la explotación de los pueblos y, de manera devastadora, a la opresión de las mujeres. Y también debemos entender que el liderazgo de las mujeres en la lucha contra el cambio climático no es un “detalle adicional”, sino la punta de lanza que puede cambiar el rumbo de este desastre.

Las experiencias de Dorothy Stowe, Marie Bohlen, Dorothy Metcalfe y tantas otras demostraron que la acción colectiva puede contra gigantes, y que el liderazgo femenino no solo es justo, sino absolutamente necesario. Nos enseñan a no quedarnos quietos, a no callar, a sacudir la modorra que nos imponen los discursos vacíos y la corrección política. Somos muchas las personas que hoy seguimos inspirándonos en esas pioneras; no necesitamos permiso ni aprobación para tomar un megáfono, subirnos a un barco o encadenarnos a una refinería. Lo que necesitamos es que cada vez más voces se unan a esta lucha que lo abarca todo: la vida, la dignidad, la igualdad y la biodiversidad. Este 8 de marzo, que no sea solo una fecha simbólica, sino el recordatorio de que sin la participación activa de las mujeres no hay futuro posible y de que no podemos permitir que la Tierra, ni las mujeres que la habitan, sigan siendo ignoradas o silenciadas.

Ojo con las llamadas de las empresas de formación.

En los últimos tiempos ha proliferado un fenómeno preocupante: algunas empresas de formación se escudan en la supuesta obligatoriedad legal de ciertos cursos para presionar y, a veces, engañar a las PYMEs. Bajo amenazas de multas inminentes o de perder la bonificación disponible a través de programas oficiales, estos proveedores se aprovechan del desconocimiento de los empresarios para vender formaciones que, en muchos casos, ni siquiera responden a necesidades reales o no son exigidas por ley.

El problema se agrava cuando estas tácticas incluyen llamadas telefónicas donde, sin ofrecer la información necesaria por escrito y con un discurso de urgencia, se induce a la contratación de cursos sin un consentimiento plenamente consciente. Se trata de una práctica que roza el fraude y que, sin lugar a dudas, resulta muy poco ética. Esta situación genera desconfianza en el mercado y afecta a las numerosas empresas de formación que sí trabajan con profesionalidad, transparencia y rigor para ofrecer un servicio realmente útil.

La confusión de quienes reciben este tipo de propuestas nace, en parte, de la desinformación sobre las verdaderas obligaciones en materia de formación. Muchas PYMEs, por miedo a posibles sanciones o a perder la ayuda económica disponible, terminan firmando contratos sin haber comparado ofertas o verificado la legalidad de esos supuestos requerimientos.

Una empresa de menos de 50 trabajadores, independientemente del sector de actividad, ha de disponer del correspondiente plan de prevención de riesgos laborales, así como de un protocolo de prevención de la violencia sexual y otro protocolo de desconexión digital. Según la actividad, puede necesitar también un protocolo de protección de datos, o de prevención del blanqueo de capitales, o cursos específicos como los de manipulación de alimentos, alergias o prevención de legionella.

En los protocolos mencionados, se indica normalmente algunas medidas de formación, pero para empresas de menos de 50 trabajadores no hay unos cursos obligatorios sin cuya realización la empresa pueda ser sancionada administrativamente.

Así que, si una empresa de formación te llama para avisarte de que o haces con ellos urgentísimamente un curso de nosequé, que te va a salir gratis, o te arriesgas a un multazo, mejor llama primero a tu asesoría o a tu empresa de formación de confianza y te ahorraras tiempo, dinero y problemas.

Despedir no es un derecho empresarial.

Los autónomos y las pequeñas empresas suelen tener muchas dificultades a la hora de gestionar los aspectos legales de las contrataciones laborales. Esto se debe por un lado a que se trata de cuestiones que requieren un conocimiento especializado y por otro lado a que tienen que hacer uso de dicho conocimiento de manera muy esporádica, por lo que cada situación se acaba convirtiendo de nuevo en «la primera vez».

En nuestro despacho vemos cada día multitud de estas situaciones y una de las más habituales es que se quiere despedir a un trabajador, bien porque no hay sintonía con él, porque ha hecho algunas cosas que no han gustado a su empleador, o porque el negocio está pasando por una mala racha, etc.

Lo cierto es que legalmente no existe un derecho del empleador a despedir de manera genérica, ni siquiera «pagando» como a veces se nos plantea.

Los tipos de despido:

De manera muy simplificada, podemos decir que solo existen dos tipos de despidos: los disciplinarios y los objetivos. En ambos casos se requiere la existencia de unas causas preestablecidas, no solo la voluntad del empleador de querer despedir, y también hay que cumplir unas formalidades.

El despido disciplinario implica que el trabajador ha cometido alguna, o algunas faltas de suficiente gravedad como para que su empleador lo pueda sancionar con un despido. No requiere preaviso, ni conlleva indemnización, pero sí es necesario notificarlo por escrito.

En este caso el despido es una sanción, y por lo tanto debe de haberse producido una falta que o bien en el Estatuto de los Trabajadores o en el convenio del sector, lleve aparejada dicha sanción. Y habrá que demostrar que efectivamente se ha producido dicha falta, y que se ha seguido el procedimiento de comunicación y de audiencia previa al trabajador (importante esto último según recientísima doctrina del Supremo).

El despido objetivo es aquel en el que se produce una causa admitida por el Estatuto de los Trabajadores para un despido. Básicamente se trata de causas económicas, organizativas internas, por reducción de rendimiento o por obsolescencia profesional. Aunque parecen causas en las que podría caber cualquier cosa, la realidad es que la empresa tendrá que demostrar objetivamente que efectivamente la causa existe. Este despido debe notificarse también por escrito y con un preaviso de 15 días (o abonarlos en el finiquito) y conlleva una indemnización de 20 días por año trabajado (que ha de abonarse en el momento en el que se notifica el despido).

En caso de que el trabajador no esté conforme con su despido, tendrá 20 días hábiles desde la notificación del mismo para presentar una «papeleta de conciliación» ante el SMAC del Gobierno Vasco, en la que solicitará que la empresa admita que el despido ha sido improcedente o nulo. En caso de no haber acuerdo, el trabajador tendrá disponible la vía jurisdiccional.

La calificación del despido:

El despido, ya sea disciplinario u objetivo, puede ser finalmente declarado por el tribunal como procedente, en cuyo caso queda como se realizó, o como improcedente, en cuyo caso la empresa elige entre abonar al trabajador una indemnización de 33 días por año trabajado (si ya abonó los 20 días del despido objetivo, añadiría 13) o reincorporar al trabajador a su puesto, abonando los salarios desde la fecha del despido hasta la reincorporación.

Si el despido se declara nulo porque además de ser improcedente, se ha producido una vulneración de derecho fundamentales (la causa real del despido se demuestra que es por raza, religión, género, por haber reclamado derecho laborales, por estar de baja o de reducción de jornada por crianza, etc) será el trabajador quien podrá elegir entre la indemnización antes mencionada más los «salarios de tramitación» (es decir, el sueldo desde el despido hasta la resolución judicial), o la reincorporación y el abono de dichos salarios.

Dejamos para otro momento cuestiones importantes también como las indemnizaciones complementarias que están imponiendo algunos juzgados, la no superación del periodo de prueba, o el «auto despido» en determinadas circunstancias.

¿Puede el Derecho cambiar el rumbo de la crisis climática?

Hace apenas unas semanas concluí el Máster Internacional de Derecho Ambiental en la Universidad del País Vasco, un proceso lleno de aprendizajes que me ha permitido profundizar en una de las áreas más urgentes y apasionantes de nuestro tiempo: la defensa legal del planeta. El tema de mi trabajo de fin de máster ha sido el análisis de los litigios climáticos que están teniendo lugar en distintos puntos del mundo y la posibilidad de plantear en España un litigio contra las principales empresas emisoras de CO₂. ¿Por qué? Porque considero que quienes ejercemos el Derecho tenemos la responsabilidad —y la oportunidad— de convertir nuestro conocimiento en una herramienta de transformación.

En la última década, hemos sido testigos de más de 1.800 litigios climáticos alrededor del planeta, según datos del Sabin Center for Climate Change Law. Algunos de ellos, como el caso “Urgenda” en los Países Bajos o la histórica demanda de las «klimaseniorinnenn» suizas, han marcado precedentes jurídicos y abierto la puerta a un cambio global. En España ha sido recientemente admitida a trámite por el Tribunal Constitucional la primera demanda de este tipo contra el Estado. Estos litigios no solo pretenden obligar a los Estados a reducir sus emisiones, sino que también mandan un mensaje inequívoco a las grandes corporaciones: la inacción ante la crisis climática puede derivar en responsabilidades legales concretas.

Mi investigación se centró en explorar si algo similar podría llevarse a cabo directamente frente a las empresas principales responsables de las emisiones de CO₂ España, que se concentran en sectores como la producción de energía, la industria automovilística o la construcción. Aunque ya existen avances en materia regulatoria —como la Ley de Cambio Climático y Transición Energética—, el enfoque desde la perspectiva del litigio ciudadano o colectivo todavía está en una fase incipiente. Sin embargo, esta vía presenta interesantes posibilidades. Por un lado, la legislación española y europea cuenta con principios de precaución y protección ambiental que podrían emplearse de forma más activa. Por otro, el contexto internacional nos ofrece referentes que señalan cómo el movimiento ciudadano y organizaciones ecologistas pueden exigir a compañías contaminantes y gobiernos que cumplan con sus compromisos.

A lo largo del máster, he entendido que el reto medioambiental no es solo tarea de científicos, activistas o gobernantes. Se trata de un problema transversal que involucra a todos los sectores profesionales. Como abogado y consultor, veo enormes oportunidades para que otros colegas, desde su práctica jurídica, exploren este campo en expansión. No se trata de forzar batallas legales sin fundamento, sino de encontrar estrategias que aprovechen los cauces normativos y los precedentes internacionales para promover cambios efectivos. Iniciar un litigio climático no es un fin en sí mismo, sino un medio para concienciar, impulsar políticas más responsables y, en última instancia, proteger la vida en el planeta.

La experiencia de preparar un análisis jurídico tan especializado me ha reafirmado en la idea de que cada uno de nosotros puede convertirse en un activista climático también desde su profesión. En mi caso, utilizar el Derecho para exigir transparencia, responsabilidad y, sobre todo, acción. En el tuyo, quizá sea desarrollar proyectos más sostenibles, promover una cultura empresarial de menor huella ambiental o diseñar productos con un ciclo de vida más respetuoso con la naturaleza. Lo importante es no subestimar nuestro potencial de incidencia.

Me encantaría leer tus opiniones y experiencias: ¿estás pensando en iniciar algún proyecto? ¿Has experimentado barreras legales para poner en marcha iniciativas de sostenibilidad en tu empresa? Comparte tu perspectiva en los comentarios y, si este contenido te ha parecido interesante, no dudes en difundirlo. Entre todos, podemos generar el cambio que el planeta necesita. ¡Te animo a sumarte!

Autónomo, SL, Cooperativa… ¿Cuál es la elección correcta?

Si estás pensando en abrir un pequeño negocio o iniciar una actividad profesional, una de las primeras dudas que tendrás será bajo qué forma jurídica desarrollarla.

Aunque cada caso es diferente y conviene hacer un análisis específico, hay algunas cuestiones generales que te pueden orientar para tener algunas primeras nociones básicas:

Como trabajador autónomo:

Es una manera muy adecuada si vas a desarrollar una actividad profesional individual, o si no tienes previsto tener otros socios en tu negocio, ni vas a necesitar de mucha financiación bancaria ni de mucho personal contratado.

Podrás comenzar a operar muy rápidamente, prácticamente de un día para otro ya que son muy pocos los trámites para ello: alta en el RETA de la Seguridad Social, declaración censal en Hacienda (036) y las licencias que requiera tu negocio.

La carga administrativa no es muy grande ya que solo hay que hacer las declaraciones fiscales de IVA e IRPF, por lo que te podrás encargar directamente, o mejor, dejarlo en manos de una asesoría profesional que te cobrará una cantidad muy pequeña y así te liberarás para hacer crecer tu negocio, que es lo que verdaderamente te interesa.

Los principales inconvenientes de esta fórmula son dos: por un lado que no hay separación entre tu patrimonio y el de tu actividad, por lo que si requieres endeudarte, responderás con todo tu patrimonio presente y futuro. Y por otro lado, al tributar a través del Impuesto de la Renta, si tu rendimiento es de cierto importe (depende de los casos, pero a partir de 50k o 60k anuales) la carga fiscal que tendrás será más alta que con otras figuras societarias.

Como Sociedad de Responsabilidad Limitada (la más sencilla, la SL):

La SL es muy adecuada para pequeños negocios con varios socios, de los cuales, algunos solo aportan inversión, pero no van a trabajar en dicho negocio. También es muy interesante aunque sea un único socio, pero la actividad va a requerir de cierto volumen de financiación bancaria o hay algún riesgo importante de endeudamiento, o cuando va a ser necesario contar con un cierto número de personal contratado.

Las grandes ventajas es que hay una separación del patrimonio de los socios y el de la empresa, de manera que (en principio) los socios solo arriesgan el capital aportado, y en caso de que la empresa no salga como estaba previsto, es más fácil de cerrar sin afecciones personales.

Además, en determinados entornos y sectores, operar con una SL da una imagen de mayor solidez y profesionalidad.

El coste de arranque es un poco más alto y la tramitación es un poco más larga, pero se puede empezar a operar en unos 10 días: se solicita el nombre al registro mercantil, se abre una cuenta bancaria, se deposita el capital (3.000€ mínimo), se constituye la sociedad ante notario y se registra, tras lo cual se procede a las altas en Seguridad Social y en Hacienda, y ya se puede iniciar la actividad.

La gestión administrativa de la sociedad es un poco más compleja ya que hay que llevar obligatoriamente los libros contables y eso te va a requerir contar con una asesoría especializada, pero los honorarios hoy en día son muy asequibles para cualquier negocio.

Como Cooperativa:

Dentro de los tipos de sociedades que se pueden utilizar, la cooperativa es especialmente interesante cuando queremos desarrollar un negocio en el que todos los participantes van a ser trabajadores, y a futuro no queremos que haya personal empleado, sino que queremos que todos sean igualmente socios.

La Cooperativa tiene todas las ventajas de la SL y además implica una gestión democrática y transparente de la empresa. Además tiene algunos beneficios fiscales en el Impuesto de Sociedades.

La tramitación es similar a la de una SL, aunque en este caso hacen falta un mínimo de 2 personas socias (en Euskadi) y se tramitan en el Registro de Cooperativas, que no está aún tan digitalizado como el Mercantil, por lo que los procedimientos son un poco más lentos.

Que tu negocio no deje de respirar!

Para tu empresa los beneficios son como para ti el comer, necesarios, pero podrías sobrevivir sin comer varias semanas. Sin embargo la tesorería, la «santa caja» es para tu empresa como para ti el respirar, en dos o tres minutos estás muerto si no entra aire a tus pulmones.

Desde mi experiencia, la inmensa mayoría de las quiebras de pymes no se deben a que no sean rentables, sino a falta de control en su flujo de tesorería.

¿Por qué sucede esto? Normalmente los pequeños negocios y los autónomos, nos dejamos guiar solo por el “dinero que hay en el banco”, sin prever los gastos estacionales o imprevistos, como los pagos trimestrales de impuestos o las pagas extraordinarias al personal.

Veamos algunos consejos prácticos para que tu empresa continúe «respirando» sin sobresaltos.

No te confíes en el saldo bancario: el primer gran error —y el más frecuente— es tomar decisiones basándose únicamente en lo que aparece en la cuenta del banco. Un saldo abultado hoy puede desaparecer rápidamente mañana. Por ejemplo, en negocios estacionales (turismo, eventos, agricultura, etc.), los ingresos pueden ser muy altos en ciertos meses, pero también hay temporadas “valle” con ingresos mucho más bajos. Si solo nos fijamos en la cifra que vemos en línea, corremos el riesgo de sentirnos falsamente seguros y comprometer gastos que después no podremos afrontar.

Haz un pronóstico de tesorería realista: preparar un pronóstico de tesorería no es solo para grandes corporaciones. Las pequeñas empresas también se benefician enormemente de una proyección mensual (o incluso semanal) de sus ingresos y gastos. Incluye todo lo que razonablemente esperes que entre y salga: ventas futuras, gastos fijos, pagos a proveedores, impuestos periódicos y posibles contingencias. Esto no tiene por qué ser un cálculo complejo ni requerir software costoso; una hoja de cálculo sencilla puede bastar. También puedes encargar a tu asesoría que te prepare uno. Lo importante es que lo revises con frecuencia y lo ajustes según la realidad de tus operaciones.

Ten en cuenta la estacionalidad Algunos sectores sufren oscilaciones considerables a lo largo del año. Por ejemplo, un negocio de hostelería puede facturar el doble durante la temporada alta de verano, mientras que en invierno apenas cubre gastos. Identifica cuáles son tus picos y valles de ingresos, y no “quemes” toda tu liquidez en los meses buenos. Reservar una parte de los ingresos para cubrir meses de menor actividad resulta esencial para evitar sobresaltos.

Planifica los pagos de impuestos y nóminas: es fácil olvidarse de que, trimestralmente, llegará la cita con Hacienda. Entre el IVA, el IRPF y otros impuestos, el desembolso puede llegar a ser significativo. Igualmente, los empleados pueden tener derecho a pagas extra o ajustes salariales que, si no se contemplan en el flujo de tesorería, pueden poner en aprietos a la empresa. Para evitar sustos, integra estos pagos en tu pronóstico y, si es necesario, crea una cuenta separada para ir reservando fondos que se destinarán exclusivamente a cubrir estas obligaciones.

Negocia con proveedores y busca descuentos: aunque pueda sonar obvio, muchas veces no aprovechamos el potencial de una buena negociación con proveedores. Ajustar plazos de pago o negociar descuentos por pronto pago puede suponer un alivio significativo en la tesorería. Además, desarrollar relaciones sólidas con quienes te suministran productos o servicios te da un margen de maniobra en caso de tener que posponer algún desembolso, evitando así caer en un bache financiero.

Crea un “colchón” de seguridad: como abogado, he visto infinidad de veces cómo un imprevisto (una máquina averiada, un cliente que retrasa pagos, un cambio regulatorio) descarrila completamente las finanzas de un pequeño negocio. Contar con un fondo de emergencia —un porcentaje de los ingresos reservado cada mes— puede marcar la diferencia entre capear el temporal o verte obligado a buscar financiación rápida y costosa.

Revisa y ajusta periódicamente: el mercado cambia, la competencia se mueve y nuestros objetivos evolucionan. Por eso, revisa tu flujo de caja y tu pronóstico cada cierto tiempo. Ajusta cualquier desviación que detectes y actúa en consecuencia. La constancia en la revisión y la flexibilidad en las decisiones son clave en la gestión financiera de las pymes.

En conclusión, el verdadero secreto para llevar un control eficaz de la tesorería es ser proactivo y no dejarse engañar por la aparente comodidad de un saldo bancario. Si planificas, anticipas gastos ineludibles y creas un pequeño colchón, podrás tomar decisiones con serenidad, incluso en tiempos de incertidumbre.

¿Cuáles son los «trucos» que utilizas tú para no llevarte sustos con la tesorería?

El papel de los ultrarricos en la crisis climática: ¿Mad Max o Elysium?

En los últimos años, hemos visto cómo huracanes más intensos, temperaturas récord y sequías prolongadas pasan de ser noticias esporádicas a sucesos que se repiten con alarmante frecuencia. Pero lo que a menudo se oculta tras estas catástrofes es un factor clave: la huella de carbono desproporcionada que generamos quienes vivimos en el llamado «primer mundo», y de manera muy especial los ultrarricos. ¿Por qué sucede esto y qué podemos hacer al respecto? La clave para enfrentar el cambio climático pasa, necesariamente, por replantearnos la desigualdad global.

Diversos estudios señalan que la riqueza extrema acarrea también un consumo de recursos extremos. Un informe de Oxfam concluyó que el 1% más rico de la población mundial emite más del doble de dióxido de carbono que el 50% más pobre. Pensemos en yates, jets privados, mansiones climatizadas y una vida llena de lujos que consumen cantidades obscenas de energía y todo tipo de recursos. Cuando multiplicamos ese nivel de gasto por el volumen de las personas con mayor poder adquisitivo, el impacto medioambiental se dispara.

En contraste, la gran mayoría de la población mundial lucha por cubrir necesidades básicas y salir de la pobreza. Estas comunidades, aunque consumen muy poco en términos de energía y materias primas, son las que más sufren las consecuencias del cambio climático: sequías que arruinan sus cultivos, aumento del nivel del mar que inunda sus aldeas costeras o cambios drásticos en los patrones climáticos que afectan sus fuentes de alimento. Ante este panorama, es innegable la necesidad de actuar con urgencia.

Si somos honestos, sabemos perfectamente que es absolutamente imposible que toda la población mundial alcance el nivel de vida que tenemos en el primer mundo, lo cual implica que seguir como estamos solo conduce a dos caminos posibles: o al colapso climático del planeta y con él de toda la humanidad, o a la bunkerización del primer mundo y el mantenimiento por la fuerza del resto de la población en la miseria, el hambre y la enfermedad.

Por este camino solo vamos hacia Mad Max o hacia Elysium, y ninguno de los dos parecen sitios en los que te gustaría vivir si no eres parte del 1% de ultrarricos.

Pero hay otros caminos. La realidad es que podemos vivir mucho mejor con mucho menos, porque realmente no necesitamos irnos de vacaciones a los confines del mundo cada fin de semana, ni cambiar cada seis meses nuestros dispositivos digitales, ni renovar nuestro armario cada quince días, ni comer productos exóticos todos los días del año. Si lo pensamos un segundo, todas estas cosas en realidad son las que necesitan los ultrarricos para seguir siéndolo, y por el camino nos llevan al desastre.

No necesitamos todas esas cosas que nos están matando, y sin embargo necesitamos muchas otras que nos harían vivir mucho mejor: necesitamos reconectar con la naturaleza y con la tierra, necesitamos compañía, amistades y cuidados, necesitamos tiempo, necesitamos vivir más despacio, poder cuidarnos, necesitamos más comunidad y menos individualismo.

Y no podemos esperar a un cambio global planetario, tenemos que empezar ya, cada cual en nuestra casa, en nuestra empresa, en nuestro barrio y en nuestro pueblo. Individual y colectivamente. Tenemos que armar nuevas alianzas sociales, tenemos que contar la verdad y exigir a la política que aborde la situación. Tenemos que construir redes, alianzas, complicidades y comunidades.

Yo no se tú, pero yo no voy a quedarme esperando a ver si al final me llevan a Mad Max o a Elysium.