¿Valen para algo los planes estratégicos?

«Todo el mundo tiene un plan hasta que le metes la primera hostia» decía el gran filósofo Mike Tyson.

Siempre me ha gustado esta frase porque expresa de una manera sencilla y gráfica lo que sucede en el mundo real con los planes, que la vida se ocupa muchas veces de ponerlos en su sitio, es decir, en la papelera.

¿Significa eso que es mejor no tener ningún plan y estar simplemente «a verlas venir»? Yo creo que no, y lo que hacemos en nuestro despacho con las empresas que nos encargan ayudarles con su estrategia es trabajarla de una manera que la máxima de nuestro amigo Mike les afecte lo menos posible, es decir, mediante una Estrategia Adaptativa.

Esta manera de diseñar la estrategia se parece mucho a organizar un viaje.

Lo primero que hacemos es pensar en la necesidad, o la oportunidad de realizar el viaje, el «para qué», tomando referencia del momento en el que estamos, los medios que tenemos, etc.

Lo siguiente es definir el punto de llegada y los hitos intermedios si los hubiera, así como de manera lo más simplificada posible, los medios que usaremos para llegar a nuestro destino. En esta parte no somos partidarios de definir más que lo imprescindible, en lugar de tratar desde el primer momento de disponer ya con exactitud de los billetes, con sus horarios, asientos y todos los detalles del viaje, ya que todo esto es mejor hacerlo más adelante.

Estableceremos también quién, como y cuando se cerraran los detalles necesarios para la ejecución efectiva del viaje, así como la manera en la que revisaremos periódicamente si estamos yendo hacia donde queríamos y como queríamos.

Y por último, identificaremos la manera en la que prestaremos atención a nuestro alrededor mientras viajamos, para no despistarnos de nuestra meta, pero tampoco perdernos lo que esté sucediendo que pueda ser interesante o peligroso.

Un Plan Estratégico de estas características debiera ocupar entre 4 y 12 páginas como máximo, y será una herramienta de trabajo diario en nuestra empresa que iremos modificando y adaptando constantemente.

¿En tu empresa tenéis definida explícitamente la estrategia o está en la cabeza de alguien?

¿Por qué ser activista climático?

Como humanidad enfrentamos innumerables desafíos y crisis de todo tipo. Lo llevamos haciendo desde que tomamos consciencia de nuestra identidad, no es algo nuevo.

Pero en estos momentos enfrentamos un triple desafío, cuya combinación proyecta un futuro inquietante a nivel global como nunca antes en nuestra historia ya que lo que está en juego es ni más ni menos que la propia existencia de la sociedad humana tal y como la conocemos en los últimos diez mil años.

En primer lugar una crisis de biodiversidad pavorosa que ya se denomina por la comunidad científica como la sexta extinción masiva. No hace falta que me extienda mucho en las consecuencias inimaginables que tiene esta primera crisis en nuestro futuro inmediato.

En segundo lugar una crisis climática provocada por la pesadilla del crecimiento ilimitado de nuestras economías. En 2024 hemos superado ya el límite del acuerdo de París de incremento medio de la temperatura del planeta de 1.5º. Miles de científicos están ya en rebelión cívica luchando en todo el mundo para que se escuche sus advertencias y se tomen medidas urgentes y decididas para descarbonizar nuestras sociedades.

Por ultimo, nos encontramos sumidos en una crisis energética sin precedentes fruto de haber sobrepasado el denominado “peak oil”, es decir, el punto máximo de extracción de petróleo y en consecuencia, el punto máximo de producción posible de todos sus derivados, imprescindibles para sostener nuestro actual “estilo de vida”. En especial la escasez de diesel, auténtico motor de la economía, ya ha paralizado varios países y amenaza seriamente las economías globales del mundo entero.

La conjunción de estas tres crisis pone en riesgo lo más básico que necesitamos para sobrevivir como sociedad, y no es ya ni el crecimiento económico, ni la competitividad, ni la innovación, ni siquiera el empleo. Lo que está en riesgo a corto plazo es el suministro de alimentos, de agua, de energía, de materiales básicos, etc.

Imagino que ahora mismo algunos estáis imaginándome como al típico loco subido a una caja gritando que viene el fin del mundo. Confieso que yo a veces me siento un poco así, pero alguien tan poco sospechoso de lanzar mensajes alocadamente catastrofistas como es el Secretario General de la ONU, el Sr. Antonio Guterres dijo recientemente que tenemos que elegir ya «entre la acción colectiva o el suicidio colectivo”.

Yo hace un tiempo ya pasé las diferentes fases del «duelo climático»: la negación (esto no puede estar pasando), la ira (está pasando y hay que ajusticiar a los culpables), la negociación (esto lo arreglará la tecnología), la depresión (esto ya no tiene arreglo) y por fin la aceptación, que no la sumisión. La aceptación que significa hacerme cargo de la situación y ponerme manos a la obra en lo que yo puedo hacer.

¿Por qué fase andas tú?

La IA en los despachos y la paradoja de Jevons

¿Cómo nos afectará la IA en los despachos, asesorías y consultorías, y cómo nos preparamos para ello? No es nada fácil anticipar lo que está por venir en este campo, aunque desde mi modesta perspectiva creo que podemos aprender alguna cosa de otros cambios de similar calibre que hemos tenido en el pasado.

Creo que el más comparable ha sido la utilización masiva de Internet. Para los que ya tenemos unas décadas de trabajo a nuestras espaldas, aún está vivo el recuerdo de cómo eran las cosas antes de internet, antes de que su uso estuviera tan generalizado.

Internet nos trajo una brutal reducción de tiempos en búsqueda de información, en tramitaciones, en comunicación con clientes y resto de agentes, en almacenamiento de documentación, etc, etc. Gracias a Internet pudimos hacer nuestro trabajo muchísimo más rápido, muchísimo más fácil y en consecuencia muchísimo más barato.

En definitiva, pudimos mejorar nuestra eficiencia de manera muy significativa, lo cual paradójicamente (o no tanto) supuso un incremento de trabajo. Es la ya conocida en economía, como paradoja de Jevons que, según la Wikipedia, «se refiere a la situación en la que el progreso técnico o las políticas del Estado conducen a un aumento en la eficiencia con la que se utiliza un factor de producción, reduciendo la cantidad que se requiere de este. Sin embargo, la caída de los precios del mismo promueve su demanda, por lo que aumenta su uso en lugar de reducirse.»

Un ejemplo sencillo: hoy en día la mayoría de los trámites que debe realizar con Hacienda, Seguridad Social y demás instituciones un trabajador autónomo, los podría realizar por sí mismo ya que están accesibles vía Internet con un simple certificado digital. Sin embargo los despachos gestionamos infinitamente a más autónomos que antes de Internet porque lo que tienen que pagar es tan poco que no les compensa en absoluto «perder» el tiempo haciéndolo ellos mismos.

Por otro lado, la demanda de servicios de la Administración, y la velocidad de prestación de los mismos, también se ha incrementado ya que ahora se pueden hacer cosas que hace años eran impensables (como enviar facturas en tiempo real), lo cual de nuevo no hace sino incrementar nuestro trabajo.

Pienso que con la IA va a pasar esto mismo con total seguridad. Quizá tenga otros efectos también que ahora no vislumbramos, pero que va a suponer un salto brutal de eficiencia, y que eso va a provocar un incremento del uso de nuestros servicios, lo tengo clarísimo.

Creo que en unos años vamos a ver cómo se reducen radicalmente por ejemplo los tiempos y costos de la atención al público. Podremos tener sistemas muy baratos de atención 24/7 y eso nos ampliará significativamente la actividad.

Otro ámbito en el que intuyo un salto cuántico de eficiencia es en la elaboración, personalización y revisión de contratos y demás documentación, así como en el cotejo de información y datos, su sistematización, almacenaje y recuperación.

¿Qué otros ámbitos crees que van a verse impactados significativamente por la IA?

Un socio es para toda la vida.

Una de las cosas que más hacemos en el despacho es crear nuevas empresas, fundamentalmente pymes de dos o tres personas socias.

Especialmente en los momentos iniciales, cuando están aún desarrollando su idea y les ayudamos con su plan de negocio, con las previsiones económico financieras y en general con todos los trámites que necesitan para ponerse en marcha, también procuramos guiarles un poco en cuanto a cómo habrá de ser su relación como socias.

De vez en cuando hay quienes consideran adecuado establecer un pacto de socios, algo que siempre recomendamos, pero lo habitual es que se «lancen» a su sociedad con una mezcla de buena voluntad e inconsciencia a partes iguales.

Y siempre tratamos de hacerles conscientes de que asociarse en una sociedad limitada y hacerlo «a partes iguales» (que suele ser lo más habitual) implica unas consecuencias muy relevantes para el futuro. Como solemos decirles, es más fácil que puedas disolver un matrimonio con el que ya no estás conforme, que una SL en la que participes al 50%.

Obviamente la confianza, la sintonía, el conocimiento mutuo, la complementariedad de aportaciones a la actividad, son todas cuestiones básicas para embarcarse en una aventura empresarial con otras personas.

Y junto a ellas, un pacto de socios sencillo, con una serie de clausulas consensuadas entre las cuales no pueden faltar las de transmisión de participaciones, así como las consabidas clausulas de arrastre, de acompañamiento y de desbloqueo, entre otras, es una herramienta sencilla y poco costosa, que puede evitar un buen puñado de quebraderos de cabeza en el futuro.

¿Tenéis un pacto de socios en vuestra empresa? Si es así, qué interesante sería poder conocer vuestra experiencia y si habéis tenido que utilizarlo en alguna ocasión, y si le habéis visto la utilidad o no.

+1,6º

Es lo que ha variado la temperatura media del planeta en 2024, respecto a la media de la época preindustrial.

A primera vista no parece una cifra muy alarmante, hasta que caes en la cuenta de que la temperatura media del planeta era de 13,5º. Es decir, un incremento de 1,6 grados equivale a si un humano, cuya temperatura media normal es de 36º, tuviera 40,2º… una auténtica barbaridad.

Las previsiones más optimistas hablan de que al ritmo actual alcanzaremos seguro los +2,5º (los 42,7º humanos) y los más pesimistas hablan de unos aterradores +3,5º (45,4º humanos).

Lo que no mata, engorda.

Es un dicho popular, que al menos en mi casa mi abuela lo decía mucho cuando quería expresar que prácticamente todo en esta vida se puede aprovechar para bien (mi abuela era de la mentalidad de la guerra y la posguerra, de cuando estar gordo era una bendición).

El otro día en el despacho, un pequeño empresario lamentaba amargamente una mala decisión sobre una contratación de una persona, que no había salido ni de lejos como esperaba.

Tras un rato de desahogo, derivamos la conversación hacia lo que podía aprender para futuras contrataciones que sin duda tendrá que hacer, y cómo cambiar algunas de sus prácticas en esta materia. Entre las conclusiones, revisar mejor las referencias y hacer seguimiento más de cerca al principio, en definitiva utilizar adecuadamente el periodo de prueba para eso, para probar a la persona y descubrir su potencial.

La idea fue llevar la conversación a un terreno productivo: ya que la situación no tiene vuelta atrás, al menos, saquémosle provecho aprendiendo de ella.

Uno de mis últimos aprendizajes de esta manera fue con un cliente al que después de hacerle un trabajo me quedé sin cobrarle los honorarios. A veces, por confianza, o por ese estúpido pudor que algunos tenemos para hablar de dinero, nos cuesta cerrar este capítulo antes de realizar los trabajos y luego esto puede dar problemas. Mi aprendizaje en este caso fue que, por mucho que me cueste, siempre, siempre, siempre, el presupuesto aceptado por delante.

¿Qué ha sido lo último que has aprendido así, por las malas?

La Gestión del Cliente y Opiniones Difíciles

Afortunadamente no me pasa mucho pera a veces algún cliente del despacho expresa opiniones estilo «cuñao», para entendernos rápido. Algo del estilo de «claro, aquí los autónomos pagando impuestos a tope y a «estos» que vienen les dan la sopa boba». Los temas pueden ser variados, la igualdad, el gobierno, los impuestos, las bajas, las leyes, en fin…
La cuestión es que siempre me quedo con la duda de cómo reaccionar en estos casos. A veces trato de entablar una conversación honesta sobre el tema, pero me da la sensación de que el cliente no quiere eso, sino solo «quejarse» y que alguien le escuche.
Otras veces no digo nada, pero me quedo yo con la sensación incómoda de haber dejado pensar al cliente que comparto su opinión.
En alguna ocasión me he enfrentado abiertamente, perdiendo la discusión y al cliente.
Últimamente estoy optando por no seguir la conversación a la vez que hago patente con lenguaje no verbal mi incomodidad con sus opiniones.
¿Habéis tenido alguna vez alguna situación de este tipo? ¿Cómo la habéis afrontado?

Refugio Digital: El Renacer de los Blogs en la Era de las Redes Sociales

Publiqué mi primer post en este blog en mayo del 2006, y desde entonces he tenido múltiples idas y venidas, pero por algún motivo siempre acabo de vuelta aquí.

Casi 20 años después lo retomo por penúltima vez (nunca será la última, estoy seguro) con la intención de publicar sobre cuestiones profesionales y personales.

Recuerdo haber publicado en algún momento que los blogs habían muerto a manos de las redes sociales. Y en parte es cierto, pero quizá tengan una nueva vida como otras tecnologías que abandonamos por otras supuestamente mejores y que acabamos descubriendo que no lo eran tanto.

Hoy las redes en general son una invención cuya única utilidad real es engordar los ya de por sí obscenos patrimonios de sus accionistas, a costa de la salud mental y emocional de cientos de millones de personas, a costa de la expansión de lo peor de la humanidad (el racismo, el machismo, la homofobia, la aporofobia, el fascismo, etc.), y a costa de la propagación de la mentira a escala planetaria.

Personalmente hace casi 10 años que cerré mi cuenta en Facebook, y afortunadamente nunca conseguí engancharme a Instagram. Tengo cuenta en Youtube pero no publico, y TikTok me lo instalo algún finde un rato como pasatiempo.

La red social donde más tiempo y dedicación he invertido, con diferencia, ha sido en Twitter. Pasé de no entenderla inicialmente y pronosticar que sería un bluf, a enamorarme y defender contra viento y marea sus bondades, como eran la posibilidad de conectar personas, de compartir conocimiento y experiencia, la facilidad de uso, la inmediatez, la capacidad de armar redes comunitarias, etc.

Pero en algún momento, no se identificar bien cuándo, todo se empezó a torcer. Y no, no fue con la llegada de Musk, sino antes. Cada vez había más bots, más publicidad. El scroll infinito te enganchaba de una manera brutal. El algoritmo te sugería cosas que en realidad no te interesaban, o incluso te molestaban (luego descubrimos que esa era precisamente la idea, cabrearnos porque cuando estamos enfadados twiteamos más).

La llegada de Musk y la conversión en X no hizo sino explotar al máximo lo que se venía probando antes, hasta conseguir convertirla en una fosa séptica repleta de bots, fascistas, buleros y mierdinfluencers criptobros.

Hace como un año o por ahí que hice una copia de seguridad de mi cuenta, y con mucho pesar y también alivio, la borré completamente. En mi opinión, si desaparecieran mañana todas las redes sociales no perderíamos absolutamente nada, muy al contrario.

En todo caso este año he decidido dar una oportunidad a LinkedIn, una red en la que estoy desde el principio pero que nunca me ha gustado especialmente (me parecía, y me sigue pareciendo un caos y un lío de utilizar) pero en la que al menos se que estoy hablando con personas reales, a las que conozco en su mayoría, y con las que puedo mantener una conversación normal y provechosa.

Así que aprovecharé y publicaré también aquí lo que publique en Linkedin, y quien sabe si al final no volveremos al origen y nos quedaremos solo en el blog, el refugio digital.

66 post después

Hoy es el último jueves del año 2021

El 6 de marzo me comprometí conmigo mismo a escribir aquí dos post semanales y me siento contento y orgulloso de haber cumplido mi compromiso.

Han sido 66 post sobre autoconocimiento, desarrollo personal y estoicismo que me han servido como herramienta de reflexión y me han permitido evolucionar personalmente en un año bastante complicado.

Echo la vista atrás y siento el profundo avance que he conseguido en este tiempo, gracias en parte al compromiso de escribir en este blog.

Escribir aquí me ha «obligado» a reflexionar, a leer, a conversar, a escuchar, a preguntar y a responder, a sincerarme conmigo mismo y con otras personas, a revisarme, a perdonarme, a darme nuevas oportunidades…

Fruto de todo ello me conozco mejor, me quiero más, he adquiridos hábitos y comportamientos diferentes, he moderado algunos de mis defectos y he potenciado algunas de mis virtudes, he tomado con serenidad y valentía decisiones importantes para mi vida… en definitiva he trabajado duro para mi crecimiento y desarrollo interior, lo cual, como a mi querido Epicteto, es algo que he descubierto que me hace especialmente feliz.

Mientras que una persona disfruta mejorar su granja y otra su caballo, yo disfruto mejorarme a mí mismo a diario.

Epicteto

Además de lo anterior, estos 66 post han tenido a lo largo del año una media de 150 lecturas. Me emociona pensar que quizá a algunas personas estas reflexiones le hayan servido para hacer las suyas propias. Si así ha sido, me siento doblemente feliz.

También siento un profundo agradecimiento por todos vuestros comentarios tanto de quienes los habéis hecho en este blog como de quienes me los habéis trasladado directamente porque conversar era uno de los objetivos del blog.

Este será el último post de esta etapa. En 2022 seguiré escribiendo mi diario, pero no seguiré publicando aquí. Lo he meditado mucho estos días y creo que mi evolución requiere otras cosas.

Os deseo lo mejor.

Os deseo sabiduría, serenidad y coraje.

Mientras vivas, sigue aprendiendo a vivir.

Séneca

Preparando el próximo año

Acaba el año y esta manera de contar el tiempo (como periodos que empiezan y terminan, en lugar de como un continuo) nos da la oportunidad de pararnos un poco, revisar el camino recorrido el año anterior y mirar hacia el siguiente preparando la ruta que seguiremos.

Esta es una dinámica muy buena y positiva ya que nos permite asegurarnos de que vamos en la dirección que queremos y corregir el rumbo si es necesario, en lugar de simplemente dejarnos llevar por la vida.

Para no caer en la trampa de esos «buenos propósitos» que realmente nunca cumplimos, y hacer un ejercicio de revisión y reflexión que verdaderamente nos sea útil, es importante hacer algunas cosas.

Tómate un poco de tiempo tranquilo contigo mismo para revisar lo sucedido en el año que acaba, lo que has aprendido, evolucionado, etc. Hacerlo con un cuaderno y un boli a mano te puede venir muy bien.

En otro rato de tranquilidad siente qué te gustaría hacer el año próximo en el corto plazo, es decir, qué te gustaría hacer que tenga resultado dentro del propio año. Y luego piensa a más largo plazo, a varios años, y siente en qué te gustaría sembrar este año para cosechar en los siguientes. Aquí seguramente no podrás concretar mucho pero no importa aún.

Con lo anterior en mente (o mejor en tu cuaderno o diario), piensa en qué ámbitos de tu vida quieres evolucionar más concretamente este nuevo año. Puede ser en tu vida profesional, en tu vida familiar, en tu vida interior, en tu economía, en tus relaciones, en tus aprendizajes… pueden ser varios de ellos en los que quieras trabajar este año.

En cada uno de los ámbitos identifica lo que te gustaría hacer y si es en el corto plazo o en el largo plazo. Ese «hacer» puede consistir en varias cosas: puede ser adquirir un nuevo hábito, aprender o descubrir algo nuevo, dejar de hacer algo que no te está haciendo bien, etc.

Siente la energía que te genera leer lo que te propones hacer. Reúne tus fortalezas, recuerda las cosas que te propusiste antes y lograste (las que no, no importan), imagina cómo te sentirás cuando hayas logrado tus metas.

Por último, de cada cosa que vayas a hacer, apunta cual será el primer paso que vas a dar para conseguirlo. Podría ser algo así:

Ejemplo

A partir de ahí, si lo vas revisando de vez en cuando, apuntando los siguientes pasos, y reajustando, podrás ver la evolución y los avances que vas consiguiendo.