Redistribuir la riqueza vs generarla de manera distribuida

IMG_1369Hace unos días en una conversación con @gespiau y @paulrios estuvimos charlando sobre una cuestión que pienso que merece una entrada en el blog.

A estas alturas parece que hasta los grandes defensores del sistema capitalista liberal son conscientes de que este tiende hacia la desigualdad social de una manera exponencial y que es precisamente dicha desigualdad la mayor amenaza del propio sistema. Por ello se hace necesario introducir elementos de contrapeso y corrección que permitan aprovechar las ventajas que ofrece el sistema capitalista, pero sin caer en su version autodestructiva.

El principal sistema de corrección ha sido históricamente el estado de bienestar, sostenido en el concepto de la redistribución de la riqueza vía sistema impositivo. Es decir, una vez generada la riqueza, se introducen unas reglas para quitarle una parte a los que ganan mucho para darselo vía prestaciones sociales, pensiones, etc, a los que ganan menos.

Hasta la caida del muro de Berlín, había una especie de contrato social aceptado por todas las partes y que sostenía este sistema. Desaparecido el peligro socialista, se empieza a resquebrajar dicho consenso social y quienes más ganan consideran que ya no es necesario hacer el “esfuerzo” redistributivo y comienza de manera masiva la elusión fiscal, el desmontaje del sistema de protección social y las privatizaciones. Un proceso que ha venido creciendo de manera exponencial hasta nuestros días, y que ha llevado a unos niveles de desigualdad social desconocidos desde hace mucho tiempo.

Hay paises y regiones en los que esos niveles de desigualdad han crecido pero no de manera tan alarmante, entre ellos Euskadi. ¿Por qué? No tengo la respuesta, pero ¿podría ser que existieran una serie de particularidades en el caso vasco relacionadas con una forma más distribuida de generar la riqueza en origen? Y si así fuera, ¿se podrían identificar dichas particularidades y replicar en otros lugares para intentar revertir la tendencia?

LA FOTO ES DE LA MAQUETA DEL BALLENERO SAN JUAN, EXPUESTA EN EL MUSEO ALBAOLA (VISITA MUY RECOMENDABLE). TENEMOS MUCHO QUE DESCUBRIR Y QUE APRENDER DE LA HISTORIA DE LA INDUSTRIA BALLENERA VASCA DEL SIGLO XVI

La política y el amor.

Viendo los resultados electorales de las últimas elecciones autonómicas vascas y las reacciones de los diferentes partidos ante los mismos creo que se confirma de manera clarísima una tendencia que viene de lejos y que ya no se puede obviar en los análisis políticos: la primacía de la política emocional sobre la política racional.

En el marketing comercial hace muchísimo tiempo que se ha evolucionado en esta dirección y las marcas ya no venden “racionalmente”, es decir, exponiendo las características y ventajas de su producto frente a la competencia, sino que venden “emocionalmente”, es decir por el sentimiento, la emoción, los valores que quien compra experimenta al comprar el producto.

Desde el mítico anuncio de BMW en el que por primera vez una marca de coches no enseñaba el coche en su publicidad, sino la “emoción” de conducirlo, hasta el último anuncio de Coca-Cola, maestra en estas lides, vemos la clarísima tendencia en esta dirección.

En política pasa exactamente lo mismo y hace mucho que ya no vale con tener un programa, unas ideas y unos candidatos que las representen. La única manera de triunfar es generar algún tipo de emoción positiva en el electorado, y no tanto convencer en el sentido racional del término.

Yo creo que los partidos se equivocan cuando analizan los resultados electorales racionalmente, porque en realidad el acto de votar es cada vez más un acto puramente emocional, que tiene poco que ver con el raciocinio y es muy similar al enamoramiento.

Cada fuerza política y su electorado se comportan como una pareja de enamorados… se aman, se odian, se necesitan, no pueden vivir uno sin el otro, a veces se hartan y cambian de pareja y otras el desencanto les hace alejarse y acabar solos y desengañados.

El sorprendente y clamoroso triunfo de Obama se debe al profundo enamoramiento que su persona ha producido en su electorado potencial, más allá de lo que racionalmente se pudiera pensar sobre su figura, su trayectoria, sus ideas y sus propuestas.

Para mi está muy claro, el triunfo de una organización política pasa hoy por enamorar a su electorado para lo cual es imprescindible identificar con claridad a quién te diriges, qué es lo que le enamora, lo que le “pone” a esas personas a las que pretendes embelesar y qué es lo que odian, lo que no soportan, lo que te puede llevar al “divorcio”.

Una fuerza política que no ha entendido en absoluto esto es Ezker Batua. Es doloroso ver la terrible frustración de mis excompañeros del Departamento de Vivienda que se han dejado la piel haciendo una magnífica gestión que no ha servido absolutamente para nada a nivel de respaldo social. Pero esto es como si yo soy un magnífico cocinero y me frustra que la persona a la que amo no me corresponde a pesar de lo buen cocinero que soy y me pregunto  con amargura “¿cómo es posible que no me quiera con los platos tan exquisitos que le preparo y con lo que yo veo que le gustan?”. Pues claro, porque el amor es otra cosa y ser buen cocinero no digo que no pueda ayudar, pero desde luego no es lo determinante.

Por más vueltas que se le de a la situación no hay explicación racional al resultado de Ezker Batua (no lo hay al resultado de ninguno de los partidos, pero dejad que me centre en el que más me importa) Pero es que las explicaciones no hay que buscarlas por ahí, sino por el lado emocional.

¿Sabe Ezker Batua quién es su electorado potencial? ¿Sabe Ezker Batua lo que le enamora a ese electorado? ¿Sabe Ezker Batua lo qué odia ese electorado? ¿Ha actuado en algún momento Ezker Batua buscando ese enamoramiento de su electorado?

Insisto, no desde el punto de vista racional de los programas y las ideas, sino del puramente emocional de los gestos, los detalles, las imágenes, las caras, las percepciones, los sentimientos…

Yo creo que no, yo creo que el famoso lema anguitista de “programa, programa, programa” que tanto hemos (yo el primero) esgrimido, nos deja fuera de la realidad porque queremos que las personas decidan su voto después de analizar profundamente todos los programas, compararlos, ver los pros y los contras, la trayectoria de cada cual, y finalmente tome una decisión racional. Nada más lejos de la realidad. Votar o no votar y a quién votar es una decisión que la inmensa mayoría de las personas toma con las tripas, con el corazón, no con la cabeza y en consecuencia hay que ganarse el corazón de la gente o de lo contrario no hay nada que hacer.

Desde mi modesta opinión, la organización política que no entienda esto tiene un futuro más que difícil, y ejemplos los hay a montones y muy recientes.